Angel "Java" Lopez en Blog

Junio del 2006


Publicado el 30 de Junio, 2006, 20:18


Quisiera comentar brevemente, para no olvidarlo, y tomarlo como base para futuras reflexiones, algunos párrafos de Edward Teller, de su libro "En búsqueda de la simplicidad". Se refieren a la fusión del hombre y la máquina, hacia el final del capítulo IV, "La simplicidad y el proceso mental":

"... Mi afirmación de que un hombre y una máquina pensante operando de forma conjunta en mejores que cualquiera de los dos por separado ha quedado demostrada en relación con el teorema de los cuatro colores..."

Se refiere a la demostración obtenida, creo que en los pasados setenta, de un famoso teorema matemático. En la demostración, se tuvo que explorar una conjunto grande de posibles soluciones, utilizando un programa de computación.

"... de este modo, la combinación hombre-máquina hizo posible un progreso en la matemática..."

Temo que desde entonces, no se ha dado un caso similar. Pero creo que la computación cada vez se usa más en matemáticas. El uso de software como Mathematica, del bueno de S. Wolfram, ha posibilitado hasta una cierta "matemática experimental", donde los estudiantes  plantean conjeturas que el sistema ayuda a explorar. Pero ahora viene lo que me interesa:

"Creo que lo que hace la máquina es lo opuesto a la deshumanización: nos permite desembarazarnos de la rutina, nos obliga a concentrarnos en las cosas que ella no puede hacer - y siempre habrá un gran número de tareas de este tipo -.. Algunos de los progresos que he examinado en este capítulo no se producirán durante mi propia vida. Tal vez no ocurran incluso durante la vida de mis lectores más jóvenes. Pero es probable que la combinación hombre-máquina transforme el pensamiento humano en algo mucho más intrincado, mucho más interesante e incomparablemente más profundo de lo que ha encontrado hasta ahora la humanidad".

Ahora, con la generalización de la computación personal (y cuando digo personal, me refiero a mi siempre presente notebook, capaz de acompañarme donde sea), y la conexión con la red de redes, el concepto de máquina ayudante del ser humano empieza a tener nuevas rutas para explorar.

Recordemos que Teller fue mala palabra en varios círculos científicos, debido a su actitud ante el macartysmo de la guerra fría. Varios de sus colegas lo acusaron de intervenir de alguna forma en el caso Oppenheimer, que expulsó a éste de sus actividades en EEUU, al ser sospechoso de actitudes críticas al sistema americano de entonces.

Algunos enlaces sobre Teller:

http://www.pbs.org/wgbh/amex/bomb/peopleevents/pandeAMEX73.html
http://www.achievement.org/autodoc/page/tel0bio-1
http://en.wikipedia.org/wiki/Edward_Teller
http://www.hoover.org/bios/teller.html

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com/

Por Angel, en: Filosofía

Publicado el 29 de Junio, 2006, 14:56


Continuamos con el resumen y comentario del artículo de Rosa Liascovich y Alicia Massarini, "Genética y Evolución", parte de la compilación "La evolución y las ciencias".

Hacia 1903, Hugo de Vries, botánico holandés, observa que en las poblaciones naturales se da, de vez en cuando, la aparición de individuos raros, que se apartan del resto de los ejemplares de una especie. Hace su aparición el concepto de mutación, variaciones bruscas e independientes del medio ambiente. Estos individuos mutantes, cultivados por de Vries, se reproducían en descendencia que mantenía la anomalía. Esto ponía de manifiesto un mecanismo para la aparición de las variaciones, a las que Darwin había apelado como uno de los dos pilares de su teoría (el otro pilar era la selección natural). Pero las mutaciones no fueron interpretadas dentro de la teoría darwiniana. En cambio, se las pensó como causa de la evolución de las especies, en vez de ser alimento de la selección. Los genetistas imaginaron que los cambios mutacionales podrían llegar a ser tan intensos como para provocar la aparición de nuevas especies. A esta escuela se la denominó mutacionismo. Al no integrarse al marco teórico del darwinismo, el mutacionismo durante treinta años fue considerado una alternativa a la evolución biológica.

Hacia la década del treinta, Richard Goldschmidt, biólogo alemán, sugirió que las grandes mutaciones, en general desventajosas, podrían generar de tanto en tanto, individuos radicalmente diferentes de sus progenitores, pero aptos. Se los denominó "monstruos prometedores", pudiendo dar origen a nuevas especies.

Mientras, los genes siguen siendo estudiados. No había sido estudiado el mecanismo que combinaba los caracteres de los progenitores. Se descubrió que los cromosomas de las células sexuales de cada individuo, aparecían en una cantidad que era la mitad de los cromosomas del resto de las células. Eso llevó, en 1902, a que el norteamericano Walter Sutton y el alemán Theodor Bovari afirmaran que los genes se localizaban en los cromosomas. Esta teoría cromosómica, al igual que el mendelismo, no se integraron en principio al darwinismo, pues se encontraron con la corriente predominante de entonces, el mutacionismo.

A principios del siglo XX, los genetistas proponían que para cada gen, existía un tipo normal o salvaje, que esta presente en la mayoría de la población. De vez en cuando, aparecía una mutación. Si el gen mutante aprovechaba mejor el ambiente, terminaba sustituyendo a la anterior versión salvaje. En aquel entonces, los genetistas trabajaban en los laboratorios, con pequeñas muestras de organismos, que eran la base de la genética experimental. Al ser pequeñas poblaciones, las mutaciones aparecían muy ocasionalmente, y se las consideraba una rareza de la naturaleza. Se veía a las poblaciones naturales como homogéneas.

Pero en los años treinta y cuarenta, los nuevos genetistas salieron al campo, para investigar directamente a la naturaleza. Con mayor cantidad de individuos para estudiar, generalmente con ejemplares de moscas del género Drosophila, vieron que no había un "ejemplar salvaje", y formas mutantes, sino que en una población los individuos son sumamente variables desde el punto de vista de su genética. No había entonces un tipo ideal para una población. Así nació la genética de poblaciones, que introdujo el concepto de población. Ya no se hace tanto énfasis en individuos sino en los sistemas de organismos. Se ve que hay un nivel de organización mayor que el individuo, y se llega más allá de considerar una población de individuos: se comienza a hablar de población de genes (concepto que tendría sus influencias hasta bien entrado el siglo XX, puedo recordar las ideas divulgadas por Richard Dawking, por ejemplo). Son los genes los que se reparten entre organismos individuales, partícipes temporarios del proceso evolutivo.

Faltaba medir de alguna forma, la diferencia entre individuos. Ahí acude la bioquímica, en ayuda de la genética, poniendo de manifiesto la diferencia de la composición de proteínas entre individuos. Justamente, las proteínas son el producto que refleja la estructura del ADN, que todavía no jugaba un papel en la teoría.

El artículo no aclara cómo en aquellos años, se demostró que la variabilidad genética es modelada por la selección natural. Se consideró que la dinámica de los genes en las poblaciones era la resultante de su interacción, de una búsqueda de equilibrio con el medio. Se mantenía al mismo tiempo, una cierta plasticidad adaptativa, que aseguraba de alguna manera la supervivencia ante algún cambio en el ambiente. A las poblaciones no les conviene que los individuos sean genéticamentes iguales, porque una población homogénea no sería eficiente en la adaptación a un ambiente heterogéneo. Si el ambiente fuera homogéneo, igualmente la población estaría en peligro, ante un posible cambio en el ambiente.

Quedó más en claro, que la selección natural, en lugar de generar individuos homogéneos, actuaba de manera distinta. En ambientes relativamente constantes, se seleccionaban las variedades más adaptadas. En cambio, en los ambientes heterogéneos o con cambios cíclicos, la selección tendía a una variante de individuos que en su mayoría pudieran sobrevivir a los cambios.

Un caso tratado como ejemplo, fue el de la población de mariposas de las afueras de Londres. Las había de coloración clara, y otras oscuras. Las claras eran más frecuentes, porque cuando se posaban en los árboles, se mimetizaban mejor contra las cortezas claras de color semejante. Cuando la revolución industrial hizo su aparición, el hollín del ambiente comenzó a oscurecer las cortezas de los árboles, y las mariposas oscuras comenzaron a ser mayoría en su población. Sin embargo, y esto es lo importante del descubrimiento, las ahora anómalas mariposas claras seguían apareciendo. El fenómeno apareció en sólo cincuenta años, entre 1850 y 1900.

Era claro que la genética de las poblaciones necesitaba un desarrollo matemático más complejo que el de la genética mendeliana. Ya en 1908, el matemático inglés Godfrey H. Hardy (supongo que será el mismo Hardy que sirvió de mentor de Ramanujan), y el matemático alemán Wilhelm Weinberg, trabajaron en deducciones matemáticas para llevar la dinámica mendeliana al ámbito de las poblaciones. Luego, en las dos décadas siguientes, los ingles Haldane y Ronald Fisher, así como el norteamericano Sewall Wright, agregaron la estadística para que del mendelismo y del darwinismo, surgiera una nueva síntesis, que se llamó síntesis evolutiva o neodarwinismo.

Ahora, algún comentario mío propio. El resurgimiento del darwinismo, al parecer, obedece no tanto a modas religiosas o de aceptación social, sino a la evolución de los propios conceptos de mendelismo y poblaciones, que permitieron darle un mejor fundamento. Hoy se ve a la teoría de la evolución como avasalladora. No fue así en sus comienzos, y por diversas razones. El propio Darwin, en sus conclusiones de su célebre "El origen de las especies...", vaticinaba la resistencia que provocaría su teoría. Fue con la genética mendeliana, y su integración con conceptos de genética de poblaciones, lo que le dió nueva vida y justificación.

Hacia los cincuenta, el neodarwinismo se consolida en un cuerpo teórico compacto y firme, apelando a la ayuda de varios campos de la biología, como la anatomía comparada, la embriología, la sistemática, la paleontología, la genética, etc. Ahí, fueron actores fundamentales el genetista ruso Theodosius Dobzhansky y el zoólogo alemán Ernest Mayr (que supo disputar tan animadamante con mi admirado Stephen Jay Gould). El núcleo de sus argumentos, era la adaptación: las variantes genéticas están por ser las más ventajosas para la selección, se produjeron por azar debido a mutaciones en el material genético, sobrevivieron a la selección natural. Había un lento proceso de cambio que producía las estructuras y funciones de los seres vivos, siendo dirigido por la selección natural, llegando a producir nuevas especies.

Curiosamente, a pesar del título "El origen de las especies...." de su libro, Darwin no llegó a plantear en él la formación de nuevas especies. Si bien afirma que la selección natural es el motor del cambio, actuando sobre las variaciones, no se explaya sobre cómo sobreviene la especiación. La nueva síntesis propone que si una población quedara aislada temporariamente del resto, por ejemplo, por una barrera geográfica, las variaciones al azar en ambas zonas, terminarían por diverger, y si la divergencia es grande, podría producir una especie nueva.

Aún Darwin, en su prólogo, no pone todas las fichas en la selección natural. Declara "... estoy convencido de que la selección natural ha sido el medio más importante, si bien no el único, de modificación". Acá, los partidarios de la síntesis, hicieron de la selección parte del núcleo duro de su postura. Toda variación surgía de una adaptación al ambiente.

Como repitiendo la anterior historia, en los sesenta, gracias nuevas técnicas bioquímicas, pusieron de manifiesto que la variabilidad dentro de una población era mayor de lo que se esperaba. Esto llevó a algunos biólogos a preguntarse sobre la razón de ser de esa mayor variabilidad. ¿Se podría explicar tanta variación en términos de adaptación? Algunos genetistas japoneses y norteamericanos propusieron que gran parte de la variabilidad servía de poco, era sólo "ruido" dentro del sistema. Creían en la selección natural, pero afirmaban que la adaptación explicaba sólo una parte de la variabilidad de los genes.

Esta escuela se conoce como neutralismo. Uno de sus exponentes es Motoo Kimura, para quien la mayoría de las variantes genéticas no producen ventaja o desventaja en el organismo. Entonces, esos genes podrían aumentar o cambiar, sin ser advertidos por el mecanismo de la selección. Es interesante esta postura: de alguna forma, esos trazos son "polizontes" de la evolución. Pero se supone que también cumplirían su función: alimentan la variabilidad necesaria para sobrevivir a cambios en el ambiente.

Es interesante mostra que la escuela de Kimura, tiene alguna evidencia para apuntalar su postura. Por ejemplo, el concepto de "reloj biológico". Tomemos el complejo de la hemoglobina. Se puede observar, en distintos individuos, que presenta cambios puntuales, que se van acumulando. El neutralismo hace notar que, al parecer, las diferencias en la proteína entre dos especies, solamente depende del tiempo que ha pasado desde que tenían un antepasado común, independiente de los cambios en sus ambientes y adaptaciones visibles. Notable deducción para una teoría tan especulativa como el neodarwinismo.

La escuela "clásica" reacciona ante esta visión. Mayr afirma: "Resulta harto improbable que un gen permanezca selectivamente neutro por tiempo indefinido".

Según el artículo, la discusión sigue abierta, y por si fuera poco, en los setenta se agrega una crítica al programa adaptacionista. Dos biólogos norteamericanos, Stephen Jay Gould y Richard Lewontin, proponen una nueva forma de ver las adaptaciones y la selección natural.

Espero poder continuar con este tema, en una tercera y última parte de este resumen comentado de tan interesante artículo, que me permitió interpretar mejor una serie casi interminable de lecturas anteriores.

Angel "Java" Lopez
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Por Angel, en: Ciencia

Publicado el 29 de Junio, 2006, 14:53

El mundo de Internet, desde hace tiempo se ha convertido en un ámbito participativo. Es un medio donde no solamente uno explora y contempla, sino que también de alguna forma puede participar. Desde la invención de las listas de correo, luego los foros, y ahora los blogs, el internauta puede escribir, además de leer, lo que es un gran cambio con respecto a lo que es la Galaxia Gutenberg. Ahora somos prosumidores de texto, no solamente consumidores lectores.

En el inicio de su libro "La perspectiva científica", Bertrand Russell advierte que la actitud científica, no es natural en el hombre. Tomemos, dice, a un experto en un campo, y  hagámoslo opinar de otro tema (lo que no constará mucho esfuerzo), y lo escucharemos enunciar y afirmar certezas, a las que llegó sin mayor crítica o razonamiento. Aquí, Russell trata de destacar lo poco natural de la "actitud científica". Yo veo un toque de alerta, como en algún capítulo de "La rebelión de las masas" de Ortega y Gasset, donde de nuevo advierte de las personas que, conociendo un tema, se largan a opinar de cualquier otro, como si lo dominaran, como si fueran expertos en el mismo.

Luego de estas advertencias, entonces, ¿podremos opinar? O todavía más personal, ¿para qué molestarme en opinar en el ciberespacio, en una lista de correo, y escribir en este blog?

Paso a dar alguna justificación, si es que hace falta. En primer lugar, opino, porque me gusta opinar. No al voleo, no al primer intento. Es delicioso pensar y meditar sobre un tema, estudiarlo, criticarlo, verlo de otra forma, compulsarlo con otras opiniones propias y ajenas, y llegar a entender algo de la realidad que está ahí afuera. Pocos gozos son tan genuinos, como la satisfacción de llegar a entender algo. Si luego opinamos, es digamos una exhudación, un complemento a la investigación y la meditación.

Luego, más que la opinión, lo interesante es la meditación. Entonces, ¿por qué opinar? Acá deberé mencionar alguna inclinación mía. Trato de opinar por escrito. Opinar en habla, es siempre trabajoso. El problema es el tiempo, la reunión física, y, en especial, las interrumpciones. En cualquier reunión de opinadores, me temo que quiero interrumpir (y muchas veces lo hago) cada opinión y aportar alguna perspectiva mía. Supongo que a varios de los otros participantes le puede ocurrir lo mismo. Al renunciar a la reunión, perdemos la compulsa inmediata. Gano en libertad de expresión.

Pero antes de Internet, la opinión escrita quedaría en un papel o archivo privado. Ahora, gracias a la red de redes, puedo publicar cualquier "pavadez" mía. Alguien podría objetar la alimentación de esta gran herramienta que es Internet, con opiniones olvidables. Pues bien, son justamente olvidables. Lo que opine, dudo que haya más de cinco personas que lo lean. Pero me sirve para poner en claro mi pensamiento. Alguien propuso "si no lo podemos escribir, no podemos entenderlo". Recuerdo alguna frase similar del bueno de Richard Feynman.

Otra objeción podría surgir: ¿no es peligroso opinar de un tema que no es de nuestra especialidad? Ciertamente, tenemos la libertad de opinar de temas que dominamos parcialmente, es parte de la libertad humana. Me siento libre de opinar, porque mi opinión no involucra al destino de alguien. Lo que yo opine sobre ciencia o sobre filosofía, no influye en ninguna decisión que involucre la vida de un prójimo. Así, que la opinión tiene fuerza por las acciones que provoca. Dudo entonces, que una opinión mía pueda llevar a la una acción de tal tipo o gravedad.

Pero seguir llenado páginas de un blog, ¿no aumenta el "ruido" de Internet? Ciertamente, hay un precio a pagar. Pero no estoy publicando lo mío en la tapa de http://www.clarin.com o http://www.lanacion.com/  Estoy escribiendo desde "mi lugar", que no veo que genere gran cantidad de ruido.

Si quisiera generar una acción, algo en los demás, desde este "post", es incitarlos a tomar también iniciativa. Investiguen, piensen, y luego escriban. No importa lo importante, importa lo que ganen Uds. mismos en el proceso. Luego se verá si es importante o no para otros. Pero cada avance en el pensamiento, cada conocimiento nuevo que adquirimos, puede, además de alimentarnos, servir de algo a alguien más. Aunque sea para que otros se opongan y nos hagan ver equivocaciones en lo nuestro, lo que escribimos ahora podemos publicarlo, hace unos años hubiera sido mucho más difícil que lo que pensamos se mostrara más allá de una mesa de café.

Es una etapa única de la humanidad. Sé que sólo una minoría hoy puede acceder a Internet. Hay toda una "otro humanidad" que se cayó del sistema. No nos olvidemos de ellos. Mientras, podemos escribir sobre nuestros pensamientos, y opiniones. No veo que dañe a nadie. Y tal vez, solo tal vez, sirva de algo.

Angel "Java" Lopez
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Por Angel, en: General

Publicado el 29 de Junio, 2006, 14:14

En una lista de correo, alguien recordó el final de un libro "Si esto es un hombre", de Primo Levi, sobreviviente de Auschwitz:

"Hay que desconfiar, pues, de quien trata de convencernos con argumentos distintos de la razón, es decir de los jefes carismáticos: hemos de ser cautos en delegar en otros nuestro juicio y nuestra voluntad. Puesto que es difícil distinguir los profetas verdaderos de los falsos, es mejor sospechar  de todo profeta; es mejor renunciar a la verdad revelada, por mucho que exalten su simplicidad y esplendor, aunque las hallemos cómodas porque se adquieren gratis. Es mejor conformarse con otras verdades más modestas y menos entusiasmantes, las que se conquistan con mucho trabajo, poco a poco y sin atajos por el estudio, la discusión y el razonamiento, verdades que pueden ser demostradas y verificadas".

Algunos enlaces:

http://www.inch.com/~ari/levi1.html
http://www.kirjasto.sci.fi/primo.htm

Por Angel, en: General

Publicado el 28 de Junio, 2006, 22:08

Cada tanto tiempo, los astros se alínean, y me brindan un día sin dictado de cursos, sin desarrollo de software y sin reuniones en empresas. Hoy ha sido un miércoles sabático, y lo aproveché para pensar y leer más que de costumbre.

Regresé a un viejo cubil mío, a recoger libros olvidados. La cosecha ha sido excelente: ahora poseo nuevamente a "Treinta años que conmovieron la física" de G.Gamow, un volumen sobre los problemas de la filosofía de Ayer, el viejo Fatone de Lógica y Filosofía (viejo recuerdo adolescente), así como algún texto de Lovecraft, y un libro del bueno de Bustos Domecq. La semana pasada ya había recuperado a "El gen egoísta" de Richard Dawkings, y "El universo ambidextro" de Martin Gardner. En verdad, la reorganización de mi biblioteca que encaré en los últimos meses, me ha permitido visitar y revisitar temas que me parecían lejanos o difusos.

Sigo estudiando algunas posturas posmodernas: es notable el nivel de polémica que ha suscitado su aparición. Es un tema interesante: yo estoy más a favor de la crítica que del ditirambo. En breve, habrá algún post irónico que tengo "in pectore".

En el almuerzo en Piacere (Güemes y Bulnes, aquí en Buenos Aires), me atendió una especie de Ornella Mutti de dieciocho años. Y ahora aquí en Café Martínez de Bulnes y Charcas, me atiende una pricesa de los elfos rubia.

Lo mío es un apostolado...

Angel "Java" Lopez
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Por Angel, en: General

Publicado el 25 de Junio, 2006, 1:18

Hoy, la madre de una persona amiga, se enterará que le quedan, a lo sumo, seis meses de vida. Una enfermedad terrible ha tomado su cuerpo. Y una vida irá despidiéndose, como pueda, con dolor, tristeza, y algún sentimiento de impotencia.

Yo he pasado por una experiencia similar, hace poco años. Nada nos prepara para un fin, y menos para un fin anunciado. La vida es misteriosa, pero su término es cierto. ¿Qué quedará de cada uno de nosotros, al fin del camino? ¿De qué sirve cada día, si nos espera la noche eterna?

Esta persona amiga está lejos. Espero poder abrazarla en poco tiempo.

Por Angel, en: General

Publicado el 20 de Junio, 2006, 12:55

Durante una clase del curos Los puentes entre el arte, la ciencia y la tecnología de Ideas y Organizaciones, dirijo por Cristina Lozano y Liliana Delgado, se discutió, como ejercicio, sobre un texto de Nietzche. Reproduzco aquí ese texto, no para repetir el ejercicio, sino para reflexionar  libremente:

"En un apartado rincón del universo, donde titilan innumerables sistemas solares, hubo una vez una estrella en la que inteligentes animales inventaron el conocimiento. Fue ése el más orgulloso y mentiroso minuto de la "historia universal", pero sólo un minuto. Tras pocos resuellos de la naturaleza, la estrella se congeló, y los inteligentes animales hubieron de morir.
Alguien pudo invetar una fábula así, y sin embargo no habría ilustrado de modo suficiente la situación tan lamentable, tan sombría y fugas, sin fines y contingente que presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza; hubo eternidades en las que no existió; si desaparece, nada pasará. Pues no hay para ese intelecto otra misión fuera de la vida humana. Es sólo humano, y solo su dueño y productor lo toma de modo tan patético como si los goznes del mundo giraran sobre él. Pero si pudiéramos entendernos con el mosquito advetiríamos que también flota por el aire poseído por ese pathos y que se siente en él el centro alado del Universo" [...]
Nietzche, F., "Sobre verdad y mentira en sentido extramoral"

No conocía este fragmento de Nietzche, como en general me pasa con toda su obra. Texto que se impone, que no pasa desapercibido. Suscribo la idea general a la que apunta, desde hace bastante tiempo de mi vida.

Cada día que pasamos, nos preocupamos de nuestros asuntos. Pero más allá de los intereses personales, la humanidad ha ido formando un conjunto de saberes y pareceres, que a veces se olvida de ubicarse en lo que existe. Nos creemos, más veces de las convenientes, el centro de la creación, cuando la realidad se parece más a la del fragmento. Es asombroso comprobar, que por más que hayamos avanzado en la historia, somos simplemente una especie más, perdida en la inmensidad del mar universal, una concha arrojada en las arenas de una playa infinita, un pedo en el viento, un instante en lo interminable.

A quien dude de esto, lo invito a contemplar, en una noche clara, lo que se le abate desde las alturas. El Universo nos contempla, o nos ignora, desde el cielo. Nuestro sol es apenas una estrella entre millones, nuestra galaxia, una isla en un mar sin límites visibles. Creo que fué Milton quien expresó algo como (rememoro sin notas): "... tantas estrellas, tantos mundos.... Si estuvieran deshabitados, cuánto desperdicio.... si hay otras humanidades, cuánto sufrimiento...".

Y sin embargo, aquí estamos. Recuerdo haber leído que alguien se le acercó a Einstein, comentando que para un astrónomo, el hombre es insignificante ante el Universo. El bueno de Albert contestó: "El astrónomo que dijo eso, también es hombre". He aquí lo asombroso: cómo, siendo una hormiga perdida en el jardín cósmico, el hombre ha podido encontrar y describir esta posición suya en el Universo.

Hemos llegado a este punto gracias a la ciencia. Solamente durante los últimos siglos de nuestra existencia la ciencia ha tenido influencia sobre nuestras vidas. Mientras que para los antiguos griegos, la ciencia apenas era filosofía y matemáticas (encontraban a los experimentos y a todo trabajo manual como inferior al intelecto), en los últimos años ha ido abonando cambios que están influyendo en el destino humano. Pero poco a poco, cada avance de la ciencia (creo que hay un progreso, una pendiente en la historia de la ciencia), nos ha sacado del centro del Universo. Primero Copérnico, luego Darwin, finalmente Hubble y otros, han ido destruyendo la vieja idea de "el hombre es la medida de todas las cosas". Curiosamente, Freud escribió alguna vez que Copérnico y Darwin fueron los autores de las dos "heridas narcicistas" que la humanidad ha sufrido.

Ya estamos saliendo de esa adolescencia donde nos creíamos el centro de las cosas. Pero aún el fragmento de arriba, abre también otra lectura. El mismo hombre diminuto, es el que ha descubierto su propio tamaño y posición en el Universo. No es menor el logro.

No deberíamos confundir el tamaño y la escala del Universo, como signos inequívocos de nuestra insignificancia. Mientras que sigo pensando que somos una flatulencia en una canasta, tengo que argumentar que ese mismo hombre es el que ha podido descubrir todo esto. La estrella más grande, es más simple que el mosquito mencionado. La vida es algo que no me parece simplemente un detrito, un polvo sedimentado en algún pedrusco perdido entre las estrellas. Creo que es parte importante de la historia del Universo. No sabemos cuál es su origen, ni si tiene una "función" y menos un "destino", descreo de la teleología. Pero la aparición de la conciencia, en especial en el ser humano, no parece algo trivial. La organización de la materia, cada vez más sutil y avanzada, puede ser una característica fundamental de la flecha del tiempo.

Mientras navegamos en esta nave que llamamos planeta, tratemos de ir entendiendo las olas y el mar que nos rodea.

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com/

Por Angel, en: Filosofía

Publicado el 19 de Junio, 2006, 17:22

Rosa Liascovich y Alicia Massarini, son las autoras de este artículo, parte de la compilación "La evolución y las ciencias". Son biólogas y docentes (al momento de la edición, cerca de 2001), de la carrera de Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, de la Universidad de Buenos Aires. Intentaré en estas líneas hacer un resumen comentado, de un muy interesante documento.

Ante la diversidad de las formas animales y vegetales, llama la atención que una bacteria siempre produzca una bacteria, y a un pino le siga otro pino. Hay doce millones de especies sobre el planeta, actualmente. Entonces, ¿cuál es su origen? ¿existen desde siempre? ¿o han ido cambiando con el tiempo? Al parecer, hay una historia de la vida, y no siempre existieron todas las especies.

La Tierra, como planeta, se formó hace 4.500 millones de años. En algún momento, el caldo químico permitió la aparición de moléculas cada vez más complejas. Algunas se fueron agrupando, y sobrevivieron dentro de gotas, que las protegían de los cambios en el ambiente. Llegó el momento que esas agrupaciones fueron capaces de reproducirse.

Esta visión presentada por las autoras, supongo que corresponde a las ideas que se fueron formando en el siglo XX sobre el origen de la vida, ideas de las cuales Oparin fue uno de los iniciadores. Hay otras ideas sobre el origen de la vida, como la que auspicia Fred Hoyle, que afirma la llegada de la vida desde el espacio exterior, o como otras de finales del siglo XX, basadas en el aprovechamiento de otras estructuras, no en gotas aisladas.

Pero independientemente del origen mismo, una vez los organismos vivientes pudieron reproducirse, comenzó un proceso que dura hasta nuestros días. El proceso de reproducción llegó a fundarse en la herencia, mecanismo que sólo hace unos años comenzamos a desentrañar. Hoy sabemos que se basa en el ADN (ácido desoxirribonucleico) y otros artefactos celulares, y queda pendiente, en gran medida, el estudio de lo que Ian Steward llama "el segundo gran secreto de la vida", la formación de un organismo completo a partir de la información genética, tema fascinante que daría para todo un futuro "post". Agregaría de mi parte, que todo indica que la aparición del sexo, en algún momento de la historia de la vida, desencadenó toda una revolución en el proceso evolutivo.

Pero, cualquiera sea el mecanismo, la fidelidad es un pilar para éxito de la reproducción. Y aquí aparece algo curioso: además de fidelidad, también hay variabilidad. "Fidelidad y sorpresa", expresan las autoras, "ésa es la asombrosa capacidad del programa genético que respalda una historia persistente y siempre cambiante: la historia de la vida". Podríamos discutir los mecanismos de variabilidad, desde las mutaciones, hasta el intercambio genético entre individuos, pero es esa variabilidad lo que ha posibilitado la evolución que nos ocupa.

Solamente en la segunda mitad del siglo XX se ha comenzado a desentrañar la fuente de la fidelidad y la variabilidad: los genes (partículas discretas puestas de manifiesto por Mendel), residen en el ADN, según el gran descubrimientos de James Watson y Francis Crick. La estructura del ADN sirve de base para el almacenamiento y transcripción de la información que permite construir organismos. Se cita en el artículo al biólogo francés Francois Jacob: "En todos los casos, la reproducción funciona como el principio ejecutor del mundo viviente. Por una parte constituye una finalidad para cada organismo. Por la otra, orienta la historia sin finalidad de los organismos. Durante mucho tiempo, el biólogo se encontró ante la teleología como ante una mujer de la que no puede prescindir, pero en compañía de la cual no quiere ser visto en público. A esta unión oculta el concepto de programa genético otorga ahora un status legal".

En una nota al pie, se define teleología: es la doctrina filosófica que sostenía que los fenómenos no sólo están guiados por fuerzas mecánicas sino que se orientan hacia ciertas metas. Agradezco profundamente esta definición, que permite seguir el texto. El concepto de teleología lo encontré en varias obras, creo recordarlo de Monod y su "Azar y necesidad". Pero es bueno contar con definiciones, por lo menos, para tener una base para discurrir sobre un tema. Ahora, con la idea de evolución que estamos analizando, se resuelva el problema de la orientación previa: ya no hace falta apelar a esa idea.

La herencia ha estado como concepto entre nosotros, desde hace siglos. Todo ser viviente proviene de otro semenjante, pero además, el hombre conoce desde hace tiempo, el concepto de selección: la aplicado en sus animales domésticos, y en las especies a las que aplica su agricultura. El maiz, como lo conocemos, sería imposible de encontrar en la naturaleza, solamente se formó y sobrevivió gracias a la intervención de la mano humana. Pero a pesar de estos conocimientos, la sistematización de la herencia y la selección tardó en llegar.

Durante mucho tiempo se creyó, que aparte del hecho de un ser produciendo otro ser semejante, se daba también el caso de la generación espontánea. Hasta se aceptaba que cada acto de reproducción necesitaba de la intervención divina. En el siglo XVI se pensaba de esa forma. Se relacionaban esas ideas con la alquimia. Los caprichos de la creación se manifestaron en supuestos monstruos, seres fabulosos como niños con cara de rana, hombres con manos de buey, hombres lobo, sirenas y centauros.

La éxito de la física en el siglo XVII, llevó a una concepción mecanicista de la naturaleza. El Universo evidencia una cierta regularidad, que el científico pretende explicar. Ahí es cuando el naturalista sueco Carl von Linneo avanza en la clasificación de los seres. Clasificación que de alguna forma, ya había comenzado a tender Aristóteles. Pero Linneo avanzó más allá del estagirita, y comenzó a perfilarse un esquema jerárquico, donde las especies similares se hallaban cercanas en el árbol de la vida.

En dos notas de página, aparecen dos definiciones. Mecanicismo: teoría filosófica que sostiene que los fenómenos puedn reducirse a una combinación de movimientos físicos siendo por lo tanto controlados por fuerzas mecánicas. Y vitalismo: doctrina que, al contrario del mecanicismo, sostiene que los fenómenos vitales son irreductibles a los principios físicos y manifiestan la existencia de una fuerza vital que convierte a la materia en algo vivo y organizado.

El problema fue que ningún esquema mecanicista logró explicar la reproducción: ¿cómo una "máquina" puede reproducirse? ¿cómo es ese proceso? (creo que hubo que esperar a Von Neumann y el siglo XX para llegar a una respuesta a esto). El vitalismo mantuvo así, un lugar en la historia. Pero la explicación de la reproducción llevó algunos siglos más, y aún la seguimos desentrañando. Recuerdo acá, algún artículo del bueno de Stephen Jay Gould, creo que en "Ever since Darwin", donde explica las ideas que había en tiempos como el propio siglo XIX, donde se pensaba que dentro de una mujer, había un pequeño humano que luego crecía, para ser hijo, y a su vez, éste tenía el germen de otro humano en forma diminuta, y así hasta el infinito.

Un primer avance, se produjo con el abandono de la idea de generación espontánea. Antes de esto, cualquier sustancia, basura, desechos orgánicos o no, podía funcionar como substrato para la aparición de vida. Bastaba ver cómo de la carne podrida surgían moscas, para explicar esta visión. Los experimientos de los italianos Francesco Redi (siglo XVII) y Lazzaro Spallanzani (siglo XVIII) pusieron en duda el concepto de generación espontánea. Creo que hay que llegar a Pasteur, en el XIX, para dar el golpe de gracia a la idea. La aparición de la observación microscópica abrió todo un nuevo mundo a explorar, como el hecho que el semen de los machos contiene pequeños animáculos, los espermatozoides. También se descubre la existencia de los huevos en las hembras. Pero no quedó igual claro cuál era el mecanismo. Hasta se creía que la herencia no resultaba de la mezcla de huevo y semen, sino que alguno de los dos solamente actuaba de, digamos, catalizador de algún proceso desconocido. La pureza, no la mezcla, es la que permitía explicar la fidelidad de la reproducción.

Ante la pregunta de cuál de las dos simientes contiene el germen del nuevo organismo, se formaron dos escuelas: ovista y espermatista. Igualmente, no se comprendía cómo el germen se hallaba en la simiente. Una solución, de alguna forma ya mencionada, era pensar que cada organismo por nacer, ya existía anteriormente, y la fecundación solamente activaba su desarrollo. Esta es la teoría de la preexistencia: todos los miembros de una especie, estarían unos adentros de otros, desde siempre y por siempre.

Pero por más que se buscaba, las simientes no contenían seres en miniatura dentro de sí. Los defensores de esta teoría, rebatían esta dificultad aduciendo que estos seres eran demasiado pequeños para ser observados. Esta situación, la preformación y la preexistencia, subsistió durante todo el siglo XVIII.

Las observaciones microscópicas, mostraron el desarrollo embrionario. Con lo cual se refutaba la preformación (el concepto de un ser diminuto ya formado). Buffon, por su parte, trató de demostrar, de forma matemática, que no podía haber seres cada vez más pequeños, encajados en serie.

Buffon también definió de alguna forma la reproducción biológica, ligándola al concepto de especie (grupo de organismos que pueden fecundarse entre sí).

Los avances en química del siglo XIX, así como las experiencias en digestión y fenómenos eléctricos en la contracción muscular, abrieron un nuevo camino en la comprensión de la vida. Los organismos ahora, más allá de la estructura, tenían una fisiología para estudiar. El organismo se comenzó a ver como un todo.

A fines del siglo XVIII, el naturalista francés Cuvier realizó avances importantes en paleontología y anatomía. Puso de manifiesto que especies diferentes, compartían igualmente coincidencias en su morfología. Organos y huesos similares, se encontraban en especies distintas, pero cercanas en el árbol jerárquico de clasificación aceptado. Cuvier inaugura el análisis comparado de esas características. La paleontología también impulsa la idea de historia de la vida, que la diversidad biológica no fue siempre la misma. Aparece la idea de cambio. Curiosamente,  Cuvier se mantendrá en una posición fijista, que afirmaba una creación simultánea y la inmortalidad de las especies.  El naturalista francés Jean-Batiste Lamarck le opuso su idea de que los organismos podían cambiar con el tiempo. En su libro "Filosofía zoológica" de 1809, expone estos puntos:

- Los organismos se ven obligados, por el ambiente, a usar unos órganos más que otros
- Tanto por super utilización como por desuso, esos órganos de desarrollan de forma diferente
- Esos cambios en el desarrollo, adquiridos durante la vida del organismo, se transmiten a su descendencia.

Así, se van acumulando cambios de generación a generación. He aquí la idea que nos llevará, cincuenta años después, a la aparición de la evolución darwiana. Hay cambio, y se va acumulando. Otro tema tratado por Lamarck, es el origen de la vida. Afirma que la aparición de vida es producto del desarrollo progresivo de la materia. Menciona la formación de diminutas aglomeraciones semilíquidas, que se convertirían en células. Notable visión de Lamarck, que no conocía.

Lamarck también pone en la historia de la biología, otra idea que perduró: la idea de una escalera, donde los organismos evolucionan, ascendiendo, de menor a mayor complejidad. Algo que aún hoy perdura, en las explicaciones populares de la evolución. Hay también en Lamarck, un "sentimiento interno" en los organismos, que propugna ese ascenso.

Siempre se ha criticado a Lamarck por su afirmación de la herencia de los caracteres adquiridos. Según las autoras, ese punto no es el más importante de su argumentación. Destacan más el concepto de "sentimiento interno" y la influencia del ambiente. Recuerdan que este autor no es primero ni el único en proponer la herencia de los caracteres adquiridos. Al parecer, Platón la mencionaba, y hasta Darwin la incorporó en sus explicaciones.

La teoría de Lamarck generó varias discusiones en su época, y Cuvier fue uno de los que se opuso desde siempre. Fue Cuvier quien, estudiando las momias de los animales enterrados con los egipcios, descubrió que no tenían diferencias con las especies actuales, desacreditando entonces a Lamarck, que no pudo exponer muchas evidencias de su teoría. Esto hizo que Lamarck no fuera aceptado en su tiempo. Interesante punto para la historia de la ciencia: las ideas, aunque bien encaminadas, no siempre se aceptan, su triunfo depende de circunstancias que van más allá de su verdad. Igualmente, la historia nos ha mostrado que la idea al final se impuso, solamente que en un tiempo más apropiado, medio siglo después, de la mano de Darwin.

En 1859, el naturalista inglés Charles Darwin, publica su famoso libro "El origen de las especies por medio de la selección natural". Al principio de sus investigaciones, Darwin se apoya en Lamarck. Pero con el tiempo, desechó ese modelo, porque vió que no siempre la evolución era ascendente. En su libro de notas, en algún momento, dibuja un árbol que se ramifica, en forma irregular, describiendo un proceso no lineal de cambio.

Ese árbol explicaba la diversidad de la vida, pero no explicaba el mecanismo de transformación, creador de diversidad. Aquí, Darwin aprovecha para su pensamiento, varias fuentes. Su experiencia de juventud, su viaje como naturalista en el HMS Beagle, fue una de las más influyentes en la formación de sus ideas. También apeló a los conocimientos que tenían los criadores de animales domésticos. Y las ideas de Thomas Malthus, que expresaban la lucha por la existencia ante la escasez de recursos, son tomadas en cuentas por el bueno de Darwin. Las ideas del geólogo Lyell, sobre el cambio gradual en la apariencia de la Tierra, también formaron parte de sus meditaciones. Notablemente Lyell también trató el cambio biológico en sus escritos.

Algunos puntos presentados por Darwin:

- La Tierra sigue cambiando, y entonces, la vida también debe cambiar para sobrevivir.
- Los organismos de una especie, son distintos, no idénticos, existen variaciones de uno a otro.
- Los recursos limitados, y el hecho de que nacen más individuos de los que pueden sobrevivir, lleva a una lucha por la existencia.
- Los individuos que demuestran las capacidad más favorables para sobrevivir, son los que logran reproducirse.

Al aunar todos estos puntos, Darwin muestra una explicación al origen de la diversidad de la vida. Examina los distintos mecanismos de variabilidad que se le ocurren, aunque no tiene todos los elementos que recién aparecerán con la moderna genética. En cuanto a la selección, la denomina natural, en contraposición a la selección artificial que practica el hombre desde hace siglos, aplicándola a sus especies domésticas, ya sea animales como vegetales.

Ya sea porque los tiempos estaban más preparados, ya sea por lo persuasivo del argumento de Darwin, basado en multitud de observaciones, su teoría tuvo más aceptación que la de Lamarck, aunque no sin polémica, que aún continúa hoy, ya sea con variantes y refinamientos en biología, ya sea en la disputa reciente de los creacionistas americanos en pro de la educación de la idea de "diseño inteligente". En poco tiempo, se cumplirán ciento cincuenta años desde la primera publicación de sus ideas, y aún siguen las discusiones.

Cabe destacar, que en el "Origen de las especies", Darwin no se refirió a la evolución humana. Solamente trató este tema recién en 1870, cuando ya contó de alguna forma con el apoyo de parte de sus colegas. En el prólogo de esa obra, se refiere que se vió impulsado a publicarla, debido a que Wallace, un joven naturalista, había llegado a conclusiones similares a las suyas, que ya hacía un tiempo que habían madurado. Notablemente, con el tiempo, Wallace no se plegó a las ideas sobre la evolución del hombre, al que siempre consideró como una excepción en su idea de los cambios en la vida.

Con lo sorprendente que ha sido la obra de Darwin, no ha podido resolver todos los problemas planteados. El propio Darwin, en varios pasajes de la obra, reconoce la insuficiencia de alguna posición, o la falta de comprobación de algunas ideas. La más evidente es la causa y funcionamiento de la aparición de la variabilidad. En el capítulo V llamado "Leyes de la variación", propone varias soluciones a este problema, que hoy se consideran invalidadas por el conocimiento actual. Considera, entre otras, los efectos de los cambios de condiciones, el uso y desuso de los órganos, la aclimatación. En algún momento, se asombra de la reaparición, luego de algunas generaciones, de características originadas en un antepasado. Se pregunta cómo pudo sobrevivir una característica así, a la "mezcla" de generación a generación. Habría que esperar a las experiencias y conclusiones de Mendel, que aparecieron sin pena ni gloria, y fueron redescubiertas recien hacia el 1900, para entender ese caso. Mendel descubre que los "elementos" de la herencia no se "mezclan", sino que funcionan como unidades, los llamados genes, que se combinan en el sexo, para aportar características de ambos progenitores.

Justamente, la ignorancia de este proceso, permitió que un ingeniero escocés de su época, Fleeming Jenkin, atacara las ideas de Darwin. Si, al parecer, la herencia pasa de generación en generación, las variaciones deberían ir atenuándose, porque variaciones extremas, al mezclarse en la simiente, tenderían a anularse. Según Jenkin, la variabilidad se agotaría. Y sin variabilidad, la teoría de Darwin sería inviable.

Darwin reconocía ese problema. En el resumen final del capítulo V que mencionamas, escribe: "Nuestra ignorancia de los patrones de herencias es profunda".

Mientras se resolvía este tema, en 1880 las experiencias del biólogo alemán August Weismann pusieron en la picota las ideas de la herencia de los caracteres adquiridos. Durante más de veinte generaciones les cortó la cola a ratones de laboratorio. Luego, en la última generación, les dejó crecer la cola, esperando que resultara corta, pero no: fueron colas normales. No estoy seguro de la corrección de sus conclusiones, pero sirvió en su tiempo para desacreditar lo que quedaba de Lamarck, y una de las ideas expuestas por Darwin.

Fue en 1865 cuando George Mendel, un monje austríaco interesado en la botánica, publicó sus leyes de la herencia. Pero sus conclusiones fueron publicadas en una revista menor, que no tenía mucha difusión más allá de su propio lugar. Alguna vez leí que se encontró una copia de esa publicación entre los papeles de Darwin, pero parece que éste o no les dió importancia, o no llegó a leerla. Notable hecho en la historia de ciencia: nuevamente, una idea puede pasar desaparcibida o desechada rápidamente. Por suerte, para revindicación de Mendel, sus leyes fueron redescubiertas en 1900, y se reconoció su precedencia en estos descubrimientos.

Hasta acá, el comentario de la mitad de este artículo. Debo completarlo con una segunda parte, donde se examina el neo darwinismo, y las modernas posiciones, como el equilibrio puntuado y la deriva genética.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com/

Por Angel, en: Ciencia

Publicado el 19 de Junio, 2006, 16:32

Este libro, editado por Emecé, es una compilación de cuatro artículos, escritos alrededor del año 2001, reunidos por Vivian Scheinsohn. La compiladora nos advierte al comienzo, de lo poco que se conoce sobre la teoría de la evolución, o lo deforme de algunas creencias. La gente, en general, se refiere a esta teoría, con frase como "el hombre desciende del mono", o "la supervivencia del más fuerte". El volumen, entonces, está destinado a divulgar, ya sea para estudioso de algunas ciencias, como para el lector ocasional, una visión más correcta de la teoría de la evolución.

En el prólogo se menciona el carácter de "monje negro" que ha tenido esta teoría, en su relación con las ciencias sociales. Estas cuestiones, como el "darwinismo social" no es tratado en gran medida en el libro. Todos los autores son de mi pais, Argentina.

Se compilaron cuatro artículos. Rosa Liascovich y Alicia Massarini con biólogas y docentes, y escribieron el primero, titulado "Genética y evolución, continuidad y cambio: las claves de una historia próspera". Es el primer artículo que espero comentar. Se concentra en la historia de la idea de evolución en biología y en genética en particular, llegando hasta las posturas del neodarwinismo, el equilibro puntuado de Gould y Elridge, y la deriva genética (evolución neutra). El segundo artículo, "Paleontología y Evolución", es de José Luis Prado, paleontólogo y docente de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires. Acá se concentra más en la relación entre evolución y el registro paleontológico, y nos da una nueva posibilidad de visitar a Gould, así como a disputas como las de Cuvier vs Lamark, y la influencia de Lyell en el pensamiento de Darwin.

El tercer artículo es "El evolucionismo en arquelogía", y ha sido escrito por la compiladora, Vivien Scheinsohn, arquéologa de profesión. Es interesante encontrar acá algo que desconocía totalmente, como es la historia de distintas corrientes en arqueología, ligadas a la evolución. Por ejemplo, se plantea en algún momento, considerar a los artefactos humanos como parte del fenotipo, e incorporarlos al concepto de evolución.

Y finalmente, el cuarto artículo es "Perspectivas teóricas en paleoantropología", de Marta Mirazón Lahr, bióloga y paleoantropóloga, que trabaja en Brasil.

Espero con el tiempo poder ir comentando más en detalle el contenido de cada artículo. He aquí el primer artículo sobre el libro:

Genética y Evolución

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com/

Publicado el 19 de Junio, 2006, 16:13

Me gustaría comenzar a comentar en este lugar, mi blog no técnico, algunas de las lecturas que estuve encarando en los últimos meses, o las que alguna vez disfruté hace tiempo y quiero repasar.

Lo hago para ordenar un poco todo algunos temas que tengo pendientes, como forma de poner alguna estructura a lo que pienso y medito, así que es un poco presuntuoso hacerlo público. Igual tengo la esperanza que, más allá de este impulso mío, algunos de estos comentarios sirvan para difundir estos libros, artículos y escritos. No pretendan encontrar acá erudición, sino curiosidad.

En principio, tengo una lista de libros y artículos, agrupados por grandes temas, como filosofía, ciencia, filosofía de la ciencia, biología, matemáticas, historia de la ciencia, y demás. Los temas de computación los dejaré para mi blog técnico.

Tengo, por ejemplo, toda una serie de libros de mi querido Stephen Jay Gould. Hay un "Elementos de historia de las matemáticas" de Bourbaki, que me parece fascinante. Hay una historia y evolución de la física, de Einstein e Infeld. Tengo libros sobre la historia del cálculo, o sobre el arte en el renacimiento  Apilo en mi mesita de luz a Kuhn y Feyerabend, que ameritan una visita detenida. Hay un "¿Qué es esa cosa llamada ciencia?" de Chapman, que me pareció muy interesante e instructivo. En fin, Damasio, Freud, Feynman, Asimov, Gamow, Martin Gardner, Ian Steward, Darwin, Richard Dawkings, y más, están ahora llegando a mi cubil, y me gustaría releerlos, y aprender con más detalle de ellos. Tengo introducciones a Deleuze y Foucalt, al existencialismo, a los problemas de la cuántica, sobre evolución, biología, genética, y por supuesto, ahí estan Borges y Lem, incluso Lovecraft y Tolkien, esperando una deliciosa relectura.

El viaje más largo comienza con un solo paso. Deberé escribir sobre por lo menos uno. He aquí la lista de comentarios que hasta el momento he publicado en este blog:

La evolución y las ciencias, compilado por Vivian Scheinsohn
100 años de relatividad de Diego Harari y Diego Mazzitelli

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com/

Por Angel, en: General