Angel "Java" Lopez en Blog

12 de Enero, 2007


Publicado el 12 de Enero, 2007, 10:08

En el libro "Los problemas de la filosofía", de Bertrand Russell, encuentro un prólogo escrito por Emilio Lledó, en los 70 del siglo pasado, siendo entonces Catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona. Ahí rescata un comentario de Friedrich Waismann:

Está muy bien hablar de claridad, pero cuando se convierte en una obsesión, propende a cortar el pensamiento vivo en capullo. Temo que ésta sea una de las consecuencias deplorables del positivismo lógico, no previsto por sus fundadores, pero demasiado visible en alguno de sus secuaces. Considérese a esas personas atacadas por la neurosis de la claridad, atormentadas por el miedo, anquiloglóticas, que sin cesar se pregunta ¿Tiene ahora esto un sentido perfectamente cabal? Imagínense a los precursores de la ciencia a Kepler o Newton, a los descubridores de la geometría no euclidiana, de la física de campo, del inconsciente, de las ondas materiales y de los cielos saben qué más, formulándose a cada instante esta pregunta. Habría sido el medio más seguro de hacer trabajo de zapa a todo poder creador. Ningún gran descubridor ha procedido de acuerdo con el lema: Todo cuanto se puede decir puede decirse con claridad. Algunos de los mayores descubrimientos surgieron de una especie de niebla primordial. Para decir algo en favor de la niebla, por mi parte, yo siempre sospeché que la claridad es el último refugio de los que nada tienen que decir.

Me temo que el bueno de Waismann confunde el proceso creativo, con la explicación necesaria para someterla a los demás, a su revisión y difusión. Aun los descubridores de la geometría no euclidiana, o de la física de campo, o tantas otras, terminaron expresando sus ideas y descubrimientos con cierta claridad. Y cuando lo que querían expresar o explicar contenía algo dudoso, no claro, creo que han sido lo bastante honestos para expresarlo en sus escritos. Una cosa es el descubrimiento, que bien puede nacer de una niebla creativa, otra es explicarla. Creo que fue Richard Feynman quien dijo algo como "si no podemos explicarlo, es que no lo estamos entendiendo". Y Unamuno (recuerdo de memoria): "la claridad es la gentileza del sabio".

Me temo que tanto en matemática y en física, de alguna forma a los creadores se les pide en algún momento claridad y justificación de sus descubrimientos y desarrollos. Nadie tiene que hacer "hermenéutica de Euclides". En cambio, he visto con consternación creciente, que en el ambiente filosófico, alguien puede escribir la más oscura de las explicaciones, y nadie le pide aclaraciones. Al contrario, se desalienta cualquier señalamiento "el emperador está desnudo", y se busca describir las excelentes ropas que luce el monarca, no sea que nos crean que no entendemos nada, y quedemos fuera de la "elite" intelectual de turno. Luego se juega un juego tipo "interpretando al maestro", que me parece sumamente frágil en conclusiones.

Desde acá, les pediría, que si tienen algo interesante que decir, exprésenlo claramente, por lo menos en el caso de un libro. No hay excusa para eludir la claridad, ni para huir del rigor intelectual, cuando se comunica algo importante.

Por ajlopez, en: Filosofía