Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 4 de Febrero, 2007, 21:08

Entremos en un problema, que me ha resultado esquivo y difícil, pero creo que interesante. No se espere encontrar aquí una resolución, una respuesta al problema, pero creo que podremos aprender, aclarar algunos conceptos, y durante el proceso, llegar a enunciar alguna crítica y postura propias mías.

Nuevamente, estoy en deuda con el excelente texto de García Morente, "Lecciones preliminares de filosofía", en especial, con la lección IV titulada "Ingreso en la ontología".

De alguna forma, vamos a discurrir sobre la ontología. Palabra rara, de definición esquiva, que no aparece sino tarde en filosofía. Creo que es invento de hace unos siglos, no apareció en los clásicos griegos, aunque de alguna forma ellos exploraron por primera vez el problema. Si bien la raíz de "ontología" es lo que llamamos ente, se la denomina "teoría del ser". He aquí alguna división, que no sé hasta qué punto siguen todos los filósofos, la distinción entre ente y ser. Pero ocupémonos entonces de la teoría del ser.

El primer y principal problema, es aclarar qué es el ser. Nosotros estamos habituados a "ser" como verbo: la mesa es verde, la mesa es grande, todo hombre es mortal. Como verbo, es un verbo inmenso. En inglés, por ejemplo, es un "to be" que también abarca lo que en español sería "estar". Creo que alemán ocurre otro tanto. Hace pocos días, leyendo un libro de Guthrie, encuentro que para los griegos, el verbo "ser" también es "existir". Tendré que revisar esa información, pero es interesante notar esa multitud de aplicaciones del verbo.

Pero cuando se plantea la teoría del ser, nos referimos a "el ser", a un sustantivo, abandonando al verbo. He aquí el problema, diría Hamlet. ¿Qué es, entonces, este "el ser"? No puede ser la mesa, o la humanidad, o Dios, o un centauro, o Julio César. Esos serán "seres" pero no son "el ser". Así como "azul", "rojo", son colores, pero no son "el color", de la misma forma tenemos que renunciar a señalar a algunos de los nombrados como "el ser".

Esperamos, al estudiar una disciplina, que ella nos indique, nos defina de alguna manera, el objeto de su estudio. Nos encontramos con lo que alguien llamó la aporía de la ontología: el ser es indefinible. Exploremos el caso.

Ante la pregunta ¿qué es el ser? no encontramos respuesta. Si queremos dar una definición de un concepto, podemos tomar el camino de incluir ese concepto en uno más general, y luego darle alguna nota distintiva. Así, humano puede ser definido como animal, y luego aplicarle alguna diferencia. Pero no es el caso con "el ser". No hay concepto más abarcador. No hay clase que lo abarque. He ahí una raíz del problema. En mi opinión, el concepto (aparece por fin la palabra concepto en este párrafo) de "ser", es un paso al límite de nuestra mente. Lo que hay son seres, pero el "ser" es apenas un concepto humano. No ha sido ésta la postura de gran parte de la historia de la filosofía. Creo que acá hay un filón a explorar, un tema interesante, que bien podría dar algun fruto  , o llegar a ser simplemente una discusión tipo cuántos ángeles pueden bailar sobre la punta de un alfiler. No sé dónde nos conducirá todo esto, pero me parece interesante explorar, investigar el problema, porque de alguna forma entronca con toda la historia de la filosofía, y devela alguna de las posturas y corrientes que aparecieron. Mi objetivo final es mostrar cómo la ciencia del último siglo, pone en entredicho este concepto, que se devela muy humano a mi parecer y opinión.

Sigamos con la discusión original. El concepto ser, no puede ser incluido en otro concepto más general (en informática, se podría asimilar a la clase de todos los objetos). Podemos intentar entonces definir un concepto de otra forma: enumerando sus notas características, para conseguir luego distinguir qué cabe o no cabe bajo ese concepto. Pero obtendremos el mismo resultado: "el ser" no puede ser determinado por características. Es un concepto muy amplio, el más amplio de todos. Adosarle una característica, es, de alguna forma, limitarlo, y dar lugar a que quede otra clase, otro concepto, con todo lo que no cumpla esa característica. Estaríamos creando el concepto "el ser", y algo por diferencia que no sea "el ser". No podemos: de "el ser", se puede predicar todo, no hay algo que podamos recortar. Así concluimos que de "el ser" no podemos predicar nada.

Llegamos al final de este camino. Ni por la inclusión en otro concepto, o por la enumeración de características, hemos podido dar con la definición de "el ser". Es un concepto indefinible. Pero podemos intentar cambiar la pregunta "¿qué es el ser?" por "¿quién es el ser?". Ya que no podemos definirlo, tal vez podamos señalarlo, tal vez podamos agitar nuestro dedo en una dirección y exclamar "aquí está el ser".

Si buscamos señalar al ser, y triundar, podríamos conocerlo así, por intuición, más que por definición. Pero también esta pregunta "¿quién es el ser?" presenta dificultades. No podemos señalar "la mesa". Claro que no es "el ser". Hay otros que no son "la mesa", entonces qué serían si la mesa fuera "el ser". Esa una proposición ridícula. Sigamos buscando, tratando de señalar algo que nos resulte evidente como "el ser".

Es aquí donde la pregunta toma un giro, que creo que la aparta de alguna forma de la búsqueda original. En la historia de la filosofía aparecieron algunas respuestas a esta pregunta, pero con un tono distinto a mi parecer. Exploremos el caso.

Por un lado, al hacer la pregunta, tendremos que buscar pretendientes a ser "el ser". Y debemos adoptar algún criterio para distinguir a un pretendiente falso, de otro más promisorio. Un criterio es ver que un pretendiente falso, es aquel que puede descomponerse, ser constuido por otros seres. He aquí un gran criterio, que desvía algo el problema en mi opinión. Al distinguir entre "el ser en otros" y "el ser en sí", aparece de alguna forma un intento de buscar, más que "el ser", el "substrato" de todo, lo que de alguna forma es, y se nos aparece en forma de cosas, en la realidad de ahí afuera. Terrible criterio, que ha hecho nacer corrientes filosóficas completas. Cada filósofo, grande o chico, ha prentendido, en algún momento, señalar cuál es el ser. Para algunos, lo Absoluto. Para otros, como Tales, el agua. Y así. Buscaron señalar lo que conformaba a todas las apariencias. Para Perménides, un árbol no era. Sólo era una apariencia de algo más, que perduraba aún cuando el árbol se quemara. Aparece una búsqueda algo distinta, como señalé arriba: se busca al "ser en sí", el que no es compuesto de otros seres, a lo que yo llamaría el "substrato". Pero tal vez, esta es una visión muy mía, que desvía la pregunta original. Igualmente insisto, descubro en varios lados ese desvío.

Sigamos buscando pretendientes a ser señalados como "el ser". Cuando algo así nos sea señalado, rechazaremos sus pretensiones si notamos que se puede descomponer en otros seres. De alguna forma, como señalamos más arriba, comenzamos a distinguir entre "ser en sí", y "ser en oros". Un falso pretendiente, será un ser que consiste en otros seres. He aquí un nuevo planteo de "ser": por un lado, el uno, el ser en sí, por otro, el ser en otro. De alguna forma, podemos asociarlos (y vaya gran asociación), a existir y consistir. Mientras que lo compuesto es apariencia, consiste en otro, esperamos encontrar otro, lo final, que existe en sí. Aparece un gran verbo, existir. ¿Cómo se ha colado en esta discusión?

Examinemos la pregunta "¿qué es el agua?". No queremos preguntar si el agua existe, sino en qué consiste, que nos describan qué es el agua. En cambio, cuando el Dios del Génesis enuncia "Que sea la luz", lo hace para que la luz comience a existir, que la luz, que no existía, exista. Así que cuando preguntamos "¿qué es la luz?", no preguntamos por su existencia. Pero podemos ampliar la pregunta original, por "el ser", adosándole el problema de la existencia. Tal vez, por este camino, encontremos alguna luz aclaratoria.

Recordemos las preguntas "¿qué es?" y "¿quién es?". Ahora las podemos desdoblar, al usar las dos acepciones que encontramos de "ser" en el párrafo anterior, en "¿qué es existir?", "¿quién existe?", y por otro, "¿qué es consistir?", y "¿quién consiste?". Reconozco cierto salto acá, pero sigamos explorando a ver si vale la pena este planteo.

Emprendamos "¿qué es existir?". Para García Morente, no hay respuesta. Existir es algo que intuimos directamente. Yo tendría otra opinión: existir es participar de la realidad. Acá ya de alguna forma, emito una postura: hay una realidad, hay existir en esa realidad. Lo que podemos después explorar es qué existe en sí y qué existe como compuesto de otros. Igualmente, llamaría la atención que la composición por otros, no invalida que "algo" existe de alguna forma en sí. He aquí un punto que no me queda claro de la discusión de García Morente. De alguna forma, rechaza muy fuertemente que al "ser en otros", no es un "ser auténtico". Pero me imagino, ingenuamente, que un organismo, es de alguna forma un "ser", que no es simplemente "ser en otros". Es sus partes y sus relaciones. Aparece acá el concepto de sistema, pero creo que éste no influye en la historia de la filosofía por siglos. Pero creo que es interesante plantearlo, recordarlo acá, en medio de esta discusión, para no perderlo de vista más adelante.

Bien, para García Morente, no hay respuesta a "¿qué es existir?", para mí, hay alguna respuesta intuitiva. Emprendamos la segunda pregunta "¿quién existe?". Acá podemos encontrar alguna contestación: yo existo, el mundo existe, Dios existe (para algunos), las cosas existen. Cada filósofo contesta a su manera esta pregunta. Alguien podría contestar: yo existo, pero las cosas no. Existen sólo en mi mente y en la mente de Dios. Alguien pensó y encontró esa respuesta. Otros afirmaron otras respuestas. Creo que en la contestación a esta pregunta, podemos encontrar el nacimiento de varias corrientes filosóficas.

Exploremos "¿qué es consistir?". Acá habrá también respuestas.  Vemos que hay cosas que consisten en otras. Pero habrá que estudiar cuáles son esas formas del consistir.

Finalmente "¿quién consiste?", para García Morente, no tiene contestación. Para él, le pasa como a "¿qué es existir?". Hasta que no sepamos "¿quién existe?", no sabremos "¿quién consiste?". Si podemos señalar quién existe en verdad, en sí, todo lo demás serán cosas que consisten en otras, hasta llegar en algún momento a consistir de otras que existen en sí. Desde esta perspectiva, solamente dos preguntas sobreviven en la ontología: "¿quién existe?", y "¿qué es consistir?".

Acá, García Morente anuncia que de la contestación a la primera pregunta, se ocupa la metafísica. Así, para él, ésta es una rama de la ontología. Y que la respuesta al qué es consistir, la busca lo que llama la teoría de los objetos.

Interesante planteo, que no encontré en otros lugares y libros. Hemos navegado, discurrido, desde la pregunta inicial "¿qué es el ser?", que al parecer no tiene contestación, hasta estas dos preguntas sobre quién existe y qué es consistir, que de acuerdo a como las contestemos, fundaremos una ontología y hasta un corriente en filosofía.

Hay algunos problemas, críticas, dudas, saltos que he señalado a lo largo de este texto. Creo que "el ser" es un paso al límite muy humano. Que existe lo que participa de la realidad, aunque acá tengamos que explorar qué es participar y qué es realidad. Pero anticipo ahí que participar será interactuar. El verbo "ser" y el concepto "el ser", son humanos. Son productos de nuestra estructura mental. En la realidad, los participantes actúan. Más que "el ser", tenemos "el hacer".

Es interesante descubrir que la pregunta sobre qué es consistir, podrá derivar en algún momento en alguna explicación sobre los seres como los organismos, que aparecen como algo emergente en todo esto que llamamos realidad, y que esperamos que tenga un orden, que sea un cosmos.

La búsqueda de qué es el ser, y qué es lo que existe en sí, creo que de alguna forma deberá ser influida por un desgajamiento de la filosofía, por la física. No puedo dejar de pensar en eso. Disculpen mi estructura mental, pero creo que la filosofía disociada de la ciencia, es la mitad de la filosofía. La filosofía actual deberá alimentarse de la ciencia actual. Los descubrimientos del último siglo y medio, desde la evolución, la relatividad, y notablemente, la física cuántica, son un desafío a la filosofía. Un guante arrojado, que no debe ser ignorado. Creo que grandes corrientes filosóficas se han disociado de la ciencia. Entonces, creo fervientemente, que tal disociación debe terminar.

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía