Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 22 de Julio, 2007, 12:48

Algunos de Uds. conocerán a Tom Clancy, escritor de "best-sellers" de espionaje como "Peligro inminente", "La caza del Octubre Rojo", y "La suma de todos los miedos". Esos libros han sido llevados al cine, y creo que el mejor resultado ha sido con Octubre Rojo, donde aparece un inolvidable capitán de submarino interpretado por Sean Connery.

Clancy escribió otras series de libros (olvidables), y sus libros más populares, parecen hechos para ser vendido por kilo, porque le pone centenares de páginas (me temo que muchas superfluas). Yo prefiero a Frederick Forsyth, que presenta mejor sus personajes, y en ambientes más creíbles. Pero a la gente le gusta Clancy, y creo que gran parte de su popularidad se debe a la adopción temprana de un personaje, Jack Ryan, que es el protagonista de una larga serie de éxitos. Lo increíble es que Ryan comienza prácticamente como el que sirve el café en la CIA, y termina como presidente de los EEUU. Pero bueno, nadie pide credibilidad en todo... ;-)

Pero vayamos al título de este "post". En una de las novelas, creo que "Deuda de honor", un empresario japonés ataca a EEUU de distintas formas. Una es alterando un programa de computación en un servidor de Wall Street, que así modificado, deja de escribir las transacciones que se realizan entre bancos, agencias, y particulares. Todo lo que se creía que se estaba comprando y vendiendo, queda en el limbo a partir de una hora especificada. Luego de unas horas, al darse cuenta del problema, Wall Street entra en pánico.

Interviene Catherine Ryan, esposa de Jack, cirujana de ojos, premio Lasker (el equivalente del Nobel en medicina). Jack recuerda una frase de Cathy: "Lo que no está escrito, no existe". Aplica ese criterio a la crisis bursátil, y decreta que todas las operaciones no existieron.

Pero vayamos más allá del libro. ¿Por qué Catherine Ryan tenía esa máxima? Para no olvidarse ningún detalle de su profesión. Para conseguir no depender de la memoria. Pero creo que esta frase ha influido en mi vida, más allá del libro.

Para mí, esa frase es una forma de decir: lo que uno conozca, lo que uno sabe, lo que uno quiere transmitir, debe estar de alguna forma escrito. No sirve solamente conocer, sino también compartir ese conocimiento (que puede ser parcial, erróneo, o no). Si lo que uno sabe u opina, no está escrito, entonces solamente va a servir para uno.

Escribir tiene la virtud de aclarar nuestros pensamientos, y permite "pasar en limpio" nuestras opiniones y posturas. Así que en principio, escribimos para nosotros mismos.

Pero va más allá. Yo doy varias charlas de distintos temas de mi profesión. Soy un convencido que esas charlas pueden ser ineficientes en algún aspecto. Solamente llega lo que quiero transmitir, a los que están presentes. Y éstos, deben estar super atentos, a cada frase y argumento. No pueden volver hacia atrás, parar, meditar, volver al texto, como cuando encaran un libro. Por supuesto, una reunión permite otras actividades, como el diálogo. Pero mucho de lo que uno quiere decir, puede perderse en la transmisión oral.

Al escribir, no necesitamos declamar ante alguien. Solamente escribir. No necesitamos hablar y esperar de nuestros oyentes la atención total y su presencia física. Solamente escribimos, luego habrá a quien le interese o no, lo que escribimos. Y en estos años, donde las páginas web, y blogs como éste, son fácilmente accesibles y ubicuos, podemos escribir por estos medios. Lo escrito ahí, lo puede leer cualquiera, en cualquier momento adecuado, se puede imprimir, leer, releer, y hasta comentar en el propio medio.

Siempre tenemos algo para transmitir, sobre algún tema. ¿por qué, entonces, no lo escribe?

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com/

Por ajlopez, en: General