Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 11 de Agosto, 2007, 0:09

De vez en cuando, me encuentro con textos, que exponen claramente un punto en el que coincido al menos parcialmente. Este es el caso del inicio de un libro clásico, el "Tratado sobre los principios del conocimiento humano", de George Berkeley, filósofo irlandés, creador del idealismo subjetivo, y del "esse est percipi", "ser es percibido" (frase sobre la cual tengo alguna variante, "ser es interactuar", sobre la que más adelante escribiré).

Ese famoso tratado, está separado en secciones numeradas. Aprovecho lo escrito por Berkeley, para comentar alguna coincidencia y diferencia. Leamos la primera:

1. Al no ser la filosofía otra cosa que el estudio del saber y de la verdad, podría con razón esperarse que quienes han dedicado a ella más tiempo y esfuerzo disfrutaran de una mayor calma y serenidad de espíriu y de una mayor claridad y evidencia de conocimiento que la que poseen los demás hombre, y que se vieran asaltados por menos dudas y dificultades que éstos. Sin embargo, vemos que la gran masa inculta de la humanidad que transita por el ancho camino del simple sentido común y que se gobierna por los dictados de la naturaleza, vive generalmente sosegada y tranquila. No se queja de falta alguna en la evidencia que le proporcionan los sentidos, y está libre del peligro de convertirse en escéptica. Mas cuando nos apartamos de los sentidos y del instinto para seguir la luz de un principio superior, la razón, y meditamos y reflexionamos sobre la naturaleza de las cosas, mil escrúpulos surgen en nuestra mente en lo referente a esos mismos objetos que antes nos parecía que comprendíamos totalmente. Prejuicios y errores de sentido se nos hacen presentes por doquier; y cuando tratamos de corregirlos mediante el uso de la razón, sin darnos cuenta nos vemos arrastrados a extrañas paradojas, dificultades e inconsistencias que se multiplican conforme avanzamos en nuestras especulaciones. Y hasta tal punto es esto así, que después de haber deambulado por intricados laberintos, nos encontramos en el mismo lugar donde estábamos al principio, o, lo que es peor, en una situación de escepticismo irremediable.

Interesante planteo. Vemos cómo para Berkeley, la filosofía es "el estudio del saber y de la verdad", una verdad que hoy se duda en tantos ámbitos. La frase "gran masa inculta" es un poco fuerte en estos tiempos, y quizás sería tachada de políticamente incorrecta, pero hay que reconocer que muchos de nosotros pasamos por la vida, con una filosofía implantada, ya sea por la familia, el contexto, el ambiente, y que adopta algunos punto de lo que el obispo llama "sentido común".

Pero es bueno destacar, que cuando uno comienza a tomar distancia y pensar, a filosofar sobre lo que nos pasa, nos rodea, y está ahí afuera y dentro de nosotros, el camino es no fácil. No hay más respuestas, sino nuevas y más preguntas. Sigamos con la segunda sección:

2. Se piensa que la causa de esto es la oscuridad misma de las cosas, o la natural debilidad e imperfección de nuestros entendimientos. Se dice que las facultades que tenemos son muy pocas, y que las que se nos han concedido están sólo dirigidas a procurarnos apoyo y bienestar vitales, y no a penetrar en la íntima escencia y constitución de las cosas. Además, como la mente del hombre es finita, cuando trata de cosas que forman parte de la infinitud, no es de extrañar que caiga en absurdos y contradicciones, de las cuales será imposible que salga, pues es de la naturaleza de lo infinito el no poder ser comprendido por lo que es finito.

Yo también creo que nuestras facultades son limitadas, pero así como pienso eso, también tengo confianza que usando la razón Y (este Y es importante) el diálogo con la realidad, podemos ir investigando, explorando gran parte de las preguntas que tenemos pendientes de respuesta. Claro, habrá preguntas que quedarán afuera de esas capacidades (¿por qué hay algo en vez de nada? para recordar la gran pregunta de Leibnitz, aunque alguna esperanza hay en encontrar una respuesta del tipo "por que no podía ser de otra manera"), pero podemos acercarnos a vislumbrar algunas contestaciones, y por lo menos, ponerlas en contraste con la realidad.

Berkeley menciona "finito" e "infinito", palabras usadas de esa forma durante muchos siglos de pensamiento filosófico. Creo que hoy están en retirada, sería interesante explorar alguna vez cuál es la historia de esta decandencia (intuyo el asalto que ha dado a esos conceptos la propia matemática hace un poco más de un siglo).

Pero volviendo al tema: la filosofía trae más problemas, quizás, que soluciones. Y la razón es una herramienta que podemos usar. Tenemos que tener cuidado para manejarla correctamente, como toda herramienta. Algo más, menciona el obispo Berkeley en la tercera sección:

3. Pero tal vez estemos siendo demasiado injustos con nosotros mismos al echar la culpa original a nuestras propias facultades, en vez de achacársela al mal uso que hacemos de ellas. Es sumamente improbable suponer que una serie de deducciones correctas, derivadas de principios verdaderos, nos lleven siempre a conclusiones que no puedan mantenerse ni sean consistentes...

Me agrada leer este tipo de texto. No porque coincidan con lo que pienso (Berkeley luego apela a un dios, y toma otros caminos más discutibles), sino porque leo algo claro, algo que el bueno de Berkeley se ha preocupado por explicar paso a paso, acompañando al lector en su pensamiento. Muchas veces extraño esa deferencia, en textos de otros autores.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía