Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 12 de Agosto, 2007, 0:22

En estos días, adquirí un libro estupendo, al que ya le había echado el ojo, pero que con tantas lecturas pendientes, y un presupuesto limitado, no había decidido aún comprar.

Pero finalmente llegó el día: me crucé con el libro en una librería, en una cita de otro libros, en un comentario al pasar, y finalmente, en uno de esos puestos de libros que pululan en las veredas de mi ciudad, Buenos Aires. Viendo tanta insistencia del destino en ponerme por delante a ese volumen, inspiré hondo, me acogí (disculpen ustedes mi debilidad) a algún pensamiento mágico del tipo "por algo será", y tomando fuerzas y coraje, apuré los billetes para comprarlo.

Ese libro delicioso (curioso adjetivo, más adecuado a una comida o una mujer que a unos papeles), es "La vida eterna" de Fernando Savater. Ya había nombrado a Savater en otro "post" (ver La historia no terminó) , y ahora vuelve a estar presente en mis pensamientos y elucubraciones. El libro trata, en el título, de lo que el título oculta: todas las artimañas y tecnologías que usamos, para olvidarnos de la muerte. Este es mi punto de vista, para entender a este libro: creo que los seres humanos nos afanamos en huir de la verdad de la muerte, a la que no queremos ver ni llegar, como comenté de alguna manera en Oye Mike, ¿cuál es el sentido de la vida?. Para conocer más sobre Savater, pueden visitar:

http://www.savater.org/

Alguna entrevista:

http://www.savater.org/entrevista.htm

Volviendo al libro del bueno de Savater, habría tanto para comentar, pero puedo adelantar algo: leánlos tranquilos, Savater escribe en un estilo claro, tal vez lo más trabante será la cita de numerosos filósofos y pensadores, pasados y contemporáneos, que trataron los temas que explica. Pero creo si uno no conoce puntualmente la obra de tal o cual autor, puede seguir disfrutando de la lectura de este libro, que nos hace ver tantos puntos de vista para esperar, creer, buscar una vida eterna.

Hoy leamos un fragmento del primer capítulo (espero que el bueno de Savater, o de su editor, no se enoje por estas citas textuales). Comenta el pensador español, que en un vuelo de avión, quería descansar, pero imposible:

... Pero no hubo manera. Del asiento de mi izquierda, separado del mío sólo por el estrecho pasillo central, brotaba un géiser elocuente y persistente de teología aérea, una ducha oracular capaz de plantear y solventar todos los enigmas de nuestra amarga condición, la lección sin desfallecimientos que planea sobre nuestras dudas y afanes triviales con su mensaje trascendente, la visión del tercer ojo que no deja pegar ojo, la voz del más allá que despierta las conciencias o al menos no deja dormir tranquilo... vaya, un pelmazo en acción.

Prosigue Savater, con su estilo exquisito:

Era un tipo de mi edad -cuyos peligros conozco especialmente bien- y sermoneaba a una mujer más joven, menos de cuarenta, convencionalmente atractiva y al parecer resignada a prestarle una cierta atención (su paracaídas seguía, por el momento, debajo del asiento). El orador conocía todos los trucos del oficio, así que le reputé de inmediato un pasado -o un disimulado presente- clerical: carraspeaba de vez en cuando para subrayar algo especialmente fuerte y atrevido, incluía alguna risita (como consciente de que sus afirmaciones contradecían ciertas vulgaridades del sentido común de cuya bajeza suponía naturalmente dispensada a su oyente) y nunca perdía el afán de rotundidad aunque lo compatibilizaba con la mayor de las simpatías por la persistencia de lo misterioso. Perfecta complementariedad de lo inapelable y lo enigmático. Sabía del todo lo que sabía pero también sabía lo que nadie sabía del todo. ¡Menudo pájaro! La bazofia que retransmitía (desde el principio le noté un parentesco innegablemente radiofónico) era del género ecléctico, como suele ser lo más habitual en estos tiempos de sincretismo y cultura de internet, con especial hincapié en la vertiente hinduista del zafarrancho cosmológico. Junto a las noticias de psicología trascendental ("el cerebro lo graba todo, a lo largo de la vida... ¡y en el último instante pasa la película al revés!") otras sobre anatomía angélica ("el cuerpo es nuestro mejor amigo, pero no hay que olvidar que sólo es un caparazón"). Después, mirando al caparazón apetitoso de su vecina, suspiraba seductor: "¿qué otro cuerpo elegiremos a continuación de éste?". Se permite retozonas heterodoxias: "ni los papas del pasado ni el actual conocen el aspecto de Dios, por tanto se lo imaginan como un anciano de larga barba blanca, je, je, una especie de dieciséis o diecisiete años, guapo y travieso". Qué pícaro, en busca de exactitud. Luego se pone más pedagógico, describe las funciones y rangos de la jerarquía celestial hindú: Mani es el Poder, Parvati es el Espíritu Superior (él dice siempre "chuperior"), el cuerpo por aquí, la mente por allá... Concluye (sólo porque vamos a aterrizar, no porque se le haya acabado la cuerda): "es que nada es material. Y no se dan cuenta. Nada, nada es material". Bang, tomamos tierra. El piloto, chuperior.

Casi me sonrojo por sentir tanta animosidad contra este embaucador, probablemente ni peor ni mejor que muchos otros en numerosos y diversos campos. Pero debo admitir que las engañifas sobrenaturales me fastidian casi como ofensas personales. De mi predicador aéreo me subleva especialmente el tono de seguridad sin vacilaciones ni dudas que emplea, con toques hasta irónicos, como diciendo "¡pobres, los demás, creen saber pero no ven la luz, con lo fácil que es cuando se mira desde el punto adecuado...!". Ningún científico honrado hablaría con tal desparpajo prepotente de lo inverificable... ¡ni siquiera de lo verificable, si fuese auténtica y escrupulosamente honrado! El gran físico Richard Feynman dejó dicho: "Lo que no está rodeado de incertidumbre, no puede ser verdad". Y las preguntas que le arañan a uno la garganta al oírle a este embaucador aéreo despachar lo material como inexistente y dar todo lujo de detalles sobre lo "otro" de lo material, sea lo que fuere, son éstas: "Y usted ¿cómo diablos -o dioses- lo sabe? ¿Quién se lo ha dicho? ¿Qué pruebas tiene? ¿De dónde saca, pa'tanto como destaca?". Etc.

Bien por el bueno de Savater. Me gusta la mención a Feynman, la aceptación que un científico "honrado" no expone verdades definitivas, y pide pruebas, demostraciones o "mostraciones" ante una gran afirmación, en lugar de contentarse solamente con aceptar lo que otro diga, por más sistemático o coherente que parezca.

Luego sigue mencionando tantos temas interesantes: la verdad, crítica al posmodernismo, el "On Bullshit" de Harry Frankfurt, otro libro pendiente de comentario en este blog.

Pero por hoy, basta este aperitivo, delicioso.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com/

Por ajlopez, en: Filosofía