Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 22 de Agosto, 2007, 12:17

En junio de 1968, en el Centro Internacional de Física Teórica de Trieste, se desarrolló un congreso de física. Hubo una serie vespertina de conferencias, titulada "De la vida de los físicos", donde expusieron P.A.M. Dirac, W. Heisenberg, H.A. Bethe, E. Wigner, y O. Klein sobre sus propias vidas. Hubo una sexta conferencia, a cargo de E. Lifshitz, para recordar la vida de L. Landau que murió en ese año.

En la conferencia de Heisenberg, este físico alemán, que tanto aportó a la física cuántica, y que tuvo una participación controvertida en el desarrollo de la energía atómica en Alemania, durante la segunda guerra, fue presentado así por el propio P.A.M. Dirac:

Tengo la mejor de las razones para ser un admirador de Werner Heisenberg. El y yo éramos jóvenes estudiantes que investigábamos en la misma época, éramos aproximadamente de la misma edad y trabajábamos en el mismo problema. Heisenberg logró éxito donde yo fracasé.

Notable declaración de modestia, viniendo de Dirac el incisivo. Se refiere a la década del veinte.

En aquella época había una gran masa de datos espectroscópicos acumulados y Heisenberg encontró la manera apropiada de tratarlos. Al hacerlo inició la edad de oro de la física teórica y al cabo de unos pocos años resultaba fácil a cualquier estudioso de segundo orden hacer trabajo de primera línea.

Heisenberg sentó, junto con Max Born, y Pascual Jordan, las bases formales de la mecánica cuántica, ordenando esos datos, y tratándolos matemáticamente, usando mecánica de matrices.

Interesante el recuerdo anecdótico de Dirac:

Posteriormente tuve la gran suerte de hacer algunos largos viajes con él.

En Japón, donde fuimos muy hospitalariamente recibidos, comprobé sus sobresalientes dotes de alpinista y el notable sentido de las alturas que tiene Heisenberg. Teníamos que subir a una alta torre que en la parte superior ofrecía una alta plataforma rodeada por una balaustrada de piedra. Cada una de las cuatro esquinas se elevaba un poquito más que la balaustrada misma. Heisenberg trepó a la balaustrada misma y luego a la obra de sillería de una de las esquinas y permaneció allí, sin apoyarse en nada, de pie en unas seis pulgadas cuadras de piedra. Perfectamente tranquilo y sin importarle la gran altura, Heisenberg oteaba a lo lejos y alrededor. No pude dejar de sentir cierta aprensión. Si hubiera soplado un poco de viento la aventura podría haber tenido un resulta trágico.

Citado en La unificación de las fuerzas fundamentales, Ed. Gedisa, Adbus Salam, Werner Heisenberg, Paul Dirac.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Ciencia