Angel "Java" Lopez en Blog

1 de Septiembre, 2007


Publicado el 1 de Septiembre, 2007, 12:01

Y dale el tipo con Hobbes.... ;-)... Ya voy a pasar a otros temas, pero realmente los puntos que encontré hace una semana en un texto del bueno de Hobbes, me motivan para escribir y exponer en contrapunto, algunas ideas.

El tema del lenguaje es tratado por Thomas Hobbes en el capítulo IV de su Leviatán. Llega el momento donde trata del abuso del lenguaje:

.... [hay] cuatro abusos [del lenguaje]. En primer lugar, cuando los hombres registra mal sus pensamientos debido a una inconstancia en la significación de sus palabras, con lo cual se engañan registrando como concepciones lo que nunca concibieron. Segundo, cuando usan metafóricamente las palabras, esto es, en un sentido distinto de aquél para el que fueron ordenadas, y con ello engañan a otros. Tercero, cuando declaran mediante palabras una voluntad que no es la suya. Cuarto, cuando las utilizan para agraviarse unos a otros...

Ya he destacado en otros post, el abuso de la metáfora, que aparece como segundo abuso en Hobbes. Y el primero, interpreto, se produce cuando tomamos de la palabra un significado que estira lo que queremos decir, cuando tomamos una palabra más grande de lo que prudentemente podríamos utilizar en el argumento.

Luego de discutir sobre el nombre, a qué designa, Hobbes destaca que verdad y falsedad no está en los hechos, sino que son atributos del lenguaje, lo que se afirma es verdadero o falso, no el hecho.

Defiende la necesidad de definiciones, con lo que Hobbes se transforma acá en este blog, en el bueno de Hobbes:

Viendo entonces que la verdad consiste en el orden correcto de los nombres en nuestras afirmaciones, quien busque una verdad precisa necesita recordar aquello a lo que se refiere cada uno de los nombres utilizados, y situarlo de acuerdo con ello; en caso contrario, se verá enzarzado en una maraña de palabras como el pájaro en un cepo, y cuanto más luche más atrapado se verá. Por eso en la geometría (única ciencia que Dios se ha complacido en donar a la humanidad), los hombres empiezan estableciendo los significados de sus palabras, significados que llaman definiciones, y situándolos al comienzo de su investigación.

¡Aplausos, Mr. Hobbes! Ni que lo hubiera escrito yo mismo: la definición impide que haya intérpretes de Euclides, como al parecer hay de tantos filósofos que no han tenido la paciencia, deferencia o capacidad de expresarse claramente.

Pero la búsqueda de definiciones, no parece gozar de defensores últimamente, donde en tantas corrientes filosóficas se acusa a la definición como algo anquilosante, algo malo heredado de la lógica, o de no se cuál dualismo a superar, que no permite el crecimiento mediante la interpretación, usualmente desbocada. Espero mantenerme alejado de semejantes corrientes.

Mi postura no es usar la definición como algo anquilosante, algo que mata en el acto lo definido. Sino que sirva como puente de acuerdo, comunicación, con el que va a recibir el mensaje. Y como siempre, estar "aware" de que las definiciones son, en principio, para eso. Solamente más adelante, podemos asentarlas en algo más firme, si es eso posible. Si la definición es difícil de alcanzar al comienzo, podemos brindar ejemplos y contraejemplos. Recordemos igual la opinión de Frege sobre la definición: debe servir para saber si un ente entra o no en la definición, y es conveniente que sea acompañada de ejemplos y contraejemplos.

En el capítulo siguiente, el V, aparece el uso de la razón, privilegio de los seres humanos. Pero advierte Hobbes:

... este privilegio está reducido por otro, y ese otro es el privilegio del absurdo, al que ninguna criatura viviente está sometida salvo el hombre. Y de los hombres, quienes más sometidos están a él son quienes profesan la filosofía. Porque es muy cierto lo que Cicerón dijo de ellos en alguna parte: que ninguna cosa tan absurda puede encontrarse como algunas presentes en los libros de filósofos. Y la razón es manifiesta. Porque no hay uno sólo de ellos que comience su raciocinio a partir de definiciones, o explicaciones de los nombres a utilizar, método que sólo ha sido usado en geometría y cuyas conclusiones se han hecho indiscutibles por eso mismo.

Hobbes me conmueve ;-) : hasta usa el mismo ejemplo que yo, la geometría. No he visto que Euclides tenga que ser interpretado. Los hermeneutas de Euclides se han jubilado a la semana de trabajo. Notable la opinión de Cicerón.

He leído varios libros de filosofía, especialmente durante este siglo. Les puedo asegurar que la carencia de definiciones claras, es algo que infecta tanto esfuerzo de filosofía pasada. El párrafo anterior, me hace sentir no tan solo, en mi reclamo. Hubiera deseado que por lo menos Hegel lo hubiera leído en algún momento.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com/

Por ajlopez, en: Filosofía

Publicado el 1 de Septiembre, 2007, 11:58

Sigamos leyendo y comentando el capítulo IV del Leviatán de Thomas Hobbes, donde se trata del lenguaje. Leemos sobre el uso del lenguaje:

El uso general de la palabras consiste en trasnformar nuestro discurso mental en discurso verbal...

Ya Hobbes anteriormente en el mismo libro, había planteado la existencia de discurso mental, sin uso de lenguaje. Yo creo que hay pensamiento sin lenguaje, pero no sé si hay discurso mental sin lenguaje. Podríamos discutir bastante sobre esto. Independientemente de esto, el lenguaje lo usamos en gran parte de nuestro pensamiento como en nuestra verbalización del mismo.

.... y esto para cumplir dos finalidades. Una de ellas es registrar las consecuencias de nuestros pensamientos que, propensos a deslizarse fuera de la memoria y forzarnos a un nuevo trabajo, pueden así recordarse otra vez gracias a las palabras con las cuales se troquelaron. De este modo, el primer uso de los nombres es servir como marcas o notas de rememoración.

Interesante concepto: pensamos, pero las palabras nos sirven para recordar lo que hicimos con el pensamiento.

La segunda finalidad de la palabra consiste, cuando muchos de utilizan las mismas, en indicar (por su conexión y orden) lo que unos y otros conciben o piensan de cada asunto, y también lo que desean, temen o es objeto de alguna otra pasión suya. Y para este uso los nombres se denomina signos.

Hay para Hobbes, cuatro usos especiales del lenguaje:

... primero, registrar aquello que por pensamiento descubrimos como causa de alguna cosa presente o pasada, y aquello que a cosas presentes o pasadas pueden producir o efectuar, lo cual es, en suma, adquisición de las artes; en segundo lugar, mostrar a otros el conocimiento por nosotros alcanzado, cosa que implica aconsejar y enseñar un hombre a otro; en tercer lugar, expresar a otros nuestras voliciones y propósitos para poder gozar de ayuda mutua; en cuarto lugar, satisfacernos y deleitarnos...

Me gusta destacar el segundo uso: el transmitir conocimiento, el mostrar lo que conocemos. Y para cumplir con esa función, me parece imprescindible reducir la ambigüedad intrínseca de todo lenguaje, y la persecución a ultranza de la claridad.

Así como hay usos, hay abusos del lenguaje, para Hobbes. Pero eso daría para otro post.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía