Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 17 de Septiembre, 2007, 0:45

El pasado 9 de Agosto fue dictada la primer clase de este cuatrimestre del curso de Cristina Lozano y Liliana Delgado, de Ideas y Organizaciones. El tema de este cuatrimestre será qué es el hombre. Recordemos el temario a visitar:

I- Marcando territorio: ¿Qué es “el hombre”?
Un habitante de dos mundos: Platón, Fedón
Un animal político, un ser social: Aristóteles, Política
Imagen y semejanza de Dios:  San Agustín , Confesiones 
Una cosa que piensa:  Descartes, Meditaciones metafísicas
Nunca un medio, sólo un fin: Kant, La religión dentro de los límites de la Razón
Animal simbólico:  E. Cassirer, Antropología filosófica

II- Un nuevo horizonte: El proyecto humano
Como protagonista de su  destino: Pico de la Mirándola, Discurso sobre la dignidad del hombre
A la luz del homo faber:  Marx, Manuscritos económico filosóficos
Hacia las relaciones con el otro: Sartre, El ser y la nada
Un ser-en-el-mundo: Heidegger, Ser y tiempo
En busca del espacio moral: Ch. Taylor, El malestar en la modernidad

III- Del otro lado  del cerco
Lo humano: “El minuto más altanero...”; Nietzsche, De la verdad y la mentira en sentido extramoral
Bajo sospecha: Freud, El porvenir de una ilusión  
Ciudadano de la gran ciudad: Subirats, El alma y la muerte; Kafka, América
En las garras de la sinrazón: Foucault, Historia de la locura
Un sujeto descentrado: Foucault, Las palabras y las cosas
Hombre y no-hombre: G. Agamben, Lo abierto. El hombre y el animal
El patriarcado en desorden: Castell, La era de la información
Mitos acerca de “lo femenino”: Simone de Beauvoir, El segundo sexo 
¿Una fórmula de ADN?:  D. Dennet , Dulces sueños ...

Quisiera en este post, resumir lo tratado sobre el problema del hombre, y agregar mis comentarios. La presentación del tema ocupó la primera media hora (cada clase dura dos horas), y luego pasamos a analizar a Pico della Mirandola, al cual dedicaré otro post. Encaremos ahora el problema del hombre.

Cada clase, es dirigida por una de las profesoras, con intervenciones de la compañera. En esta clase, dirige Liliana Delgado, ayudada por Cristina.

¿Qué es el hombre? Todos tenemos idea de quienes somos, pero es difícil definirlo, pasarlo a palabras y conceptos. Es una pregunta que ha sido tratada desde hace milenios. Exploremos algunos intentos de respuestas.

¿Qué es el hombre? ¿Cuál es su destino? ¿Cuál es su excelencia? ¿Cuál es su tarea, si la tiene? Occidente ha sido pródigo en respuestas. Como la mayoría de las preguntas que ha tratado de resolver la filosofia, está atravaseda por dualismos. Siempre se está privilengiando un elemento sobre otro: el espíritu sobre la materia, los sentimientos sobre la razón, o al revés. Hay intentos para salir de estos dualismos, porque dan una sensación de incompletitud, de no poder abarcar toda la respuesta posible.

En el programa de este cuatrimestre, hay pensadores clásicos (como Platón y Aristóteles) y otros más cercanos a nosotros (como Cassirer), que demarcan un territorio a partir del cual podemos pensar lo humano. Es lo que en el temario se agrupa bajo: I- Marcando territorio: ¿Qué es “el hombre”?

Como otro eje de esta propuesta, aparecen otros pensamientos. Como comenté, en esta clase comenzamos por Pico Della Mirandolla, y su Discurso sobre la dignidad del hombre. Son los pensadores de: II- Un nuevo horizonte: El proyecto humano

El tercer eje, es "el otro lado del cerco", salir de ese cerco de los dualismos, que han aprisionado todo el pensamiento occidental. El dualismo del que hablan Lozano y Delgado, es el planteado entre esencia humana y existencia humana.

Cuando Occidente piensa al hombre, lo hace desde el concepto de naturaleza humana, concepto que se ha naturalizado: estamos pensando todo el tiempo desde una naturaleza del hombre, que nos remite a una esencia fija. Recien se desbarata, se pone en cuestión, en el Siglo XX. Tal vez es nada, y se va construyendo segun el contexto.

Creo que acá Liliana se refiere a pensadores como Heidegger, o al bueno de Ortega y Gasset. Yo todavía tengo pendientes varias lecturas, pero recordemos acá a Ortega y su "yo soy yo y mis circunstancias", que destaca de alguna manera, que uno, como ser humano, nace y se desarrolla en un contexto.

Liliana destacó que aún sigue circulando en el lenguaje corriente que tenemos naturaleza humana.

En mi opinión, tenemos naturaleza humana, aunque no me queda claro en qué sentido la usa cada pensador que vamos a visitar. Para mí, somos antropoides con algunas capacidades adicionales, y no una tabla rasa, en blanco, sobre la que podemos dibujar cualquier cosa. Tenemos apetitos, deseos e impulsos, pero también (y aquí viene lo distintivo) podemos levantar la cabeza, tomar distancia, poner perspectiva, y antes de actuar, examinar lo que vamos a hacer. No somos un conjunto de actos reflejos. Por más que nuestros instintos y pulsiones estén integrados a nuestro actuar, tenemos la gran capacidad de la conciencia: podemos examinar las situaciones, examinarnos a nosotros mismos, formar conceptos y modelos, tener pensamientos abstractos, imaginar consecuencias. Y tenemos la voluntad de resistirnos a nuestros primeros impulsos.

No veo que tengamos una tarea, o excelencia: simplemente, estamos. Todos los descubrimientos de la ciencia, en estos últimos siglos, me muestran que el ser humano es algo contingente, una simple instancia en el universo, de algo asombroso: la vida, la organización creciente, la aparición de inteligencia. Pero somos como una hormiga: no somos EL INVERTEBRADO, con tarea y excelencia, solamente somos una instancia de la idea de vida inteligente. Bien podría ser que no estuviéramos aquí. Bien podría ser que si no hubiera caído un meteorito hace 65 millones de años, la vida inteligente del planeta tendría cola de tiranousaurio.

En cuanto a esencia humana, no comprendo exactamente a qué se refiere. Si es lo que hace que un ser humano sea un ser humano, y que si falta, es otra cosa, yo la asimilaría a naturaleza humana. Pero sospecho que varios pensadores incluyen como esencia humana al fin del ser humano, a la tarea que "tiene encargada", como podría ser el estudio de las causas finales de Aristóteles, tan adicto a lo teleológico, o el planteamiento del cristianismo, que nos dibuja un camino hacia la redención.

La pregunta de varios pensadores, se puede expresar en la duda ¿hay esencia humana o condición humana? de nuevo estamos en un dualismo, que es difícil romperlo. No me es claro a qué refiere el término esencia humana, que asimilo a naturaleza humana. Ante este dualismo, sólo puedo oponer lo expuesto arriba: tenemos naturaleza, derivada de nuestra evolución, y tenemos condición humana, derivado de nuestra capacidad de decidir, ver más allá y reflexionar sobre nuestras acciones.

Sigamos con la clase.

La naturaleza humana, que parecía desbaratado desde la filosofía del siglo XX (donde visitaremos Sartre y otros, para los cuales la existencia precede a la esencia, sea lo que sea que eso signifique), se desentierra desde la genética.

Acá detecto siempre algun prejuicio: la gente se resiste a considerar al ser humano como organismo, con genes, naturaleza animal, y demás. Parece siempre haber un resabio a considerarnos algo especial, algo que fue tocado por el dedo de un dios, y que estamos destinados a un futuro especialmente dado para nosotros, mientras que el universo simplemente fue creado para sernos dado como regalo en el paraíso.

Me parece saludable que la ciencia, la biología, la genética, surgan y se resistan a un discurso existencialista. Simplemente, hay, como siempre digo, estar "aware", advertido, percatado, de las limitaciones de cualquier aproximación unilateral al problema. El entierro de la naturaleza humana, por filósofos sentados en mesas de café, me parece algo a superar.

Pero, como durante curso del año pasado, surge la pregunta ¿en qué medida está condicionado por sus genes? Mi respuesta: estoy condicionado, hasta que me doy cuenta de las limitaciones y busco formas de superarlas. Por sus genes, el ser humano no puede volar. Pero vuela. Por sus genes, el ser humano no tiene garras ni fuertes dientes para desgarrar a su presa, pero mata y desgarra al leopardo. Somos genes, y más que genes. Tan simple como eso.

En una clase del año pasado, se planteó como ejercicio, que analizáramos qué factor era más importante para el desarrollo de una persona. Se enumeró (no tengo acá la lista completa) el entorno tecnológico, el entorno socioeconómico, los genes. Tengo pendiente escribir sobre esa clase, pero el ejercicio me ha tomado más de un año: muchas de las lecturas que he encarado en este último año, fueron guiadas por mi interés en ese problema planteado. En otro momento, escribiré más en detalle lo que he avanzado. Pero algo ya mencioné acá: tenemos naturaleza humana, también tenemos entorno, pero tenemos la voluntad. Aun con nuestros genes, aun dentro del ambiente que nos toque, podemos hacer más que reaccionar: podemos actuar.

Actualmente, el discurso de los genes es muy fuerte. No ocurría hace 25 años atrás, según Delgado. Imagino que en plena época posmoderna y de reacción a la modernidad, se veía con disgusto toda cosa que venga de la ciencia. Por suerte, eso no impidió que siguiéramos avanzando en la comprensión de la realidad.

Recordó Miss Delgado, que hoy se habla del gen del egoísmo. Ciertamente, expresiones como ésa aparecen, tal vez es más frecuente encontrarse con el gen de la obesidad, o el gen de la diabetes. Pero quisiera levantar la mano y mencionar: sólo algunos científicos apelan a semejante expresión. En el ámbito de la ciencia, se es conciente que esas expresiones son simplificaciones. Lo que sucede, es que muchas veces ese tipo de afirmaciones son las que llaman la atención en los medios, y son recortadas o puestas de tal forma, que aparecen como verdades escritas en piedras (por suerte, es frecuente que en la nota aparezca alguna entrevista a alguien que conozca del tema, y advierta que hablar de gen de tal cosa es una especulación bastante arriesgada; lamentablemente, suele ser un simple recuadro, luego de un título demoledor como "Se descubre el gen del amor").

Jorge, uno de los participantes, se alarmó un momento, mencionando que esto de ver en los genes la determinación del hombre, nos haría "volver a Adolfito y sus compañeros de clase". Bien, cualquier descubrimiento científico, se puede estirar y ver desde tantos puntos de vista, que hay que ser prudente. Basta ver lo que pasó con las ideas de Darwin, que desembocaron, vaya uno a saber cómo, en las ideas de Spencer, sobre la superioridad de algunos sobre otros. O ver cómo desde la relatividad del bueno de Einstein, se ha llegado a "todo es relativo" y similares. Como tantas veces, la culpa no la tiene la ciencia, sino el hombre, que, sin ser científico, toma cualquier idea y la lleva más allá de su aplicación razonable. No le temamos a la investigación biológica: solamente, estemos "aware", advertidos, lúcidos, de la diferencia entre una afirmación de la ciencia (conocimiento perfectible) y las conclusiones, afiebradas o no, que podemos sacar de ella.

Lozano, ante la alarma de Jorge, explicó lo siguiente: muchos pensadores consideran, que debido a que nuestra realidad está atravesada por tecnología, se hace imperioso pensar qué es el hombre, el hombre como razón, como logos, y repensar el concepto de persona, de dignidad, que trae el cristianismo. Una sociedad altamente tecnológica, atravesada por tecnología, donde el discurso científico, hace imperioso que el pensamiento revise, vea de nuevo, y busque una definición del hombre acorde a la realidad. Si la filosofía se ocupó siempre de la realidad, la realidad necesidad pensar al hombre.

Algunos comentarios míos: creo que la tecnología está entre nosotros y permea nuestras actividades, pero no hay que recargar sobre ella muchos de los problemas que tenemos entre manos. El pensar el hombre es imperioso, ya sea con tecnología o sin ella. Hay corrientes de pensamiento, que hacen de la tecnología un cuco, que afirman que "la tecnología", o "la tecnociencia" (palabrota inventada para poner en la misma bolsa términos distintos) es "algo" que nos lleva al desastre. Yo afirmaría que la tecnología es una herramienta, y que somos nosotros, los seres humanos, los responsables de usarla de una u otra manera. Sino, parece que fuera la "tecnociencia" la culpable, en vez de nosotros mismos, del estado de situación de las cosas.

Dicho esto, veamos que la ciencia (que es algo distinto de tecnología, si es que vamos a usarla así como sustantivo), especialmente la biología y sus aledaños, ha ido arrojando grandes luces sobre lo que es el hombre. Ninguno de los grandes pensadores de hace siglo y medio, tenía idea de lo que Darwin puso de manifiesto: el tiempo profundo, la evolución biológica, y que el hombre es el resultado de un proceso. Es ahí donde la filosofía tiene que volver a la ciencia. Hace unos siglos, un filósofo dominaba la ciencia de su tiempo. Hoy, veo, pocos son los pensadores de filosofía que conocen la ciencia que tenemos. Si queremos avanzar en la comprensión del hombre, bienvenida la filosofía y la instropección y la discusión del existencialismo: pero quisiera ver también ahí que, entre tantas corrientes de pensamiento, alguien recoja el guante de la ciencia, que con Darwin por una parte, y la física del último siglo, han descubierto más de la realidad que tanto seso aplicado a la filosofía de salón y café parisino.

Guadalupe, una de las asistentes, preguntó si el concepto de naturaleza humana estaba enterrado en el siglo pasado.

Delgado contestó: la filosofía no consideraba que era una esencia fija (algunos pensaban así, yo debería revisar la discusión al parecer famosa, entre Foucault y Chomsky ver Human Nature: Justice versus Power). Todos los acontecimientos del siglo XX, el sicoanalisis hicieron desbaratar esta idea de que hay una esencia fija (hmmm... yo no pondría al sicoanálisis como responsable de eso, me remontaría a la evolución, y a la sicología en general; los modelos del sicoanálisis son bastante especulativos). Se comenzó a pensar que el hombre se construye (ahí yo tendría que estudiar más lo que dice Ortega). La genética, asociada a la biotecnología, hace que se replantee la idea de hombre, y cuanto ya hay de dado por la vía de los genes. Esta idea (de algunas corrientes de pensamiento filosófico) de que no hay naturaleza humana, se ve desafiada por esta nueva postura. La idea de naturaleza humana, enterrada, ahora es un cadaver que se desentierra (como tantas veces, a la filosofía se le podría recitar aquello del Don Juan: "los muertos que vos matais, gozan de buena salud"... ;-)

Alberto planteó entonces que por genética se podría modificar la naturaleza humana.

A ver, tengamos claro algunos puntos, porque sino, mi opinión sobre el tema se esparce.

Primero: el ser humano es producto de un proceso evolutivo.

Segundo: el ser humano es un organismo. En mi postura, no hay alma separada de cuerpo, o alma inmortal.

De estos dos puntos, debemos recordar que, al ser producto de un proceso evolutivo, aún tenemos en alguna parte de nuestra cabeza, un pequeño cerebro de reptil.

Tercero: el ser humano tiene capacidades, como la conciencia, el pensamiento abstracto, la imaginación (podemos discutir la lista y las definiciones) que hacen que sea algo más que una ameba, que simplemente reacciona al medio. Como decía Rousseau, el ser humano es un "animal depravado": es decir, un animal que ha dejado de ser simplemente animal, ahora, no es un organismo que simplemente reacciona, sino que tiene más capacidades, reflexivas si se quiere decir así.

Cuarto: el ser humano, como individuo, y hasta como organismo, no se determina solamente con los genes. Como organismo complejo, debe aprender del entorno (de ahí, que en los mamíferos superiores, las crías no se separan de sus padres o manada original, sino que "se completan" en la crianza; aún nuestro organismo no está terminado al nacer: el sistema inmunológico se "construye" durante los primeros años de vida).

Volviendo al planteo de Alberto: el ser humano, al no ser solamente genes, y al tener capacidades que van más allá, por lo menos en cantidad, de las capacidades que encontramos en el resto de los animales, tiene una naturaleza que no depende solamente de los genes.

Con la aparición de la cultura, la acumulación de conocimiento, el pichón de humano que somos al nacer, se ve inmerso en un sistema de formación, un sistema que lo completa, que va más allá de los genes.

Pero es interesante, igualmente, especular cuál será nuestro futuro: estamos llegando a niveles de manejo de la genética, que habían sido vislumbrados solamente en la ciencia ficción. Es en esta rama de la literatura donde encontraremos algunas puntas de lo que puede ser nuestro futuro.

Por ejemplo, el relato corto "Sala de billar darwiniana" del bueno de Isaac Asimov, me llamó la atención sobre un punto: bien puede que la evolución no haya terminado, y que ahora, dejando de ser biológica, de paso a nuevas formas de cambio, ayudadas por la ciencia.

"El fin de la infancia" de Arthur Clarke, augura un futuro, pero para toda la humanidad, realmente alucinante. Lean el libro!!

"Más que humano" del siempre excelente y magnífico Theodore Sturgeon, camina por otros lares: la aparición de simbiosis entre individuos.

"Hacedor de estrellas" de Olaf Stapledon, es el que me ha abierto más la mente, a las posibilidades del universo y la vida, inteligente o no.

Y para el tema de cambios genéticos y en la naturaleza humana, tenemos para leer a Stanislav Lem y a Philip Dick.

Bueno, basta de ciencia ficción, tan interesante. Recordemos acá las ideas de Kurzweil, lean el post del bueno de Jorge Jaurena sobre la inmortalidad según este inventor y futurista. 

Volvamos a la filosofía. Algunas frases finales. Lozano destacó que el hombre era una esencia ideal, antes del siglo XX, y que esa esencia no es el mismo concepto que trae la tecnociencia (ese horrible término lo usa ella, no yo). Delgado describe que esa idea de pensar la naturaleza humana, era un paragüas desde donde se pensaba al hombre, y el siglo XX rompe ese paragüas. De nuevo, creo que se refiere a una corriente del pensamiento, identificar a todo el siglo XX con solo esa corriente, me parece exagerado. Hubieron descubrimientos científicos que influyeron decisivamente en el pensamiento.

En nuestra vida diaria, está viva la creencia de una naturaleza humana. El hombre es egoísta, decimos, porque "el hombre siempre fué el mismo". Creo que algo somos, pero vamos cambiando. Tenemos más cultura, información, conocimiento, otras perspectivas. Somos nosotros y nuestras circunstancias. Pero al pan pan, y al vino vino. Abracemos la ciencia, para ir dialogando con la realidad. Y tomemos la filosofía, para plantear las preguntas, y quizá alguna respuesta, de lo que va más allá de la ciencia.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía