Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 7 de Octubre, 2007, 17:01

Muchas veces leo sobre autores que no separan la ciencia de la tecnología, y hasta hay por ahí una palabra tecnociencia para denominar un entramado fuerte entre las dos esferas. Toda actividad humana se relaciona con otras actividades, pero no hay que ver en la ciencia una búsqueda del dominio de la naturaleza, sino más bien, de arranquerla a ésta sus secretos. Leamos unos párrafos de Miguel de Asúa (más sobre el autor y la obra, al final del post) (como otras veces, este post debería estar en ambas categorías, Ciencia y Filosofía, pero Zoomblog me permita una sola).

... el deseo de develar los secretos de la estructura y funcionamiento de la naturaleza, el impulso lúdico a desentrañar cómo opera el universo, no es lo mismo que el de transformar o dominar la naturaleza. Ambos pueden coincidir, pero esto no es de ninguna manera necesario -es más, yo diría que pocas veces coinciden-. Hay que distinguir, entonces, entre la pasión por el saber mismo, y la vocación de utilizar dicho saber para hallar medios de desatar o controlar las fuerzas de la naturaleza en beneficio o perjuicio de la humanidad, según se dé el caso. Lo primero compete a la llamada "investivación básica" o pura, lo segundo a la "investigación aplicada" o técnología, que a su vez es puesta en práctica por la ingeniería, la agronomía o la medicina. Es frecuente encontrar en los medios de comunicación, en el discurso político, en la opinión pública en general la reducción de la ciencia a la tecnología, la identificación de la ciencia con la tecnología, en fin, la idea de que el único valor de la ciencia es desplegar el abanico de sus aplicaciones tecnológicas, las cuales tienen como consecuencia la riqueza y el bienestar de un pueblo. [...]. Creemos en el valor intrínsico de la búsqueda del conocimiento, la validez de descubrir más y más cerca del mundo que nos rodea y del cual somos parte, en la aventura de aprender, en el placer de jugar y en la virtud de enriquecernos con lo que supimos encontrar. Por lo menos hasta fines del siglo XIX lo que movió el espíritu de la humanidad a escudriñar las entrañas del cosmos fue, en gran medida, un desinteresado afán de conocer cada vez más. Y ese afán continúa vivo y activo.

Algunas opiniones mías. No creo que haya un espíritu de la humanidad movido a desentrañar el cosmos. Creo, mas bien, que hay personas que a lo largo de la historia, se han interesando en conocer los mecanismos del cosmos, lo que ha desembocado en la ciencia, y en las causa últimas, los por qué de la realidad, que ha sido fruto a sembrar en el campo de la filosofía. Gran parte de la humanidad ha vivido su vida luchando por la supervivencia. Pero lo interesante del ser humano, es que se interroga por la realidad, intuye un cosmos, una realidad con orden, y se pregunta por sí mismo y su posición en todo esto. La ciencia ha sido la respuesta a muchas de esas preguntas. En otros tiempos, la curiosidad por esos temas, ha sido saciada por los mitos. Y aun hoy, la religión se ocupa de responder esas cuestiones. Hay entonces, una necesidad de tener una configuración del mundo, para calmar, de alguna forma, la inquietud de la existencia.

Volviendo a la ciencia: me parece importante hacer notar que los que hacen la ciencia, en general, no se ven movidos por el afán del dominio de la naturaleza: más bien la ven como un gran enigma, con el cual luchan, y se enorgullecen cuando logran arrancar un pedazo de la solución final. Claro, luego está lo que se hace con la ciencia, o cómo se la utiliza. Pero no veo que Einstein se haya movido por una necesidad de dominio de la naturaleza. Así como pongo a Einstein, pondría a cantidad de otros científicos. Los estudiantes de ciencia que he conocido, los veo motivados por las mismas razones: la persecución de la solución del gran enigma de la naturaleza. Ha habido algunas personas que han perseguido el dominio de la naturaleza (se me ocurre ahora Francis Bacon), pero creo que no son la corriente principal del movimiento científico.

El autor nombra al siglo XIX, veamos el porque:

... es importante desacar que la situación según la cual a ciencia se vuelve ciencia aplicada y ésta tecnología es relativamente reciente. Data, como señalamos en el párrafo anterior, de fines del siglo XIX, de la denominada "segunda Revolución Industrial", que consistió en la aplicación de la electricidad, las telecomunicaciones y la industria química (la "primera Revolución Industrial" tuvo lugar durante la segunda mitad del siglo XVIII y fue consecuencia de la máquina de vapor y sus aplicaciones a la industria y la extracción de materias primas). Antes de fines del siglo XIX, la tecnología corrió por caminos separados de aquellos que trazaron el crecimiento de la ciencia. Más aun, en muchos casos fue la tecnología la que, generada por artesanos y personas con experiencia práctica, contribuyó a los avances científicos. El ejemplo más ilustrativo de esto fue el desarrollo de la máquina de vapor. Los principios científicos, físicos, del funcionamiento de la misma se conocieron mucho después de que las mismas habían contribuido al crecimiento productivo, abaratado las mercancías, impulsado la expansión imperial y transformado la sociedad europea en las grandes concentraciones urbanas donde los obreros se acumulaban en las fábricas y barrios con infames condiciones de salubridad -en fin, lo que el poeta romántico inglés William Blake, un vociferante crítico de la industrialización, llamó "las fábricas de Satán"-. La secuencia "ciencia-tecnología" es característica del siglo XX. Durante este siglo, los hallazgos de la física cuántica posibilitaron la electrónico; el descubrimiento de la estructura íntima de la materia tuvo como consecuencia las aplicaciones (buenas y malas) de la energía nuclear; la genética y la biología molecular resultaron en innumerables aplicaciones en las áreas de la agricultura y la medicina; y así sucesivamente. Una cuestión muy debatida en este contexto es ¿hasta qué punto es posible fomentar avances tecnológicos cultivando la ciencia aplicada y hasta qué punto los mismos son un resultado de la investigación básica desinteresada? Sobre la base de los ejemplos citados - apenas los más llamativos en la ciencia y la tecnología del siglo XX - yo me inclino por la segunda opinión. La mayor parte de los avances realmente significativos fueron resultado de la desinteresada investigación básica.

Yo también me inclino por esta posición. Aclararía que aunque muchas investigaciones son soportadas por empresas (como los laboratorios Bell) igualmente se promueve la investigación básica, sin tener siempre claro sus posibles aplicaciones. Y en las universidades, se promueve la investigación básica, como una forma de búsqueda de prestigio de la institución, sin que por eso corten todos los lazos con la industria.

Miguel de Asúa es doctor en Medicina (Universidad de Buenos Aires), M.A. en Historia y Filosofía de la ciencia y Ph.D. en Historia de la Ciencia (University of Ntore Dame, EE.UU.). El texto es de la introducción de su interesante libro Los juegos de Minerva, Eudeba, colección Ciencia Joven. Otros libros de los que es autor o coautor: Imágenes de Einstein, Ciencia y Literatura.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com/

Por ajlopez, en: Filosofía