Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 8 de Diciembre, 2007, 16:00

Encuentro este texto en la introducción a Las mil caras del realismo, de Hilary Putnam, editorial Paidós. La introducción es de Miguel Angel Quintanilla, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Salamanca.

Quintanilla describe en sus propias palabras las características de lo que Putnam denomina realismo metafísico:

1. El mundo existe independientemente de nuestros conceptos y representaciones.
2. Ese mundo objetivo e independiente tiene una estructura determinada; es decir está compuesto de cosas, propiedades, hechos objetivos que existen independientemente de que nosotros los conozcamos o no.
3. Una representación verdadera o correcta del mundo es aquella que se refiere a objetos realmente existentes en el mundo y describe las propiedades que esos objetos realmente tienen.
4. Existe (aunque no la conozcamos todavía) una imagen o representación completa del mundo objetivo tal como es en sí mismo (lo que Putnam identifica como "el punto de vista del Ojo de Dios").

Cuando lo leí por primera vez, me llamaron la atención los dos últimos puntos, con los que estoy de acuerdo, pero hasta ahí. Si se toman tal cual, sin crítica, literalmente, pueden llevar a críticas duras contra este tipo de realismo. Es claro para mi posición, que esos puntos son un paso al límite, no se llega nunca a ese límite al que señalan.

Tomemos juntos ese tercer y cuarto punto. Las imágenes y representaciones son de un sujeto humano, no podemos afirmar tan sueltos que hay, que existe, una imagen o representación completa. Si bien podemos ir obteniendo cada vez más una mejor aproximación a la descripción de la realidad, el mapa nunca será el territorio, nunca describirá al territorio como es "en sí mismo". Es parte del límite natural del mapa, y en este caso, del conocimiento humano, porque es conocimiento, es mapa.

Entonces: no existe una representación Ojo de Dios, aunque podemos ir aspirando a mejorar las nuestras; lo que existe es la realidad. Y no hay representación verdadera, toda representación es aproximadamente verdadera, usa conceptos y abstracciones que no están en lo representado, sino que son producto, por un lado, de nuestra forma de funcionamiento, de las operaciones mentales que estamos obligados a hacer, y por otro, de nuestro conocimiento incompleto.

El tercer punto se puede identificar con la idea de verdad como correspondencia. Creo que hay que relajar un poco esa idea, saludablemente. No hay que abandonarla. Sólo estar "aware" de que no hay correspondencia completa, hay alguna adecuación a lo que es la realidad. Tampoco es cuestión de caer en el relativismo completo, y que nuestras representaciones son subjetivas en grado sumo. Nuestras representaciones tienen alguna cualidad de adecuación a la realidad. Lo que no podemos aspirar es a la correspondencia completa, siempre algo le ponemos nosotros. Tenemos que aspirar a tener representaciones donde lo objetivo esté cada vez más presente, aunque lo subjetivo sea irradicable.

Una cosa es la realidad, y otra la representación que nos hacemos de ella. La realidad es como es, independiente del sujeto. La representación es subjetiva. Decir "la realidad la tengo en la cabeza", es, en mi jerga, algo como "llevo en la cabeza una representación, usando constructos humanos, de lo que hasta ahora me imagino que es la realidad".

Creo que podemos ponernos de acuerdo en cuanto de objetivo tiene una representación, sin necesidad de apelar a la intersubjetividad, el consenso. No hace falta votar en grupo para determinar el grado de adecuación de una representación a la realidad. Hay formas de someter una representación a prueba, a corroboración, a crítica.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía