Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 9 de Enero, 2008, 10:35

Otra historia de Bunge, de su introducción de A la caza de la realidad. Esta vez, algo más humano, más relacionado con personas:

Cuando los nazis se hicieron con el poder, Max Planck, el abuelo de la física cuántica, conservó su puesto como máximo funcionario de la ciencia alemana. Una vez, durante la ceremonia estatal, se le vio levantar tímidamente su brazo derecho haciendo el saludo nazi (Heilbron, 1986). Es verdad, Planck nunca se unió al partido nazi y jamás denunció la "ciencia judía". Más aún, protegió lo poco que los nazis habían dejado de la buena ciencia alemana y defendió la racionalidad así como el realismo. Con todo, Planck amonestó a Einstein por renunciar a la Academia Prusiana de Ciencias y, durante la guerra, ofreció conferencias a través del país y en los territorios ocupados. Por lo tanto, legitimó el régimen con su sola presencia en lugares visibles. En suma, Planck, junto con millones de sus compatriotas alemanes, parecía casi negro desde fuera, pero parece haber sido casi blanco por dentro. ¿De qué color fue, entonces, Planck de verdad, de hecho, en realidad? ¿O se trata de una pregunta mal formulada, puesto que el color, lejos de ser una propiedad primaria, se haya en el ojo de quien mira? En cualquier caso, todos sabemos que la apariencia, la simulación y el disimulo, así como la percepción errada y el autoengaño, son parte de la realidad social.

Creo que el uso de la metáfora del color, sobre Planck, es confusa. El juzgamiento de la actitud de Planck no depende de lo que nosotros creamos, o veamos, sino de lo que realmente Planck pensaba, sentía y decidía hacer.

No encontré en mis lecturas, mayores datos sobre la actitud política de Planck. El libro que menciona Bunge es: Heilbron, J.L. 1986. The Dilemmas of an Upright Man, Berkeley, University of California Press.

Este es el tercer relato que Bunge escribe en la introducción de su libro. Los otros dos los comenté en:

Realidad y apariencia
Más apariencia y realidad

Luego prosigue:

Los relatos anteriores no solo involucran los conceptos ontológicos de apariencia y realidad, sino también una mal disimulada preferencia por el realismo científico frente al fenomenismo. Los primeros dos relatos también incluyen los conceptos metodológicos de observación, supuesto, contrastación de la realidad y explicación por medio del descubrimiento de mecanismos. Todo esto es bastante normal entre los niños listos,los artesanos, los científicos y los tecnólogos. Es necesario ser un filósofo con la cabeza en las nubes para afirmar que la observación es innecesaria (Platón, Leibniz, Hegel), que nada hay detrás de los fenómenos (Berkeley, Hume, Kant, Renouvier), que jamás han de formularse hipótesis (Bacon, Comte, Mach), que no es necesario poner a prueba las conjeturas (Bergson, Husserl, Goodman) o que explicar consiste en subsumir lo particular en lo general (Mill, Popper, Hempel).

Palo, palo y palo. Merecidos en mi opinión, por cierto. Es por eso que transcribo el párrafo tal cual: es un resumen de la posición de Bunge, y de la cual participo en gran parte. Hasta recibe palos el bueno de Popper, que tuvo sus encuentros personales con Bunge. Vemos pegarle a Mach, que tanto influyó en el Círculo de Viena, vemos a Bacon, que con todo lo que aportó a la historia del pensamiento científico, también tuvo posturas discutibles. Disculpemos al bueno de Platón, que trataba en el medio del bolonki de su Atenas, encontrar algo perdurable, y lo buscó en el realismo de las ideas. Hegel es un caso patológico, que hoy sería objeto de estudio en un siquiátrico (Popper menciona lo "patológico" de leer a Hegel en alguna parte, no encontré la referencia). Husserl y su volver a los fenómenos, Goodman y sus mundos posibles, Bergson y su idea de que la ciencia no puede estudiar lo dinámico, los tres en el mismo párrafo, atacados. Notable.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía