Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 19 de Febrero, 2008, 10:32

Ayer escribía sobre el libro de Martin Gardner, "Los porqués de un escriba filósofo" (Tusquets Editores, "The Whys of a Philosophical Scrivener", y el concepto de mundo fenoménico, que Pierce bautizó "el fanerón" (ver El solipsipmo, según Martin Gardner). Leeamos a Gardner comentando sobre una idea de Reichenbach:

Uno de los razonamientos más pintorescos a favor de la existencia de un substrato tras el fanerón se lo debemos a Reichenbach.... Tomando el ejemplo de la caverna de Platón, Reichenbach imagina que nuestro universo consiste en una inmensa caja cúbica de caras traslúcidas. Fuera de la caja revolotean pájaros, pero lo único que pdemos ver son sus sombras sobre las caras del cubo. De entrada  pensamos que las sombras son la única realidad. Pero a la larga, después de observar numerosas regularidades en las formas cambiantes de las sombras, aparece un Copérnico que enuncia la hipótesis osada de que las sombras son producidas por objetos -pájaros, en este caso- que existen fuera de la caja.

Imaginad que el cubo se contrae hasta convertirse en nuestra piel. Tenemos entonces, dice Reichenbach, una analogía útil con la experiencia humana. Es evidente que todo lo que sabemos acerca del mundo exterior a nosotros lo inferimos a partir de algo que está dentro de nuestra piel, o mejor dicho, dentro de nuestro cráneo, donde se interpretan los datos sensoriales. Pero las regularidades de estos datos, tales como las formas de los pájaros en nuestras retinas, nos sugieren la hipótesis de que más allá de nuestros ojos hay un mundo independiente de nuestra experiencia interior. Esta hipótesis tiene un poder de explicación y de predicción enorme. Además, es una teoría de una simplicidad extrema y por ende, por el principio de la navaja de Occam, preferible a explicaciones más complejas. La hipótesis está confirmada empíricamente de la misma manera que cualquier otra teoría. En efecto, está mejor confirmada porque todos los seres humanos, a lo largo de la historia, la han confirmado en cada instante de su vida. No podemos decir que sea una hipótesis absolutamente cierta, pero seguramente está tan cerca de ser verdad como cualquier cosa que tengamos derecho a creer.

No es correcto, continúa Reichenbach, decir que esta hipótesis no tiene más valor que la concepción subjetivista. En primer lugar, significa algo completamente distinto para la persona que hace la afirmación. Una cosa es pensar que lo único que hay son las sombras de los pájaros sobre las caras del cubo de Reichbach, otra completamente distinta creer que son sombras de algo exterior al cubo, y otra aún más distinta pensar que no tiene sentido preguntarse cuál es el punto de vista verdadero. Por supuesto que nunca le podremos demostrar a un fenomenologista que las sombras son producidas por unos pájaros en el exterior. Aun en el caso de que practicáramos un agujero en el techo y viéramos los pájaros revoloteando, él podría mantener aún que los pájaros no son sino ilusiones producidas por las sombras y por ende menos reales que éstas. A su teoría podemos asignarle, sin embargo, una probabilidad prácticamente nula de ser verdadera.

Interesante la metáfora de Reichenbach. Me recuerda a algo que había escrito en este blog, más orientado a una visión de la física, hace más de un año, en Que es la realidad:

Agrego, algo insertada a fuerza, una metáfora, que imaginé hace ya tiempo, con reminiscencias de la caverna de Platón. Sea un cubo en el espacio, y una luz detrás del él. Proyecta una sombra sobre el piso, una sombra extraña, un polígono irregular. Los habitantes del piso, sólo conocen dos dimensiones, y para ellos el piso es el universo. Ven que en su universo, hay zonas claras y oscuras. Van descubriendo la medida. Miden ángulos y lados del polígono. No saben explicar su aparición. Y ahora, la luz se mueve, el polígono cambia, más desconcierto entre los planares. El problema último de su ciencia, de su teoría del todo, debería explicar la forma del polígono, sus ángulos y lados, y su evolución. Lo que para ellos es el ángulo A, para nosotros es la carga del electrón. Lo que para ellos es el largo de un lado b, para nosotros es la constante de estructura fina. Quizás nuestras constantes no sean tan constantes, como a ellos les cambian los ángulos, tal vez a nosotros nos cambien las constantes. Pero aún en los valores iniciales, y en el cambio, hay una relación oculta: todo es la sombra de un cubo según una luz. La ciencia física está tratando de encontrar el modelo que ligue todos los valores arbitrarios de nuestro universo, que explique su aparición y su valor. Vemos sólo la "sombra" del universo, no nos hemos dado cuenta aún, de cúal es el cubo, y dónde está la luz...

Mi postura, es que hay "algo" detrás del mundo fenoménico, detrás del fanerón. Esa es mi posición ontológica, podríamos decir. Habrá que discutir la posición gnoseológica: ¿podemos y cómo y cuánto, conocer qué hay detrás del fanerón? La razón, o la intuición, en solitario, no nos llevarán más allá. Debemos apoyarnos en las tres, en la contrastación con la experiencia, la ayuda de la ciencia (que nos permite "ver" más allá de los sentidos) y la actitud filosófica para discutir lo que vayamos urdiendo, que nos pone "aware" de nuestra naturaleza humana, y nuestra tendencia a interpretaciones humanas, muy humanas.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía