Angel "Java" Lopez en Blog

Octubre del 2008


Publicado el 27 de Octubre, 2008, 11:30

De vez en cuando, me encuentro con alguna postura que ve a la filosofía como algo no práctico, no relacionado con la vida, o con el día a día de cada uno de nosotros. Pero veo que todos tenemos, de una u otra forma, alguna forma de filosofía. Hasta la frase "tomarse la vida con filosofía" indica que la filosofía está relacionada con nuestras decisiones y actitudes ante lo que nos pasa.

Claro que no vamos todo el día filosofando. Pero, de una u otra forma, llegan momentos de filosofar. Me atrevo a recomendar a tomar esos momentos con mayor cuidado y esmero. Tenemos tanto que aprender, tanto de que asombrarnos, que sin esos momentos de filosofía, sin esos minutos de meditación, nos perderíamos de algo que considero importante.

Hoy leo unos párrafos claros sobre el tema:

¿Está la filosofía relacionada con los problemas de la vida real?

Sí, y de varias formas.

La filosofía deshace la ambigüedad de los problemas, y esto es útil cuando se hace frente a las elecciones que se plantean en la vida real.

La filosofía analiza las ideas complejas, y aclararse respecto a ideas complejas es con frecuencia un preludio necesario para tomar decisiones bien informadas y racionales.

La filosofía se ocupa de pensar posibles explicaciones de diversas cosas abstractars, como el razonamiento válido y el no válido, la justicia y la injusticia, el sentido y el valor. Llegando a comprender mejor conceptos abstractos como éstos, uno puede aumentar su comprensión de la vida y de las posibilidades de la vida.

La filosofía también plantea viejas preguntas que han sido olvidades y otras nuevas que no se han planteado antes. La relación, o falta de relación, con la vida de las preguntas olvidadas y de las nuevas no se puede determinar de antemano simplemente examinando estas preguntas.

Encuentro este texto en el capítulo 25 "La influencia de la filosofía en la vida", del excelente libro "Filosofía, una guía para principiantes", de Jenny Teichman y Katherine C. Evans, Alianza Editorial.

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Filósofos y Basureros

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Angel "Java" Lopez
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Publicado el 26 de Octubre, 2008, 17:27

Quisiera hoy exponer una postura mía que influye en lo que hago cada día.

Es para mí claro y evidente, que tenemos una sola vida. Los que ya visitan mi blog, conocen que "claro y evidente" significa que luego de darle vueltas al asunto por décadas, no veo otra respuesta más plausible a una pregunta. Habrá personas que piensan que hay vida más allá de la muerte, pero no es mi caso.

Una vez asentado eso, teniendo claro ese hecho ineludible, uno no puede ir por la vida así porque sí. Bueno, uno podría, pero sería interesante, y hasta importante, sentarse de vez en cuando a pensar, a advertirse a sí mismo, de cómo va la vida. Cada uno vive cada día como puede, pero también toma decisiones. Uno no es una vaca que va por ahí sin decidir qué hacer. Tal vez no tengamos todas las opciones disponibles para elegir, por falta de recursos o por estar en situaciones complicadas, pero siempre tenemos opción: no vamos por la vida como por inercia.

Habrá actividades personales, que vivimos y experimentamos para nosotros: dolores y alegrías, personales y compartidas con quienes queremos. Pero también hay otras actividades, las que desarrollamos como seres humanos en medio de otros seres humanos. Y ahí viene la explicación del título de este post.

Pienso que hay actividades que realizamos día a día, que deberían pasar el test "Me pisó el 60". Me explico. En mi pais, Argentina, hay "buses" de transporte público, que se llaman colectivos. Las distintas líneas se identifican por número. En mi ciudad, Buenos Aires, una de las líneas más populares, por el largo de su recorrido (que abarca varias ciudades), es el colectivo 60. Entonces, imagine que Ud. va por la vida, y un día, visita Buenos Aires, cruza la calle sin mirar, y lo pisa el colectivo 60, dejándolo sin vida en el medio del pavimento. ¿Dónde queda su vida? ¿y sus actividades?

Yo veo que en la vida, además de simplemente disfrutarla o perseguir la felicidad o la armonía interior o la plenitud o que su chacra kundalini esté alineada con su yo interno, hay algo más. No sirve de nada lo que Ud. vive, si todo queda en la nada cuando tenga que pasar el test "me pisó el 60".

Hay actividades nuestras que deberían influir en los otros, esperemos que para mejor. De ahí, que la búsqueda de la felicidad o el disfrute, no es algo que sobreviva a este test del 60. Uno puede buscar la felicidad, uno puede disfrutar, no niego eso, pero debería tener, en la mente y el corazón, algo más, algo que pase el test.

Alguien podría decir: "vivo cada día como si fuera el último". Yo no llegaría a eso. Yo diría, "vivo la vida sabiendo que un día, me pisará el 60, y decidí que algo de lo que hago pasará ese test". Puede que tenga que enfrentar el test hoy o dentro de años. Pero mientras, cada día, semana o mes, habrá que ir viviendo y haciendo algo que vaya más allá de nuestras alegrías o dolores diarios.

Si uno mejora, si uno trata de buscar la armonía interior, o lo que sea, pero luego, con lo que consigue, no hace nada que ayude a los demás, en mi postura, eso no valió la pena, o valió muy poco. En estos tiempos modernos, está tan difundido el tema del "yo", "yo mejoro", "yo busco la felicidad", "yo vivo cada día plenamente", que nos olvidamos del "nosotros". Una vida centrada en el "yo" es una vida sin traza, un neutrino que atravesó el universo, sin afectar a nada.

Pasemos a un ejemplo más concreto: si uno conoce algo, y no lo comparte, eso que conoce, no pasa el test del "me pisó el 60". Si lo que Ud. conoce o aprende, lo guarda solo para Ud. y no hace nada, para el resto del universo, es como si no lo hubiera conocido o aprendido nunca. Cada día que pasa, me asombra la cantidad de gente que no difunde lo que le parece bueno, que no comenta lo que descubre, que ni siquiera piensa en compartir lo que aprende.

Entonces, la difusión de conocimiento, es una forma de pasar el test. Otra, es hacer algo que influya en la vida de los demás. Es una cuestión de hacer en la vida. No solo pasar por ella, sino hacer algo, que mejore el mundo, que cuando nos pise el 60, podamos decir, el mundo mejoró un poco, tal vez poquísimo, pero aportamos nuestro granito de arena.

Mucha gente consigue pasar el test, formando una familia. Esa es una forma excelente de hacerlo. Igualmente pediría, de vez en cuando, levantar la mirada y ver más allá de los nuestros cercanos. Si mañana fuera su último día, no haga nada, páselo con sus afectos. Pero los anteriores días, vea de aprovecharlos para hacer, crear, difundir algo que cruce el cerco de nuestra vida personal.

Muchos de nosotros tenemos que trabajar, y ocupar mucho de nuestro tiempo en actividades que tal vez no elegimos. Pero sería interesante, igual, plantearse hacer, y reflexionar sobre lo que hacemos: ¿qué actividades, de todos los días, pasan el test de "me pisó el 60"?

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Oye, Mike, cual es el sentido de la vida
El gran emprendimiento
Don't be a canuto (en español)

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Publicado el 24 de Octubre, 2008, 10:28

Spinoza nació en una comunidad de judíos exiliados, pero a los veinticuatro años fue expulsado de esa misma comunidad. Como Spinoza escribía sobre un dios totalmente diferente del de las escrituras, se ganó la condena de los ancianos de la sinagoga a la que asistía. Antes de la muerte de su padre, se había mantenido en un discreto silencio, dando poca publicidad a sus ideas. Pero desde los veintidós años de edad, comenzó a manifestarlas con más frecuencia.

Los ancianos de la sinagoga trataron de persuadirle de que cambiara de opinión. Le prometieron incluso dinero. Le expidieron una "excomunión" de 30 días. Se comenta que hasta hubo un intento de asesinato.

Finalmente, el 27 de julio de 1656 se emitió el cherem (que muchas veces se traduce por "excomunión", parece más justo "expulsión", "prohibición"). Quien recibía un cherem era excluido de la comunidad: no había más contactos físicos ni sociales. Aún así, era un castigo suave, comparado con el equivalente católico "auto de fé".

Fue un cherem particularmente duro, al parecer, para la época. Según los registros de su comunidad, desde su nacimiento hasta su cherem, sólo hubo quince cherems graves, y ninguno lo fue tanto como el suyo.

Los jefes del consejo os hacen saber, que habiendo conocido desde hace tiempo las opiniones y obras malas de Baruch de Espinoza, han intentado por todos los medios y promesas diversos que se apartara de sus malos caminos, y son incapaces de encontrar un remedio, sino que, al contrario, han tenido cada día más conocimiento de las herejías abominables practicadas y enseñadas por él, y de otras enormidades que ha cometido, y de ello tienen muchos testigos fidedignos, que han declarado y prestado testimonio en presencia del dicho Spinoza, y por los que ha estado condenado; todo lo cual, habiendo sido examinado en presencia de los ancianos, se ha determinado con su consentimiento que el dicho Spinoza debe ser excomulgado y separado de la nación de Israel; por lo cual se le excomulga ahora con el siguiente anatema:

Con el juicio de los ángeles y de los santos excomulgamos, separamos, maldecimos y anatemizamos a Baruch de Spinoza, con el consentimiento de los ancianos y de toda esta santa congregación, en presencia de los libros sagrados; por los 613 preceptos que allí están escritos, con el anatema con el que Josué maldijo a Jericó, con la maldición que Eliseo echó a sus hijos, y con todas las maldiciones que están escritas en la ley. Maldito sea por el día y maldito sea por la noche. Maldito sea cuando duerma y maldito sea cuando camine, maldito cuando entre y maldito cuando salga. El Señor no lo perdonará, enciéndase desde ahora la cólera y la furia del Señor contra este hombre, y caigan sobre él todas las maldiciones que están escritas en el libro de la ley. Que el Señor destruya su nombre bajo el sol, y que lo separe por sus fechorías de todas las tribus de Israel, con todas las maldiciones del firmamento que están escritas en el libro de la ley. Pero vosotros que sois leales al Señor vuestro Dios, vivid todos este día.

Y os advertimos, que nadie puede hablar con él ni por obra de la boca ni de la escritura, ni concederle ningún favor, ni hallarse bajo un mismo techo con él, ni acercarse a menos de cuatro codos de él, ni leer ningún papel compuesto o escrito por él.

Encuentro el texto y la descripción de las circunstancias de la condena, en el libro "En busca de Spinoza" de Antonio Damasio.

Ya había recordado a Spinoza en:

Alguien construye a Dios en la penumbre

Spinoza y los poderes del cuerpo

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Publicado el 23 de Octubre, 2008, 8:41

En diciembre del año pasado había escrito sobre la creación matemática, mencionando una experiencia de Poincaré:

Más sobre la creación matemática según Poincaré

citando al libro "Cartas a una joven matemática" de Ian Stewart, Editorial Crítica. Leo hoy el comienzo del capítulo donde comenta ese texto de Poincaré. El capítulo se titula "Cómo piensa un matemático":

Hay un libro maravilloso sobre la creación matemática, "The Psychology of Invention in the Mathematical Field", de Jacques Hadamard. Se publicó por primera vez en 1945, y hoy se sigue reeditando y es extraordinariamente pertinente... Hadamard apunta dos ideas fundamentales. La primera es que la mayor parte del pensamiento matemático empieza con vagas imágenes visuales y sólo más tarde se formaliza con símbolos. Aproximadamente el noventa por ciento de los matemáticos, nos dice, piensan así. El diez por ciento restante se ciñe a los símbolos desde el principio. El segundo punto es que las ideas en matemáticas parecen surgir en tres etapas.

En primer lugar, es necesario trabajar mucho de manera consciente sobre un problema, tratando de entenderlo, explorando formas de abordarlo, trabajando con ejemplos con la esperanza de encontrar algunos aspectos generales útiles. Normalmente, esa etapa queda empantanada en un estado de confunsión sin esperanza a medida que emerge la dificultad real del problema.

En ese momento ayuda dejar de pensar en el problema y hacer otra cosa: cavar en el jardín, escribir notas para la clase, empezar a trabajar en otro problema. Esto proporciona al subconsciente una oportunidad para dar vueltas al problema original y tratar de ordenar la mezcla confusa en que lo han convertido tus esfuerzos conscientes. Si tu subconsciente tiene éxito, incluso si todo lo que consigue es dejarlo a medias, "te dará un toque en el hombre" y te avisará de sus conclusiones. Éste es el gran momento "¡ajá!", en que de repente se enciende una pequeña bombilla en la cabeza.

Esas tres etapas están mencionadas en el mi post anterior: Henri Poincaré describe cómo llegó a un nuevo resultado, pasando por esas etapas.

Finalmente, hay otra etapa consciente para elaborar todo formalmente, comprobar los detalles y organizarlo de modo que puedas publicarlo y otros matemáticos puedan leerlo. La costumbre en la publicación científica (y de la escritura de libros de texto) requiere que el momento "¡ajá!" quede oculto y que el descubrimiento se presente como una deducción puramente racional a partir de premisas conocidas.

Además de iluminar el tema de la creación matemática, esta descripción me sirve para explorar un tema: el pensamiento, sin lenguaje. Debería definir mejor pensamiento, pero esto que describe Stewart aporta algo a la idea de que se puede pensar, sin recurrir a lenguaje. Es importante el pensar con imágenes; el lenguaje bien puede ser algo tardíamente adquirido en nuestra evolución. Veo que el lenguaje es indispensable para reflexionar, pensar sobre nuestras propias actividades mentales. Pero hay otro nivel de pensamiento, y para mí, más básico, donde el lenguaje no es necesario.

Ian Stewart (1945) estudió matemática en la Universidad de Cambridge, doctorándose en la Universidad de Warwick, cuyo Instituto de Matemáticas dirige.  Miembro de la Royal Society desde 2001, es autor de dos centenares de artícuos profesionales, y varios libros conocidos de divulgación. El que más me gusta es "De aquí a la eternidad", donde me enseñó varios temas que no conocía, sobre viejos y nuevos desarrollos en matemáticas.

http://en.wikipedia.org/wiki/Jacques_Hadamard

Una rápida búsqueda de llevó a Princeton Press, donde encontré datos del libro de Hadamard, y otros dos títulos:

The Mathematician's Brain:
A Personal Tour Through the Essentials of Mathematics and Some of the Great Minds Behind Them

David Ruelle

The Mathematician's Mind:
The Psychology of Invention in the Mathematical Field

Jacques Hadamard

How Mathematicians Think:
Using Ambiguity, Contradiction, and Paradox to Create Mathematics

William Byers

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Publicado el 18 de Octubre, 2008, 12:34

Sigo leyendo el libro de ensayos de Jorge Estrella "¿Tiempo o eternidad?". En un post anterior

Saber y saber qué hacer

me explayaba sobre mi postura con respecto a lo que plantea en su segundo ensayo "Saber y saber qué hacer". Pero no mencioné el texto. Leamos hoy algún fragmento:

Una difundida creencia sostiene [...] que damos respuesta adecuada a ese ¿qué hacer? cuando conocemos. Esto es, cuando disponemos de una buena teoría. La ingeniería, la medicina, por ejemplo, son paradigmas de acción porque han matrizado recetes de comportamiento, respuestas para cada interrogante de ese tipo. Se trata de conocimientos de la física y la biología traducidos en normas. ¿Qué debo hacer con este paciente? o ¿cuál es la solución más adecuada para construir este puente? son preguntas que las buenas teorías disponibles en ambas ciencias permitirán responder en cada caso.

Ahora viene un punto importante, para todo realismo no ingenuo, la suposición de orden, de que en el fondo, como escribía en el post mencionado, no hay un "Alicia en el país de las maravillas" donde todo puede pasar de cualquier manera:

Un supuesto en que reposa esa vieja interpretación es éste: hay un orden de racionalidad, descubierto por el mejor conocimiento (la ciencia), desde el cual podemos deducir lo que debemos hacer en cada caso. El griego Sócrates llegó a decir que nuestras malas acciones son producto de la ignorancia, que el pecado es una forma del no saber.

En la última frase está el salto que habrá que justificar, hasta ahora me parece no sustentable: el pasar del orden natural a saber qué hacer nosotros.

Aunque los filósofos han advertido con frecuencia que el saber hacer no es sencilla deducción desde un conocimiento preexistente, lo cierto es que el grueso de la filosofía occidental se ha inclinado hacia una interpretación racionalista del asunto. Es decir, a la defensa de un orden objetivo, natural, verdadero, que podemos conocer, y desde el cual cabe extraer correctamente la norma de acción adecuada.

Tendría que revisar cuál es el "grueso de la filosofía occidental". Yo veo que en muchas posturas, se filtra, entre el racionalismo, la idea que muestra al ser humano como algo especial. La gran esperanza humana, ser algo divinos, y hasta inmortales, no es algo fácil de eludir en muchas corrientes de pensamiento.

Pero como mencionaba en mi anterior post sobre el tema, hemos descubierto un orden en el universo, gracias a la ciencia. Pero de ahí, al salto de "extraer la norma de acción adecuada", hay un gran paso.

En primer lugar, ¿qué es lo adecuado? Una acción puede ser adecuada para mi placer, pero afectar a otros. Otra acción puede ser adecuada para un país y afectar a sus vecinos. Alguien preferirá construir fábricas en un lugar prístino para crear fuentes de trabajo, y otro indicará lo "inadecuado" que es eso para la preservación del ambiente. Pero también es difícil prever las consecuencias de una acción. Dado el presupuesto que tenemos, ¿lo invertimos en educar a la generación actual, o lo invertimos en un acelerador de hadrones? Tal vez, el invertir en el acelerador, provoque avances que beneficien a la sociedad en el futuro. O tal vez no.

Entonces, hay dos problemas principales: no sabemos ver, aún, todas las consecuencias de una acción. Y más importante, llega un momento que tenemos que evaluar, poner un valor, una escala de valores, como en el caso fuentes de trabajo vs. ambiente.

Nada en la naturaleza nos dice qué hacer. Nos dice, a lo sumo, "si hacemos esto, pasará esto". Y esto tampoco es seguro, dada la complejidad del sistema que seguramente tendremos frente a nosotros. No hay psicohistoria, todavía (y no parece haber esperanzas para su existencia), tal como la imaginaba Asimov, donde los especialistas de psicohistoria podían prever el destino humano, y hasta accionar para corregir desviaciones.

No, no es tan simple contestar a ¿qué hacer?

Otros post surgidos de la lectura y meditación sobre este libro en:

La ficha humana
Filosofía y ciencia, revisitadas

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Publicado el 17 de Octubre, 2008, 11:34

Hoy quisiera describir un efecto en mi vida, que creo debe ser compartido por otros. Un efecto que ya he descripto en el medio de algún post, pero que dado su influencia en mi personal vida, ya merece un post aparte. Disculpen este toque personal en un blog mayormente dedicado a otros temas.

Resulta que en mi pais, Argentina, hay una cadena de supermercados, llamada Coto, como el apellido del dueño fundador. Pues bien, como todavía ando por la vida portando un cuerpo físico, necesito alimentarme. Alejándome un momento de mis meditaciones, estudios y haceres, me acerco a alguna sucursal de dichos supermercados, porto un carrito, y viajando de góndola a góndola, lo voy llenando de esas cosas que necesito, nada del otro mundo, mi frugalidad es proverbial. Como otros hombres, no me entretengo mucho tiempo: es como ir de caza, uno ve la presa, la toma, y ya está (notablemente las mujeres pueden estar horas alrededor de una góndola, viendo qué llevar).

Así, ya satisfecho con mis elecciones, cumplida la provisión de alimento que imagino necesitar en los pocos días siguientes, me dirijo hacia la salida, con el carrito de compras levemente lleno. Mientras, voy meditando sobre alguna lectura, algún párrafo de "La república" de Platón, o alguna demostración de teoría de categorías, que quisiera revisar, o algún texto de Feynman o Gould, o del beato Bunge. O quizás, meditando alguna idea de post para escribir. Y cuando llego a la puerta, la gente del supermercado me para. Espero que me digan algo como:

"Maestro, no somos dignos que visite nuestro local, es un honor que venga a provisionarse aquí, Ud. que ha creado ... (y aquí viene una lista de mis aportes a la humanidad, que omito por modestia  ;-)... por favor, tómese esto y aquello, le recomendamos tal y tal cosa ... "

Pues no. Me paran y me dicen que pague por la compra. ¡Arg! ¡Humanos que aún no han visto la luz! :-) ;-)

Lo mismo me pasa con la empresa que provee la luz, la que me da gas, la que me da el servicio de Internet. En vez de darse cuenta que están  colaborando con el desarrollo de la historia humana, en vez de aportar  ayuda gentilmente a mis actividades, en lugar de dejar un comentario por acá, alabando o criticando algún post, nones, insisten en el vil metal, en la rústica moneda, ven el comercio en vez de la vida contemplativa, explotan el fetichismo de la mercancía, son los mercaderes del templo, que duros de corazón y vacíos de mente, se arrastran por los debes y haberes, por las facturas y tickets, sin reparar en lo que hay más allá del dinero, en la creación y en lo que hay de humano en cada uno.

En fin, es que tengo que pagar ... ;-)

Eso es lo que yo he bautizado el "Efecto Coto".

Sería bueno que cada uno pudiera desarrollarse como humano, en las actividades que prefiera, y que juzgue mejor realizar, en vez de estar gran parte del día juntando las monedas para el pan del día siguiente.

Sócrates tenía su quintita, así que no tenía que trabajar en el sentido moderno. Marx podía quedarse todo el día en la Biblioteca Británica, pensando y rascándose el higo, (imagino que con periódicas visitas al baño de la institución), porque tenía a Engels, que le pagaba las cervezas (pero no muchas). Hume trabajó un tiempo, pero luego zafó con sus escritos y algo de fama.

Yo, hoy por hoy, tendré que seguir vendiendo tiempo por pan. El Efecto Coto aún me persigue... ;-)

Nos leemos!

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Por ajlopez, en: General

Publicado el 15 de Octubre, 2008, 13:13

Saber y saber qué hacer

Ya alguna vez mencioné dos preguntas, en el post:

Grandes preguntas en filosofía

Una es saber "qué es", el conocer la realidad, no la apariencia, no lo que "parece ser", sino lo que hay realmente, lo "que es el caso" diría el estagirita.

Otra pregunta que planteaba, es "qué hacer", qué hacer de nuestras vidas, y qué hacer como humanidad (esto último, tan olvidado muchas veces en el estudio de la acción humana). Esa es una gran pregunta, y por otro lado, una "pequeña" pregunta. Es una gran pregunta, pero para nosotros. El resto del universo, bien podría seguir igual, cualquiera sea la respuesta que encontremos. Muchas veces, la filosofía se ha embarcado en esa pregunta y búsqueda de respuesta, sin tener esa perspectiva de humildad: como si fuera una "gran pregunta" absoluta, tan importante para nosotros como para los dioses, si existieran.

Existe la difundida creencia que sabiendo, conociendo la realidad, contestando la primera pregunta, encontraremos la respuesta a la segunda. Quisiera explayarme hoy en discutir y atacar esa posición.

Veo que es una posición que, de alguna forma, se apoya en otra. Siempre hemos querido contestar a "qué hacer", desde hace millones de años. Queríamos saber si teníamos que ir hasta el próximo matorral para conseguir comida, o si teníamos que salir corriendo, porque había un leopardo. La necesidad de predecir el ambiente, junto con nuestra capacidad de reflexión (que nos da modelos, y formas de imaginar las consecuencias de nuestras acciones), nos ha hecho buscar explicaciones de lo que nos rodea, para mejorar nuestra supervivencia. Supongo que también en algún momento surgió la curiosidad, como una conducta emergente de esta situación.

Para explicar lo que pasa, inventamos mitos y dioses. En medio de todo, queríamos comprender por qué pasaban las cosas que pasaban. En algún momento, pasamos a descubrir un orden en la realidad. Podría poner como ejemplo de ese paso, a los antiguos griegos. Pitágoras se engolosina con la racionalidad que descubre en la naturaleza, y en el poder del número. De alguna forma, saber pasó a ser firmemente "saber qué hará la realidad". Pudimos predecir la posición de los planetas, y otros fenómenos.

En algún momento, se pasó de ese razonamiento "si sé tal cosa, pasará tal otra", a "si sé cómo es ser humano, sé qué hay que hacer como humano". Pondría a Sócrates-Platon como germen de esta postura. Nace la postura naturalista: si conocemos qué es el hombre, sabremos qué hacer. O si sabemos qué es el bien para un ser humano, lo haremos. Platón pone a la mala acción como fruto de la ignoracia. Aristóteles se aparta en varios puntos de su maestro, pero por otro lado, busca la diferencia específica, lo que hace al ser humano lo que es, y lo encuentra en la razón, es el animal racional. Y deduce que ésa es la actividad que debemos emprender como humanos.

Pero para llegar a esa postura que basa en nuestra naturaleza lo que hay que hacer, se dió un salto, que no veo justificado. Hubo algo que olvidamos. A ver si puedo explicarlo.

En mi postura, tenemos naturaleza humana. Contrariamente a lo que afirman algunos existencialistas, que el hombre es una especie de tabla rasa, yo veo claramente que somos organismos, con características que vienen de nuestra particular evolución. No veo que esas características hayan tenido que haber sido como fueron, pero están acá con nosotros. Pero no pienso que eso da la respuesta a "qué hacer". Si (cosa discutibilísima) alguna vez descubrimos que tenemos alguna conducta prefijada por naturaleza, ya sea "somos egoístas", o "somos altruistas", eso no agota para nada la cuestión, sólo pone un punto de partida.

No hay que olvidar, que más allá de los genes, el ambiente, y la sociedad, nosotros tenemos reflexión. Podemos ver, internamente, como escribía más arriba, las consecuencias de nuestras acciones. Podemos, antes de actuar, analizar qué es lo que vamos a producir con nuestra acción o inacción. No es que seamos máquinas de altruismo o de egoísmo. Tenemos reflexión, lo que nos da una dimensión nueva, y la voluntad consciente. Aunque tengamos impulsos y pasiones, como seres humanos también tenemos esa característica de "no reacción automática". Entre lo que nos pasa, y nuestra respuesta, no hay un acto reflejo: estamos nosotros. Eso es lo que somos.

El estudio de la realidad, nos da más conocimiento sobre las consecuencias de las acciones humanas. Pero no nos dá una pauta de qué hacer. Tenemos que buscar el imperativo moral de otra forma. También, tendríamos que discutar qué eso de una acción moral: ¿cuando actúo por una voluntad de hacer el bien, pero el resultado es desastroso, soy bueno moralmente? ¿qué importa, la intención o el resultado? Si nadie está ahí para juzgarme, ¿cómo actuar? Temas que han ocupado siglos de filosofía, a visitar en otros posts.

Este post ha sido motivado, por la lectura del capítulo 2 "Saber y saber qué hacer", del libro de ensayos de Jorge Estrella "¿Tiempo o eternidad?". Otros posts relacionados con ese libro:

La ficha humana
Filosofía y ciencia, revisitadas

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Por ajlopez, en: Filosofía

Publicado el 13 de Octubre, 2008, 11:19

Hoy leo:

Los seres humanos son como bebés recién nacidos abandonados junto a un portal sin una nota que explique quiénes son, de dónde vienen, qué carga hereditaria de atributos y defectos pueden llevar o cuáles podrían ser sus antecedentes. Desearíamos ver las fichas de estos huérfanos.

Es una bella imagen, del final del libro de Carl Sagan "Sombras de antepasados olvidados", escrito en colaboración con Ann Druyan. No tengo el libro, lo encuentro citado al comienzo del capítulo 5 de la colección de ensayos de Jorge Estrella "¿Tiempo o eternidad?"

¡Cómo quisiéramos tener la ficha humana! Desde milenios, nos hemos ido inventando respuestas: es como si, al ser huérfanos, nos escapamos de la realidad imaginando que somos príncipes, abandonados, descendientes de ricos monarcas, que en cualquier momento aparecerán para rescatarnos. De esa manera, aparecieron religiones, explicando que hemos sido creados a imagen y semejanza de un dios. Hasta tratamos de escapar de la muerte, ideando un alma inmortal, que nos va a seguir albergando después de dejar de vivir, aunque toda la realidad apunta a que estaremos en la "quinta del ñato", viendo crecer el pastito desde abajo.

Desde la filosofía, también se ha tratado al hombre como algo especial, donde el resto del universo gira ante nosotros, que somos el centro. En tantas corrientes, hemos sido declarados como especiales, casi dioses, cuando todo indica que somos sólo organismos.

Simplemente estamos. Habrá que descubrir cómo somos, y qué podemos hacer. Pero es así: no más dioses ni almas inmortales, solo nosotros, nada más, pero tampoco nada menos, navegando en este barco cósmico.

Post relacionado:

Estrellas desde la balsa

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Por ajlopez, en: Filosofía

Publicado el 12 de Octubre, 2008, 9:40

Yo vivo en Argentina, y no conozco al vecino pais de Chile. Pero me parece interesante, a la distancia, la actividad filosófica que desarrollan desde el otro lado de la cordillera. Un hallazgo de este año ha sido "Philosophy of Physics", del chileno Roberto Torretti, un libro que sería inimaginable verlo engendrar por un autor filosófico argentino.

Quiero citar y comentar hoy la presentación que precede a los ensayos del libro "¿Tiempo o eternidad?" de otro filósofo chileno, Jorge Estrella, profesor de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. El libro es una joyita, que encontré en librería de mi barrio por apenas cuatro pesos (un poco menos de un dólar y tercio). Como en tantos temas, en algunas puntos coincido, y en otros discrepo un poco. Leo:

La práctica profesional de la filosofía, ejercida desde las universidades, está signada por un fuerte conservadurismo. En esa práctica, el ideal del conocimiento filosófico consisten en repetir e interpretar a los pensadores clásicos.

No veo inconveniente en volver a los clásicos. Lo que no veo con buenos ojos, es quedarse en ellos. Hoy tenemos una visión más amplia tanto de la historia humana como del universo. Seguir tomando tal cual  que la realidad está en las formas, o que "todo lo racional es real y todo lo real es racional", porque lo escribieron Platon o Hegel, es una pérdida de tiempo. Y leerlo, pero tratando de quedarse en la interpretación de esos pensadores, tratando de justificarlos, sin superarlos, es también un ejercicio harto frecuente por estos lares. Otro ejercicio, más peligroso, es tomar a los clásicos y reinterpretarlos arbitrariamente, tratando de casar su pensamiento con actuales ideologías, sin aplicar un pensamiento crítico, tan saludable en cualquier aplicación de la razón.

Entre tanto, un vigoroso desarrollo de las ciencias ha venido modificando en este siglo las claves tradicionales para entender al mundo y al hombre. La filosofía (y gran parte de las humanidades), de espaldas al nuevo panorama abierto por las ciencias, continúa afincada en el pasado. Esto no siempre ha sido así. Aristóteles o Kant, para mencionar dos ejemplos representativos, fueron testigos atentos de la ciencia de su tiempo. Y pensaron desde ella.

Tal vez dudaría un poco del alcance del conocimiento científico de Kant, que me parece más un interesado burgués en la ciencia, que alguien que haya comprendido cabalmente la ciencia de su tiempo. Aristóteles, en cambio, es una lumbrera, una rara conjunción de capacidad racional, análisis, síntesis, y sentido común. Un par de Aristóteles más en la historia humana, y nos hubiéramos ahorrado algunas toneladas de barrabasadas.

De modo que ni las conservadores humanidades ni la mejor ciencia actual están siendo fieles hoy a su función tradicional. Parece haber, más bien, un enroque de sus misiones: las propuestas humanísticas presenta, con frecuencia, un aire envejecido de simplificación, de trivialización del mundo y del hombre; en tanto que la ciencia, nacida desde modestos propósitos, está dando saltos gigantescos hacia concepciones globales.

Me imagino los ataques masivos al corazón que sufrirían los "humanistas argentinos", al leer de Estrella eso de "aire envejecido de simplificación" de las propuestas humanistas. Seguramente le contestarían que él no puede ver más allá de sus estructuras mentales, o cualquier otro ataque defensivo. Coincido con Estrella, tal vez morigerando lo de "trivial" y "simple", pero la forma de pensar al hombre, en estos últimas décadas (llegaría a más de un siglo en el pasado), ha sido altamente especulativa, "literaria", difusa, vaga, y renuente a asociarse con los descubrimientos de la ciencia, a la que seguramente le apostarían calificativos de "positivista", "reduccionista" y otra sarta de "istas", con tal de seguir especulando en la zona de confort que han creado para el pensamiento humanista.

Hace unos años, hubiera pensado que tal forma de separar filosofía y ciencia, era una "moda" pasajera. Asomo a este nuevo milenio, viendo que no es así. Espero que pasar mi pensamiento en limpio, por escrito, en estos posts, sirva para aclarar mi postura al respecto. Hasta quizás, solo quizás, sirva para aclarar este tema a otros.

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Grandes preguntas en filosofía

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Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía

Publicado el 11 de Octubre, 2008, 20:31

Me gusta el cine. Pero no alquilo películas. En este siglo, habré alquilado 3 películas a lo sumo. Me gusta disfrutar del evento, de ir al cine, la buena compañía, el preludio, la película, la salida posterior. Es como un rito a disfrutar.

No soy de ir a ver películas "para pensar". Me gusta relajarme. Para pensar estan los libros, los pensadores. Tal vez podría ir a películas "para sentir". Pero también, ahí veo a la propia vida como mejor película. Así que me quedan películas de dramas lejanos, no cercanos a los míos, de misterio, de acción, de enigma, o curiosas.

Pero aunque me gusta el cine, tampoco voy muy frecuentemente. Este año, por ejemplo, no fui nunca. Lo malo de eso, es que cuando una película baja de cartel, acá en Argentina (e imagino que pasa en otros paises lo mismo), ya no vuelven a reponerla: con el mercado de alquiler de películas, si uno se pierde, digamos, Rocky XI, luego, cuando estrenan Rocky XII, las anteriores no aparecen en carteleras de cines alternativos. La existencia de la televisión por cable, podría mitigar este problema: pero no se crean que por aquí hay mucha variedad, hay películas que SIEMPRE repiten en todos los canales (tengo la teoría que "Alfie, historia de un seductor" es la película que está siempre emitiéndose en cada momento en algún canal...;-).

Hoy alguien pregunta en Twitter, películas (género drama) para ver en una tarde de sábado. No sabría contestar, pero la pregunta motivó este post rápido: cuáles películas recomendaría ver.

Va una lista, con un comentario largo y otros breves:

El padrino: un clásico de clásicos. Desde el punto de vista de dirección, de actuación, del tema, es imperdible. Las escenas de la boda (cada película de la serie comienza con una fiesta), el pedido del funebrero Bonasera, la cabeza de caballo en la cama de Jack Woltz, Clemenza parando a orinar en la ruta, mientras matan al traidor, la paliza de Santino a Carlo Rizzi, Michael visitando al padre en el hospital, salvándolo de la muerte, el llanto de Tom Hagen cuando le cuentan de la supuesta muerte de su Don, el ahorcamiento de Luca Brasi, la última cena de Sollozo y McClosky ("¿qué me recomiendan? ... ternera... "), la ida de Michael a Italia, el asesinato de Santino, el pedido del favor del Padrino a Bonasera, cómo conoce a Apollonia, la reunión de los capi di tutti capi (donde se pone en evidencia que Barzini es el que estaba detras de todo, no Tattaglia), Duvall en esa reunión, casi inmóvil, pero atento, detras de Brando, la traición de Tessio y su súplica final a Hagen, los asesinatos finales, la bala en el ojo de Moe Green, (y podría seguir), son para no olvidar. Alguien escribió: "en esta película se muestra cómo funciona el mundo". No estuvo muy desacertado. Luego seguiría con El padrino II, tomaría un respiro, y vería un El Padrino III.

El silencio de los inocentes: "Quid pro quo, Agente Starling", inolvidable. Un Hannibal Lecter que nunca parpadea. Ritmo, enigma, buen desarrollo, gran final. El libro es bueno, pero la película es mejor.

Pulp Fiction, de Quentin Tarantino. El cine de Tarantino tiene una rara cualidad: si desapareciera de la historia, no cambiaría nada. Pero de alguna forma, son clásicos. La larga conversación sobre las distintas versiones internacionales de McDonald, al comienzo, apenas es un aperitivo. Les regalo lo que le pasa al "negro" en el segundo episodio. Luego seguiría con Kill Bill, Kill Bill 2: la escena de Carradine preparando un sandwich, es notable.

Manhattan, de Woody Allen. Habría varias de Allen para recordar. Pero esta tiene "la marca en el orillo". Es la clásica de Allen. Hermosas escenas. Y una jovencísima y encantadora Hemingway.

Encuentros cercanos. Asistí al estreno. Tiene una marca Spielberg, algo de lentitud, el juego con las luces que aparecen por debajo de las puertas, atravesando las ventanas cerradas. Cuando la ví, me asombró la cantidad de cosas que tenían en una casa americana típica. Estupendo el mostrar los camiones camuflados de grandes marcas, junto con un engaño nacional.

Sin City. Una de esas películas raras, olvidables, pero a la vez, inolvidables.

Un puente demasiado lejos. Clásica bélica, basada en hechos reales, del mismo autor que "El día más largo de la historia". Tendría que repasarla. Leería algo de historia antes, sino, se pierde uno entre tantos personajes y situaciones.

Todos los hombres del presidente. La del caso Watergate. De nuevo, hace falta leer algo para entender el contexto (los norteamericanos dan por supuesto su cultura, su sistema legal). El libro es mejor, pero algo detallista.

Filadelfia: la escena de Tom Hanks recordando a María Callas, inolvidable.

La naranja mecánica. Si la viera hoy, se notaría el paso de los años. Pero tiene mucho de Kubrick.

Memento. No se levanten para ir al baño, cuando vuelvan no la van a entender.

El señor de los anillos. La serie de tres me puede. Excelente versión de los libros. Igualmente, me extraña la desaparición de Tom Bombadil en esta versión.

Crímenes de Oxford: una que no ví, reciente. El libro de Guillermo Martínez es muy bueno.

Goshford Park, un clásico de Altman. Tiene de todo: intriga, gran descripción de algo que me parece lejano, como es la alta sociedad inglesa de hace unos años.

Tengo varias de cine nacional argentino para recordar, pero daría para todo otro post. Desde "La Raulito" hasta "Esperando la carroza", o más atrás, llegando a Pepe Arias, Muiño, y otros. De las nuevas, "Luna de Avellaneda", excelente!

Seguramente se ocurriran otras, basta por ahora con esta lista.

¿Otras películas para recomendar? ¿Qué se llevarían a una isla desierta, que tenga microcine? (aparte de "El naúfrago" de Tom Hanks... :-)

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Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: General

Publicado el 7 de Octubre, 2008, 13:53

Hoy leo a Ortega y Gasset, refiriéndose a la ciencia (lo que yo llamaría la actividad científica). Bunge, recordando una frase del filósofo español, la menciona comentando "la habitual imprecisión" de su autor. El texto que sigue es bastante claro, a mi parecer, y mi postura está alineada con lo que describe. Igualmente, comentaré algunos puntos de  discrepancia, que me ayudan a comprender mejor mi propia postura:

Los hechos, los datos, aun siendo efectivos, no son la realidad, no tienen ellos por sí realidad y como no la tienen, mal pueden entregarla a nuestra mente. Si para conocer, el pensamiento no tuviese otra cosa que hacer sino reflejar una realidad que está ya ahí, en los hechos, presta como una virgen prudente esperando al esposo, la ciencia sería cómoda faena y hace muchos milenios que el hombre habría descubierto todas las verdades urgentes. Mas acontece, que la realidad no es un regalo que los hechos hacen al hombre. Siglos y siglos los hechos siderales estaban patentes ante los ojos humanos y, sin embargo, lo que estos hechos presentaban al hombre, lo que estos hechos patentizaban no era una realidad, sino todo lo contrario, un enigma, un arcano, un problema, ante el cual se estremecía de pavor.

En algunas frases, yo reemplazaría "hechos" por "fenómenos". Lo que se nos presenta a nosotros son los fenómenos. Hecho es estado o cambio de estado de alguna cosa en la realidad. Pero no se nos presentan los hechos, sino los fenómenos. Cuando un investigador vió la traza curva que deja un electrón sometido a un campo magnético en una cámara de niebla, lo que vió, lo que se le presentó, es el fenómeno de la traza, no el hecho de la trayectoria del electrón. Aún "electrón" es un concepto humano, que es nuestro modelo de alguna cosa X a la que hoy llamamos electrón (el que exista la "cosa en sí" X a la que se refiere nuestro constructo "electrón" es parte del realismo científico). Así como alguna vez llamamos "átomo" a algo indivisible, y hoy es algo que refiere a un concepto distinto. Pero las dos acepciones de átomo, refieren a un mismo X de la realidad, a lo largo del tiempo. No cambian las cosas, cambian nuestros conceptos.

Me gusta lo de "hechos siderales". Durante milenios, tuvimos ante nosotros los movimientos de los planetas. Hubo que esperar a Kepler para encontrar un modelo que describiera las órbitas como elipses, y con ciertas reglas de movimiento. Tuvimos que conseguir un Newton, para ir más allá de un modelo, y dar con un mecanismo que explicara lo que sucedía en los cielos. Es muy interesante cómo Ortega toma lo dado como un "enigma":

Los hechos vienen a ser, pues, como las figuras de un jeroglífico. ¿Han reparado ustedes en la paradójica condición de tales figuras? Ellas nos presentan ostentosamente sus clarísimos perfiles, pero ese su claro aspecto está ahí precisamente para plantearnos un enigma, para producir en nosotros confusión. La figura jeroglífica nos dice "¿Me ves bien? Bueno, pues eso que ves de mí no es mi verdadero ser. Yo estoy aquí para advertirte que yo no soy mi efectiva realidad. Mi realidad, mi sentido está detrás de mí, oculto por mí. Para llegar a él tienes que no fiarte de mí, que no tomarme a mí como la realidad misma, sino, al contrario, tienes que interpretarme y esto supone que has de buscar como verdadero sentido de este jeroglífico otra cosa muy distinta del aspecto que ofrecen sus figuras".

Bueno, por lo menos Ortega tiene el sentido común de afirmar que hay algo detrás de todo lo dado. Otros dirían "hay interpretaciones, no hechos". Pero lo que hay es: hechos en la realidad, fenómenos que se nos presentan, interpretaciones de todo eso, para formar modelos y explicar con mecanismos, lo que es la realidad. Una postura realista, un realismo científico, apuesta (no la puede demostrar, la puede mostrar como altamente plausible) a la existencia de una realidad, y a que esa realidad no es "Alicia en el pais de las maravillas", donde pasa cualquier cosa, sino que responde a un cosmos, a un orden. Prosigue el texto:

La ciencia es, en efecto, interpretación de los hechos.

Yo pondría, en mi jerga, "interpretación de los fenómenos, que son la sombra de los hechos".

Por sí mismos no nos dan la realidad, al contrario, la ocultan, esto es, nos plantean el problema de la realidad. Si no hubiera hechos no habría problema, no habría enigma, no habría nada oculto que es preciso des-ocultar, des-cubrir. La palabra con que los griegos nombraban la verdad es alétheia, que quiere decir descubrimiento, quitar el velo que oculta y cubre algo. Los hechos cubren la realidad y mientras estemeos en medio de su pululación innumerable estamos en el caos y la confusión. Para des-cubrir la realidad es preciso que retiremos por un momento los hechos de en torno nuestro y nos quedemos solos con nuestra mente. Entonces, por nuestra propia cuenta y riesgo, imaginamos una realidad, fabricamos una realidad imaginaria, puro invento nuestro; luego, siguiendo en la soledad de nuestro íntimo imaginar, hallamos qué aspecto, qué figuras visibles, en suma, qué hechos produciríaesa realidad imaginaria. Entoncs es cuando salimos de nuestra soledad imaginativa, de nuestra mente pura y aislada y comparamos con los hechos efectivos que nos rodean. Si casan unos con otros es que hemos descifrado el jeroglífico, que hemos descubierto la realidad que los hechos cubrían y arcanizaban.

Esta faena es la ciencia; como se ve consiste en dos operaciones distintas. Una puramente imaginativa, creadora, que el hombre pone de su propia y libérrima sustancia; otra confrontadora con lo que no es el hombre, con lo que le rodea, con los hechos, con los datos. La realidad no es dato, algo dado, regalado - sino que es construcción que el hombre hace con el material dado.

En la última frase, Ortega insinúa realidad como construcción. Ese tipo de frases es las que hay que tratar con mayor precisión. Yo la hubiera escrito "la representación, imagen, modelo (... otras palabras más...) de LA realidad es construcción del hombre". Sino, caemos en eso de que la realidad es una construcción humana. Hay que ser precisos, sino, un par de razonamientos más y caemos en un relativismo, que no me asusta, pero que no veo como verdadero, luego de treinta años de meditar sobre esos temas.

Ortega destaca la imaginación humana. Para mí, es una gran operación mental que tenemos como organismos humanos. La imaginación es, más que una sola operación mental, un conjunto de ellas, que con el tiempo, la ciencia irá desbrozando y aclarando. Es lo que nos permite formarnos "realidades internas", mejor dicho, representaciones y modelos de la realidad. Dudo que una ameba o una vaca tengan imaginación. Parece más posible que la poseen, en algún grado, animales como los mamíferos. Pero es la imaginación la que nos da la posibilidad de jugar en nuestras mentes, hacer planes, prever situaciones. Es la imaginación la que nos permitió organizarnos en grupo para ir a cazar los bisontes que imaginábamos iban a aparecer por aquel valle. Es la imaginación la que nos hace comprender, ante nuestro primer contacto con la muerte, que en algun momento nosotros también estaremos muertos. Casi diría que es la operación mental humana por excelencia (en inteligencia artificial, se trata muchas veces de dotar a agentes autónomos, robots, de la capacidad de representarse lo externo, para ir previendo situaciones y decidir cursos de acción). Continúa Ortega:

No debía ser necesario hacer constar esto, todo el que se ocupa de labores científicas debiera saberlo. Toda la ciencia moderna no ha hecho sino eso y sus creadores sabían muy bien que la ciencia de los hechos, de los fenómenos tiene en un cierto momento que desentenderse de éstos, quitárselos de delante y ocuparse en puro imaginar.

Ciertamente, muchos filósofos vieron a la ciencia como una especie de recolección de datos, pasaje por "un" método, aplicar algo de inducción, y como producto, alguna ley. Es claro que eso sólo es un modelo imaginado por los filósofos, no es lo que ha pasado en la realidad. No es de sorprender que a Kuhn le llame la atención que no sea así, luego de sus lecturas de historia de la ciencia y de lo que algunos supusieron que era "el método científico". Pero debería ser claro que en la actividad científica, hay un componente humano, que es la formación de modelos, y la postulación de mecanismos. Claro que la actividad científica no termina ahí. No basta encontrar un modelo que case con los fenómenos. La actitud científica va más allá: se trata de ver si no hay otros modelos posibles, y el modelo que uno propone debe corresponder a algún mecanismo en algún momento. Hay también una gran apuesta en muchos modelos: que la realidad es simple, que el mejor modelo es el que hace menos suposiciones o que se basa en menos principios, una "navaja de Occam" que trata de buscar el modelo "más simple".

El texto de Ortega que estoy citando es de la lección I de su curso publicado luego como libro "En torno a Galileo". Todo esto es preludio a presentar la operación de creación de modelos en Galileo:

Así, por ejemplo: los cuerpos lanzados se mueven de innumerables modos, suben, bajan, siguen en su trayecto las curvas más diversas, con las más distintas velocidades. En tan inmensa variedad nos perdemos y por muchas observaciones que hagamos sobre los hechos del movimiento, no lograremos descubrir el verdadero ser del movimiento. ¿Qué hace, en cambio, Galileo? En vez de perderse en la selva de los hechos entrando en ellos como pasivo espectador, comienza por imaginar la génesis del movimiento en los cuerpos lanzados cujus motus generationem talem constituo. Mobile quoddam super planum horizontale proiectum mente concipio omni secluso impedimento.

Así inicia Galileo la jornada cuarta de su libro postrero titulado Diálogo de las nuevas ciencias o Discorsi e dimostrazione in torno a due nueve scienze attenenti a la Mecanica ed ai movimenti locali. Estas nuevas ciencias son, nada menos, la física moderna. "Concibo por obra de mi mente un móvil lanzado sobre un plano horizontal y quitando todo impedimento". Es decir, se trata de un móvil imaginario en un plano idealmente horizontal y sin estorbo alguno - pero esos estorbos, impedimentos que Galileo imaginariamente quita al móvil son los hechos -, ya que todo cuerpo observable se mueve entre impedimentos, rozando otros cuerpos y por ellos rozado. Comienza, pues, por construir idealmente, mentalmente, una realidad. Sólo cuando tiene ya lista su imaginaria realidad observa los hechos, mejor dicho, observa qué relación guardan los hechos con la imaginada realidad.

Mucho de lo que leemos, puede convercernos o no. Me agrada la exposición de Ortega, pero más allá del agrado, tenemos siempre que tomar todo con una actitud crítica, para no aceptar alguna postura simplemente porque coincide con nuestros modelos. A mí me gusta Bunge, no por eso lo acepto inmediatamente. Hay que estar "aware", advertidos de que no somos vulcanos, tenemos más que razón, tenemos afectos, inclinaciones, sentimientos, que influyen en lo que aceptamos como "verdadero". No podemos separarnos de eso, pero podemos ser concientes de esa influencia, y estar siempre preparados para hacer un esfuerzo para disminuirla. Conozco mucha gente, que luego de formarse un modelo del mundo, sólo acepta lo que coincide con ese modelo. Es muy común encontrar eso en gente "de izquierdas" o "de derechas". Todo dato, fenómeno, descripción, lo interpretan como mejor concuerda con sus preconceptos. Yo también tengo "un modelo", pero me lo discuto cada tanto, y sino, por lo menos estoy advertido de su existencia y génesis, de sus fortalezas y debilidades. Hace décadas que lo estoy confrontando, y prosigo haciéndolo.

La descripción de Ortega de la actividad científica, es cercana a lo que pienso. Hay datos, fenómenos, y hay modelos que planteamos humanamente. También hay confrontación con la realidad, y hay algunos supuestos, como la apelación a la simplicidad y a la existencia de mecanismos subyacentes, que hasta ahora han sido fructíferos. No es sólo datos y de ahí, sacamos ciencia. Si se hubiera comprendido mejor esto, hubiéramos tomado menos literalmente a Francis Bacon, y nos habríamos ahorrado varias páginas de Kuhn, y algunos libracos de Feyerabend.

Posts anteriores relacionados:

La explicación en ciencia
Conceptos, Modelos, Mecanismos y Ciencia
El modelo de Kepler, el mecanismo de Newton
El mecanismo de Kepler

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Angel "Java" Lopez
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Publicado el 6 de Octubre, 2008, 12:02

Jorge Luis Borges escribió "Baruch de Spinoza":

Bruma de oro, el occidente alumbra
la ventana. El asiduo manuscrito
aguarda, ya cargado de infinito.
Alguien construye a Dios en la penumbra.
Un hombre engendra a Dios. Es un judío
de tristes ojos y de piel cetrina;
lo lleva el tiempo como lleva el río
una hoja en el agua que declina.
No importa. El hechicero insiste y labra
a Dios con geometría delicada;
desde su enfermedad, desde su nada,
sigue erigiendo a Dios con la palabra.
El más prodigioso amor le fue otorgado,
el amor que no espera ser amado.

El título de este blog refleja mi verso preferido...

Va comenzando a aparecer Spinoza en este blog:

Spinoza y los poderes del cuerpo

y va a seguir apareciendo. Condenado por judíos y cristianos, Spinoza es una figura filosófica que tendré que visitar en detalle.

El poema lo encuentro en el excelente libro que mencioné ayer: Las narices de los filósofos, de Carlos Goñi.

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Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía

Publicado el 5 de Octubre, 2008, 16:41

Hoy leo a Francisco de Quevedo:

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal encarado,
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.

Me resultó muy gracioso. Impagable lo de "las doce tribus de narices era"...;-)...  Recordaba el conocido comienzo, pero no el resto. Curiosamente, la versión de

http://amediavoz.com/quevedo.htm#A%20UNA%20NARIZ

es distinta al final.

Hoy encuentro este soneto al comienzo de un excelente libro, una joyita: Las narices de los filósofos, de Carlos Goñi. Leer más en:

Carlos Goñi publica 'Las narices de los filósofos', una historia de la filosofía a través de 50 pensadores esenciales

Angel "Java" Lopez
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Publicado el 4 de Octubre, 2008, 11:41

Hoy leo este texto:

En cuanto observemos atentamente el siglo en que vivimos, en cuanto nos hagamos presentes los acontecimientos que se desarrollan ante nuestros ojos, las costumbres que perseguimos, las obras que producimos y asta las conversaciones que mantenemos, no será difícil que nos demos cuenta que ha tenido lugar un cambio notable en todas nuestras ideas, cambio que, debido a su rapidez, promete todavía otro mayor para el futuro. Sólo con el tiempo será posible determinar exactamente el objeto de este cambio y señalar su naturaleza y sus límites, y la posteridad podrá reconocer sus defectos y sus excelencias mejor que nosotros.

Hasta aquí, podría ser un texto de estos tiempos. Pero sigue:

Nuestra época gusta de llamarse la época de la filosofía.

El texto es parte del comienzo del "Ensayo sobre los elementos de la filosofía", de D'Alembert, describiendo el estado general del espíritu humano a mediados del siglo XVIII. Sigo leyendo:

De hecho, si examinamos sin prejuicio alguno la situación actual de nuestros conocimientos, no podremos negar que la filosofía ha realizado entre nosotros grandes progresos.

¿Qué opinaría D'Alembert de nuestros tiempos? D'Alembert todavía pone dentro de la filosofía, a lo que se llama filosofía natural, hoy ciencia:

La ciencia de la naturaleza adquiere día por día nuevas riquezas; la geometría ensancha sus fronteras y lleva su antorcha a los dominios de la física, que le son más cercanos; se conoce, por fin, el verdadero sistema del mundo, desarrollado y perfeccionado. La ciencia de la naturaleza amplía su visión desde la Tierra a Saturno, desde la historia de los cielos hasta la de los insectos. Y, con ella, todas las demás ciencias cobran una nueva forma.

Este fragmento de arriba vuelve a estar más acorde a la época actual.

El estudio de la naturaleza, considerado en sí mismo, parece un estudio frío y tranquilo, poco adecuado para excitar las pasiones, y la satisfacción que nos proporciona se compagina más bien con un consentimiento reposado, constante y uniforme. Pero el descubrimiento y el uso de un nuevo método de filosofía despierta, sin embargo, a través del entusiasmo que acompaña a todos los grandes descubrimientos, un incremento general de las ideas. Todas estas causas han colaborado en la producción de una viva efervescencia de los espíritus. Esta efervescencia, que se extiende por todas partes, ataca con violencia a todo lo que se pone por delante, como una corriente que rompe sus diques. Todo ha sido discutido, analizado, removido, desde los principios de la música hasta la moral, desde las cuestiones teológicas hasta las de la economía y el comercio, desde la política hasta el derecho de las gentes y el civil. Fruto de esta efervescencia general de los espíritus, una nueva luz se advierte sobre muchos objetos y nuevas oscuridades los cubren, como el flujo y reflujo de la marea depositane en la orilla cosas inesperadas y arrastran consigo otras.

Algo de este "espíritu humano" que describe D'Alembert sobrevive hasta nuestros días. Se describe a D'Alembert y compañía, como los filosófos de la Ilustración, movimiento que pone a la razón como centro, dejando de lado las explicaciones donde algún dios estaba dando la verdad. Lo cierto, es que hubo pensadores bastantes diferentes que se incluyeron históricamente en ese movimiento. Pero en algún momento del siglo XX, se produce un reflujo, donde se ataca a la Ilustración, por poner a la razón en el centro, y al progreso como otra idea a combatir, donde se lo llega de denominar un "gran relato". Alguien llegó a afirmar que Auschwitz es la "derrota de la razón" y de la Ilustración (no sé quien fue el primero en proponer semejante cosa, ¿Adorno y cía?). Yo veo que ese y otros acontecimientos humanos, fueron más producto del romanticismo del siglo XIX, que del abrazo de la razón.

Pero, independientemente de los logros de la Ilustración y de la razón, tenemos que ir aceptando que, como seres humanos, no somos solo razón. Eso lo comprendió Spinoza hace siglos (Freud se atribuyó luego la primicia). Ya Platón separaba al "alma" en tres partes, en el mito del carro alado, dos eran el alma irascible y el alma concuspicente.

La razón nos ayuda a descubrir la realidad, y a nosotros mismos. Pero no somos vulcanos. No somos como el Señor Spock de "Viaje a las estrellas", donde todo lo pasaba por el tamiz de la razón. Tenemos que ir aceptando eso. No para desechar sentimientos, afectos que tengamos, sino para estar "aware", estar advertidos de que en cada acción que emprendamos, cada decisión que tomamos, se ve inmersa no sólo en un análisis racional, sino que tiene otras caras, otras causas y efectos.

Ahora, no quisiera que este aceptación, este reconocimiento de ser organismos donde no podemos separar razón de otras cosas que nos afectan, nos lleve al "abandono de la razón". Justamente, ésta es el pilar para ir descubriendo la realidad. Todo lo demás, nos vino de ser organismos, de nuestra propia evolución, nos sirve para descubrir y actuar en un ambiente, un ambiente humano. Pero la realidad es más sorprendente, y para descubrirla, tenemos que apelar a la razón, la experiencia y al "diálogo" con la realidad misma. Como tantas veces afirmé en este blog, filosofía y ciencia nos ayudan en ese camino.

Pero a no olvidarnos: no somos vulcanos.

El texto de D'Alembert lo encuentro citado en "Filosofía de la Ilustración", de Ernst Cassirer.

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Angel "Java" Lopez
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