Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 4 de Octubre, 2008, 11:41

Hoy leo este texto:

En cuanto observemos atentamente el siglo en que vivimos, en cuanto nos hagamos presentes los acontecimientos que se desarrollan ante nuestros ojos, las costumbres que perseguimos, las obras que producimos y asta las conversaciones que mantenemos, no será difícil que nos demos cuenta que ha tenido lugar un cambio notable en todas nuestras ideas, cambio que, debido a su rapidez, promete todavía otro mayor para el futuro. Sólo con el tiempo será posible determinar exactamente el objeto de este cambio y señalar su naturaleza y sus límites, y la posteridad podrá reconocer sus defectos y sus excelencias mejor que nosotros.

Hasta aquí, podría ser un texto de estos tiempos. Pero sigue:

Nuestra época gusta de llamarse la época de la filosofía.

El texto es parte del comienzo del "Ensayo sobre los elementos de la filosofía", de D'Alembert, describiendo el estado general del espíritu humano a mediados del siglo XVIII. Sigo leyendo:

De hecho, si examinamos sin prejuicio alguno la situación actual de nuestros conocimientos, no podremos negar que la filosofía ha realizado entre nosotros grandes progresos.

¿Qué opinaría D'Alembert de nuestros tiempos? D'Alembert todavía pone dentro de la filosofía, a lo que se llama filosofía natural, hoy ciencia:

La ciencia de la naturaleza adquiere día por día nuevas riquezas; la geometría ensancha sus fronteras y lleva su antorcha a los dominios de la física, que le son más cercanos; se conoce, por fin, el verdadero sistema del mundo, desarrollado y perfeccionado. La ciencia de la naturaleza amplía su visión desde la Tierra a Saturno, desde la historia de los cielos hasta la de los insectos. Y, con ella, todas las demás ciencias cobran una nueva forma.

Este fragmento de arriba vuelve a estar más acorde a la época actual.

El estudio de la naturaleza, considerado en sí mismo, parece un estudio frío y tranquilo, poco adecuado para excitar las pasiones, y la satisfacción que nos proporciona se compagina más bien con un consentimiento reposado, constante y uniforme. Pero el descubrimiento y el uso de un nuevo método de filosofía despierta, sin embargo, a través del entusiasmo que acompaña a todos los grandes descubrimientos, un incremento general de las ideas. Todas estas causas han colaborado en la producción de una viva efervescencia de los espíritus. Esta efervescencia, que se extiende por todas partes, ataca con violencia a todo lo que se pone por delante, como una corriente que rompe sus diques. Todo ha sido discutido, analizado, removido, desde los principios de la música hasta la moral, desde las cuestiones teológicas hasta las de la economía y el comercio, desde la política hasta el derecho de las gentes y el civil. Fruto de esta efervescencia general de los espíritus, una nueva luz se advierte sobre muchos objetos y nuevas oscuridades los cubren, como el flujo y reflujo de la marea depositane en la orilla cosas inesperadas y arrastran consigo otras.

Algo de este "espíritu humano" que describe D'Alembert sobrevive hasta nuestros días. Se describe a D'Alembert y compañía, como los filosófos de la Ilustración, movimiento que pone a la razón como centro, dejando de lado las explicaciones donde algún dios estaba dando la verdad. Lo cierto, es que hubo pensadores bastantes diferentes que se incluyeron históricamente en ese movimiento. Pero en algún momento del siglo XX, se produce un reflujo, donde se ataca a la Ilustración, por poner a la razón en el centro, y al progreso como otra idea a combatir, donde se lo llega de denominar un "gran relato". Alguien llegó a afirmar que Auschwitz es la "derrota de la razón" y de la Ilustración (no sé quien fue el primero en proponer semejante cosa, ¿Adorno y cía?). Yo veo que ese y otros acontecimientos humanos, fueron más producto del romanticismo del siglo XIX, que del abrazo de la razón.

Pero, independientemente de los logros de la Ilustración y de la razón, tenemos que ir aceptando que, como seres humanos, no somos solo razón. Eso lo comprendió Spinoza hace siglos (Freud se atribuyó luego la primicia). Ya Platón separaba al "alma" en tres partes, en el mito del carro alado, dos eran el alma irascible y el alma concuspicente.

La razón nos ayuda a descubrir la realidad, y a nosotros mismos. Pero no somos vulcanos. No somos como el Señor Spock de "Viaje a las estrellas", donde todo lo pasaba por el tamiz de la razón. Tenemos que ir aceptando eso. No para desechar sentimientos, afectos que tengamos, sino para estar "aware", estar advertidos de que en cada acción que emprendamos, cada decisión que tomamos, se ve inmersa no sólo en un análisis racional, sino que tiene otras caras, otras causas y efectos.

Ahora, no quisiera que este aceptación, este reconocimiento de ser organismos donde no podemos separar razón de otras cosas que nos afectan, nos lleve al "abandono de la razón". Justamente, ésta es el pilar para ir descubriendo la realidad. Todo lo demás, nos vino de ser organismos, de nuestra propia evolución, nos sirve para descubrir y actuar en un ambiente, un ambiente humano. Pero la realidad es más sorprendente, y para descubrirla, tenemos que apelar a la razón, la experiencia y al "diálogo" con la realidad misma. Como tantas veces afirmé en este blog, filosofía y ciencia nos ayudan en ese camino.

Pero a no olvidarnos: no somos vulcanos.

El texto de D'Alembert lo encuentro citado en "Filosofía de la Ilustración", de Ernst Cassirer.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com/
http://twitter.com/ajlopez

Por ajlopez, en: Filosofía