Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 15 de Octubre, 2008, 13:13

Saber y saber qué hacer

Ya alguna vez mencioné dos preguntas, en el post:

Grandes preguntas en filosofía

Una es saber "qué es", el conocer la realidad, no la apariencia, no lo que "parece ser", sino lo que hay realmente, lo "que es el caso" diría el estagirita.

Otra pregunta que planteaba, es "qué hacer", qué hacer de nuestras vidas, y qué hacer como humanidad (esto último, tan olvidado muchas veces en el estudio de la acción humana). Esa es una gran pregunta, y por otro lado, una "pequeña" pregunta. Es una gran pregunta, pero para nosotros. El resto del universo, bien podría seguir igual, cualquiera sea la respuesta que encontremos. Muchas veces, la filosofía se ha embarcado en esa pregunta y búsqueda de respuesta, sin tener esa perspectiva de humildad: como si fuera una "gran pregunta" absoluta, tan importante para nosotros como para los dioses, si existieran.

Existe la difundida creencia que sabiendo, conociendo la realidad, contestando la primera pregunta, encontraremos la respuesta a la segunda. Quisiera explayarme hoy en discutir y atacar esa posición.

Veo que es una posición que, de alguna forma, se apoya en otra. Siempre hemos querido contestar a "qué hacer", desde hace millones de años. Queríamos saber si teníamos que ir hasta el próximo matorral para conseguir comida, o si teníamos que salir corriendo, porque había un leopardo. La necesidad de predecir el ambiente, junto con nuestra capacidad de reflexión (que nos da modelos, y formas de imaginar las consecuencias de nuestras acciones), nos ha hecho buscar explicaciones de lo que nos rodea, para mejorar nuestra supervivencia. Supongo que también en algún momento surgió la curiosidad, como una conducta emergente de esta situación.

Para explicar lo que pasa, inventamos mitos y dioses. En medio de todo, queríamos comprender por qué pasaban las cosas que pasaban. En algún momento, pasamos a descubrir un orden en la realidad. Podría poner como ejemplo de ese paso, a los antiguos griegos. Pitágoras se engolosina con la racionalidad que descubre en la naturaleza, y en el poder del número. De alguna forma, saber pasó a ser firmemente "saber qué hará la realidad". Pudimos predecir la posición de los planetas, y otros fenómenos.

En algún momento, se pasó de ese razonamiento "si sé tal cosa, pasará tal otra", a "si sé cómo es ser humano, sé qué hay que hacer como humano". Pondría a Sócrates-Platon como germen de esta postura. Nace la postura naturalista: si conocemos qué es el hombre, sabremos qué hacer. O si sabemos qué es el bien para un ser humano, lo haremos. Platón pone a la mala acción como fruto de la ignoracia. Aristóteles se aparta en varios puntos de su maestro, pero por otro lado, busca la diferencia específica, lo que hace al ser humano lo que es, y lo encuentra en la razón, es el animal racional. Y deduce que ésa es la actividad que debemos emprender como humanos.

Pero para llegar a esa postura que basa en nuestra naturaleza lo que hay que hacer, se dió un salto, que no veo justificado. Hubo algo que olvidamos. A ver si puedo explicarlo.

En mi postura, tenemos naturaleza humana. Contrariamente a lo que afirman algunos existencialistas, que el hombre es una especie de tabla rasa, yo veo claramente que somos organismos, con características que vienen de nuestra particular evolución. No veo que esas características hayan tenido que haber sido como fueron, pero están acá con nosotros. Pero no pienso que eso da la respuesta a "qué hacer". Si (cosa discutibilísima) alguna vez descubrimos que tenemos alguna conducta prefijada por naturaleza, ya sea "somos egoístas", o "somos altruistas", eso no agota para nada la cuestión, sólo pone un punto de partida.

No hay que olvidar, que más allá de los genes, el ambiente, y la sociedad, nosotros tenemos reflexión. Podemos ver, internamente, como escribía más arriba, las consecuencias de nuestras acciones. Podemos, antes de actuar, analizar qué es lo que vamos a producir con nuestra acción o inacción. No es que seamos máquinas de altruismo o de egoísmo. Tenemos reflexión, lo que nos da una dimensión nueva, y la voluntad consciente. Aunque tengamos impulsos y pasiones, como seres humanos también tenemos esa característica de "no reacción automática". Entre lo que nos pasa, y nuestra respuesta, no hay un acto reflejo: estamos nosotros. Eso es lo que somos.

El estudio de la realidad, nos da más conocimiento sobre las consecuencias de las acciones humanas. Pero no nos dá una pauta de qué hacer. Tenemos que buscar el imperativo moral de otra forma. También, tendríamos que discutar qué eso de una acción moral: ¿cuando actúo por una voluntad de hacer el bien, pero el resultado es desastroso, soy bueno moralmente? ¿qué importa, la intención o el resultado? Si nadie está ahí para juzgarme, ¿cómo actuar? Temas que han ocupado siglos de filosofía, a visitar en otros posts.

Este post ha sido motivado, por la lectura del capítulo 2 "Saber y saber qué hacer", del libro de ensayos de Jorge Estrella "¿Tiempo o eternidad?". Otros posts relacionados con ese libro:

La ficha humana
Filosofía y ciencia, revisitadas

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía