Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 17 de Octubre, 2008, 11:34

Hoy quisiera describir un efecto en mi vida, que creo debe ser compartido por otros. Un efecto que ya he descripto en el medio de algún post, pero que dado su influencia en mi personal vida, ya merece un post aparte. Disculpen este toque personal en un blog mayormente dedicado a otros temas.

Resulta que en mi pais, Argentina, hay una cadena de supermercados, llamada Coto, como el apellido del dueño fundador. Pues bien, como todavía ando por la vida portando un cuerpo físico, necesito alimentarme. Alejándome un momento de mis meditaciones, estudios y haceres, me acerco a alguna sucursal de dichos supermercados, porto un carrito, y viajando de góndola a góndola, lo voy llenando de esas cosas que necesito, nada del otro mundo, mi frugalidad es proverbial. Como otros hombres, no me entretengo mucho tiempo: es como ir de caza, uno ve la presa, la toma, y ya está (notablemente las mujeres pueden estar horas alrededor de una góndola, viendo qué llevar).

Así, ya satisfecho con mis elecciones, cumplida la provisión de alimento que imagino necesitar en los pocos días siguientes, me dirijo hacia la salida, con el carrito de compras levemente lleno. Mientras, voy meditando sobre alguna lectura, algún párrafo de "La república" de Platón, o alguna demostración de teoría de categorías, que quisiera revisar, o algún texto de Feynman o Gould, o del beato Bunge. O quizás, meditando alguna idea de post para escribir. Y cuando llego a la puerta, la gente del supermercado me para. Espero que me digan algo como:

"Maestro, no somos dignos que visite nuestro local, es un honor que venga a provisionarse aquí, Ud. que ha creado ... (y aquí viene una lista de mis aportes a la humanidad, que omito por modestia  ;-)... por favor, tómese esto y aquello, le recomendamos tal y tal cosa ... "

Pues no. Me paran y me dicen que pague por la compra. ¡Arg! ¡Humanos que aún no han visto la luz! :-) ;-)

Lo mismo me pasa con la empresa que provee la luz, la que me da gas, la que me da el servicio de Internet. En vez de darse cuenta que están  colaborando con el desarrollo de la historia humana, en vez de aportar  ayuda gentilmente a mis actividades, en lugar de dejar un comentario por acá, alabando o criticando algún post, nones, insisten en el vil metal, en la rústica moneda, ven el comercio en vez de la vida contemplativa, explotan el fetichismo de la mercancía, son los mercaderes del templo, que duros de corazón y vacíos de mente, se arrastran por los debes y haberes, por las facturas y tickets, sin reparar en lo que hay más allá del dinero, en la creación y en lo que hay de humano en cada uno.

En fin, es que tengo que pagar ... ;-)

Eso es lo que yo he bautizado el "Efecto Coto".

Sería bueno que cada uno pudiera desarrollarse como humano, en las actividades que prefiera, y que juzgue mejor realizar, en vez de estar gran parte del día juntando las monedas para el pan del día siguiente.

Sócrates tenía su quintita, así que no tenía que trabajar en el sentido moderno. Marx podía quedarse todo el día en la Biblioteca Británica, pensando y rascándose el higo, (imagino que con periódicas visitas al baño de la institución), porque tenía a Engels, que le pagaba las cervezas (pero no muchas). Hume trabajó un tiempo, pero luego zafó con sus escritos y algo de fama.

Yo, hoy por hoy, tendré que seguir vendiendo tiempo por pan. El Efecto Coto aún me persigue... ;-)

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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