Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 19 de Noviembre, 2008, 9:57

Uno de los problemas de la ciencia, y de alguna forma, de la filosofía, es la explicación de la mente, y su relación con el cuerpo humano. Siempre ha habido la idea de una "mente" como si fuera un órgano, hasta separado del cuerpo, cercano al "alma", cuando parece claro que es un proceso de nuestro cuerpo, como la digestión, aunque sumamente elaborado, y con el gran "twist" de la reflexión, lo que nos da la conciencia.

Hubo un tiempo, en la psicología americana, donde, como reacción a lo que se decía sobre lo no observado, se adoptó el conductismo. Leo hoy a Mario Bunge:

Estamos acostumbrados desde tiempo inmemorial a explicar nuestra conducta y nuestra experiencia subjetiva en términos de un alma o una mente y de sus propiedades putativas. Esto hace que digamos cosas como "Tengo X en mi mente", "Su alma estará descansando en paz", "Alma mía" y "No me lo miente".

A comienzos de nuestro siglo [Bunge escribe esto en el siglo XX] eminentes psicólogos y neurofisiólogos se dedicaron a proclamar que hablar de la mente no era científico, que se trataba de un mero remanente de la superstición primitiva. Pedían que se abandonaran no sólo la noción teológica de alma inmaterial e inmortal, sino también ideas de capacidad, disposición, estado y proceso mental. Algunos de ellos tendieron, poco a poco, y con éxito, a hablar sólo de hechos observables, sean movimientos del animal o de alguna de sus partes.

Me pareció siempre una reacción extrema esta postura, al igual que otras derivaciones del positivismo.

Esta excomunión del concepto de mente paralizó a algunos filósofos, sobre todo a los que tenían inclinaciones positivistas - que, a fin de cuentas, fueron los inspiradores del movimiento conductista. Otros continuaron escribiendo sobre mentes, intenciones, imágenes mentales y similares. Lo cual era de esperar, porque la mayor parte de los filósofos no prestan atención a los científicos.

Y acá Bunge explica la caída del conductismo:

Mientras tanto el eminente Jean Piaget, olvidándose de la prohibición conductista, comenzó a investigar la emergencia y el desarrollo de las capacidades mentales en los niños y en los adolescentes. Dos décadas más tarde estalló otra rebelión igualmente influyente: Donald Hebb estableció que las asambleas neuronales no se limitan a detectar y procesar estímulos: también pueden idear. Y proclamó que la psicología humana trata de la mente. Poco después el lingüista Noam Chomsky lanzó un ataque directo contra la psicología sin mente - sin que, lamentablemente, preservara al sistema nervioso. Todo esto señaló el comienzo del fin de la larga y aburrida noche del conductismo.

Lo que le falto al conductismo, es investigar sobre los mecanismos subyacentes a los modelos que creaban. Es parte de la actividad científica, no sólo describir y hasta descubrir leyes, sino tratar de dar una mecanismo que explique lo que sucede. Estamos, con la ciencia cognitiva, estudiando este fascinante problema, el de la mente.

Encuentro el texto en el excelente libro de Mario Bunge: "El problema mente/cuerpo", publicado por primera vez en 1980, donde hace un breve repaso de las distintas posturas que aparecieron con el tiempo (hasta hace un diagrama y todo, actitud tan rara en otros escritores filosóficos), y expone la suya.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Ciencia