Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 11 de Diciembre, 2008, 8:42

Kurt Gödel ha sido el principal lógico del siglo pasado, y ha tenido una vida rica de encuentros. Frecuentó al Círculo de Viena, Carnap y cía, algo a Wittgenstein, fue amigo de Einstein. Pero tuvo un caracter extraño, retraído. Tenía una idiosincracia extraña, que afectó sus relaciones con las otras personas. Algunas anécdotas de su vida:

John Bacall era un joven y prometedor astrofísico a quien, en una pequeña cena celebrada en el Instituo, le presentaron a Gödel. Al identificarse como físico, Gödel le replicó secamente: "No creo en las ciencias naturales".

El filósofo Thomas Nagel también recuerda una pequeña cena en el Instituto [de Estudios Avanzados de Princeton] en la que le tocó sentarse junto a Gödel, con quien departió acerca del problema de la relación entre cuerpo y mente, un viejo hueso filosófico que ambos pensadores habían tratado de roer. Nagel le señaló que su dualismo extremo (según el cual las almas y los cuerpos poseen existencias separadas y se unen en el nacimiento para conformar una especie de sociedad que se escinde al morir el individuo) resultaba difícil de conciliar con la teoría de la evolución. Gödel le respondió que no creía en la evolución y para más inri, como si el dato corroborase su rechazo del darwinismo, añadió: "Sabrá usted que Stalin tampoco creía en la evolución y era un hombre muy inteligente".

"Después de eso", me contó Nagel con una risita, "lo dejé por imposible...".

El lingüista Noam Chomsky también afirma haberse quedado de una pieza durante un encuentro con el lógico. Chomsky le preguntó en que andaba trabajando en esos momentos y recibió una respuesta que probablemente nadie desde Leibniz, el filósofo del siglo XVII, había dado: "Estoy tratando de demostrar que las leyes de la naturalez son apriori".

Este texto lo encuentro en el libro "Gödel, paradoja y vida" de Rebecca Goldstein. Comenta Goldstein:

Cuanto mejor se comprende el pensamiento de Gödel, más comprensible resulta la animadversión que sentía por la teoría de la evolución. Un racionalista como él ansía suprimir toda traza de azar o casualidad, mientras que la selección natural recurre precisamente a lo contingente y aleatorio como fundamentos explicativos. En términos microevolutivos (cambios de una generación a otra), la teoría otorga un papel esencial a la contingencia histórica, aspectos tales como los caprichos de la geología y el clima, o eventos tales como el impacto de un meteorito en la Tierra, que, al oscurecer el sol, habría acabado con los dinosaurios, posibilitando así que mamíferos del tipo del ratón ocupasen los nichos ecológicos que quedaron vacantes. (Doy las gracias a Steven Pinker por esta explicación).

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Angel "Java" Lopez
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