Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 1 de Enero, 2009, 18:01

Hace un tiempo escribí el post:

La casita de Descartes

Ahí recordaba el texto de Descartes:

... como para empezar a reconstruir la casa en que se vivo no basta haberla derribado y haber hecho acopio de materiales y arquitectos, o haberse ejercitado uno mismo en la arquitectura y haber trazado cuidadosamente el plano, sino que también hay que proveerse de alguna otra habitación en donde pasar cómodamente el tiempo que dura el trabajo, de igual modo, con el fin de no permanecer irresoluto en todas mis acciones mientras la razón me obligase a serlo en mis juicios, y no dejar de vivir desde luego lo más felizmente que pudiese, me formé una moral provisional que consistía solamente en tres o cuatro máximas que voy a exponer...

Así comienza la tercera parte de su Discurso del método. Examinemos hoy esas máximas que propone para su moral provisional. Primero, son máxima para una moral, no para un método de conocimiento. Segundo, es provisional. No parece que haya escrito mucho más que este capítulo sobre este tema en sus obras, aunque ha mencionado el tema de la moral provisional y sus máximas en varias de sus cartas.

Consistía la primera en obedecer las leyes y costumbres de mi país, conservando constantemente la religión en que Dios me ha concedido la gracia de que me instruyera desde niño, rigiéndome en las restantes cosas según las opiniones más moderadas y más apartadas de todo exceso, que fuesen comúnmente aceptdas en la práctica por las personas más sensatas con quienes tuviera que convivir.

Hay aquí una reminiscencia de la ética de Aristóteles, donde cada virtud está en un justo medio. También hay un "donde fueres, haz lo que vieres", aunque apelando a la moderación. Como educando de los jesuitas y actor de su tiempo, Descartes se cuida de no olvidar a Dios en su escrito. Más adelante

Mi segunda máxima fue la de ser lo más firme y resuelto que pudiese en mis acciones y seguir con tanta constancia en las opiniones más dudosas, una vez resuelto a ello, como si fueran muy seguras.

Esto contrasta con su duda metódica, en la búsqueda de conocimiento verdadero. Claro que esta máxima se refiere a moral, a lo que hacer, más que ha lo que es, al conocimiento de la realidad. Hoy veo que es necesario abrazar alguna forma de esta máxima, mientras que en la vida se va revisando cada tanto nuestras bases morales. Hay que actuar, pero hay que estar "aware", advertidos, de lo que asumimos como base para nuestro accionar, en general no tiene un piso fijo y firme, como explicaba en el post de la casita.

Y finalmente, la tercera máxima:

... fue procurar siempre vencerme a mí mismo antes que a la fortuna y alterar mis deseos antes que el orden del mundo; y acostumbrarme a creer que sólo nuestros pensamientos están enteramente en nuestro poder, de manera que, después de haber obrado lo mejor que hemos podido, en lo tocante a las cosas exteriores, cuanto nos sale mal es absolutamente imposible para nosotros.

Gran regla. Todos los comentadores coinciden en ver acá la influencia del estoicismo. Solos dueños de nuestros pensamientos.

... me parecía bastante para impedirme desear en el porvenir nada que no pudiese adquirir y mantenerme contento... Confieso, sin embargo, que se necesita un largo ejercicio y reiteraas meditaciones para acostumbrarse a mirar todas las cosas desde este punto de vista; y creo que en esto consistía principalmente el secreto de aquellos filósofos que en otros tiempos pudieron sustraerse al imperio de la fortuna y competir en felicidad con sus dioses.

Clara alusión a la frase estoica: el sabio es tan feliz como un dios. Hoy el estoicismo está casi olvidado, pero me inclino ante él. Pienso que en esta época de tanto centro en "la búsqueda de la felicidad" mediante lo material, un gajo de estoicismo debería ser bienvenido.

Esta entrada ha sido inspirado por el post de @mtorchiari en su blog:

Resoluciones de Año Nuevo

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía