Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 16 de Enero, 2009, 8:18

Hace unos días, escribí sobre Steven Weinberg en

Reduccionismo según Steven Weinberg

comentando un fragmento de su libro "El sueño de una teoría final, la búsqueda de las leyes últimas de la naturaleza". Es un excelente libro, que en cada capítulo muestra y discute la historia del último siglo en física, la actividad científica, posiciones filosóficas, todos temas interesantes.

Hay un capítulo dedicado a la belleza en las teorías físicas. Durante unos párrafos, Weinberg expone y discute sobre la estructura de la teoría de la relatividad general de Einstein, que ha seducido a varios científicos aún antes de estar comprobada, gracias a su consistencia interna, a su derivación a partir de unos pocos principios. Weinberg señala muy bien, que una teoría física no tiene que ser sencilla para ser bella: las ecuaciones planteadas por la relatividad general no son sencillas, y tiene soluciones simples sólo en casos triviales. Su belleza aparece al ver que la teoría tiene una estructura que hace que se construya y se sustente desde pocos puntos de partida. Un cambio en alguna de las condiciones, y la teoría pierde consistencia.

En un momento del capítulo, compara a ese tipo de belleza con otras:

La clase de belleza que descubrimos en las teorías físicas es de un tipo muy limitado. Es, hasta donde he sido capaz de expresar con palabras, la belleza de la simplicidad y de la inevitabilidad: la belleza de la estructura perfecta, la belleza de que todo encaja, de que nada puede cambiar, de la rigidez lógica. Es una belleza sobria y clásica, como la que encontramos en las tragedias griegas. Pero este no es el único tipo de belleza que hallamos en las artes. Una obra de Shakespeare no tiene esta belleza, al menos no en el grado que la tienen algunos de sus sonetos. Es frecuente que el director de una obra de Shakespeare decida cortar párrafos enteros. En la versión cinematográfica de Hamlet de Olivier, Hamlet nunca dice: "Oh, que miserable, que abyecto esclavo soy....!". Y, pese a todo, la representación funciona, porque las obras de Shakespeare no son estructuras sobrias y perfectas como la relatividad general o el Edipo rey; son grandes composiciones abigarradas cuya confusión refleja la complejidad de la vida. Esto forma parte de la belleza de sus obras, una belleza que para mi gusto es superior a la belleza de una obra de Sófocles, o a la belleza de la relatividad general para nuestro caso. Algunos de los más grandes momentos en Shakespeare son aquellos en que deliberadamente abandona el modelo de la tragedia griega e introduce un exótico cómico proletario, un portero, o un jardinero, o un vendedor de higos, o un sepulturero, inmediatamente antes de que sus personajes principales encuentren sus destinos. A decir verdad, la belleza de la física teórica sería un mal ejemplo para las artes, pero tal como es nos proporciona placer y guía.

Ya en otros posts escribí sobre lo difícil que es entender algunas partes de la física, sin mostrar fórmulas o sin comprender los modelos matemáticos que se usan para describir el comportamiento de una parte de la realidad. Es el caso de la física de partículas, la especialidad de Weinberg. Lean cómo es consciente de este tema, y sanamente se lamenta:

También en otro aspecto me parece que la física teórica es un mal modelo para las artes. Nuestras teorías son muy esotéricas necesariamente lo son porque estamos obligados a desarrollar estas teorías utilizando un lenguaje, el lenguaje de la matemática, que no se ha convertido en parte de la cultura general del publico educado. A los físicos generalmente nos disgusta el hecho de que nuestras teorías resulten tan esotéricas. Por el contrario, he oído en ocasiones a artistas que hablaban orgullosamente de que su trabajo solo es accesible a un punado de eruditos y justificaban esta actitud citando el ejemplo de algunas teorías físicas, como la relatividad general, que también pueden ser entendidas solo por los iniciados. Puede que los artistas, como los físicos, no sean siempre capaces de hacerse entender por el gran público, pero el esoterismo por el esoterismo es simplemente estúpido.

Vaya esto como muestra de que la actividad científica, en general, no busca la oscuridad, sino la verdad de sus modelos. Y que sirva de rapapolvo para aquellos que no persiguen la claridad, al exponer sus ideas.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Ciencia