Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 16 de Febrero, 2009, 7:50

Hoy quisiera comentar un fragmento de post de Marina Torchiari, una de las usuarias argentinas más populares de Twitter, pueden visitar su perfil:

http://twitter.com/mtorchiari

Ya había enlazado un post de su blog

EsEvidente

cuando escribí La moral provisional de Descartes inspirado por su post Resoluciones de año nuevo.

El post que hoy me ocupa, escrito por misia Torchiari, es su

Preguntas para gente con capacidades especiales

No me voy a dedicar a comentar todo el post, pueden ir y leerlo, y sacar sus conclusiones, dejar comentarios ahí, y volver, como siempre, a leer mi blog. En ese post, la Torchiari se pregunta en qué están pensando algunas personas que tienen conductas que ella no aprueba. Quisiera concentrar mi atención, comentario y crítica, al fragmento siguiente:

A los que cortan las empanadas a la mitad para comerlas.
¿Vos te creés que es un huevo de pascua y vas a encontrarle una sorpresa? ¿Por qué pensás que se cierran las empanadas si te las vas a comer abiertas? ¿No te parece que no vale la pena que me hagas lavar un tenedor -que ensuciaste para juntar el relleno que se te salió, por boludo- si te invité a comer EMPANADAS?

Me temo que no estoy de acuerdo. Ya adivinaran Uds. por qué: sí, señoras, señores, y por qué no, lactántricos, yo soy una de esas personas que cortan las suculentas empanadas por la mitad, incluso usando cuchillo y hasta tenedor. Caigan sobre mí las invectivas de la Torchiari, caiga sobre mí la maldición que hecharon sobre Spinoza:

Maldito de día, maldito de noche

Yo, el peor de todos, corto las empanadas con cuchillo.

Pero no tengo de qué avergonzarme. Quisiera contestar a esa postura torchiari, con una apología del cortar la empanada. Sigo en esto, a mi maestro, Don Muzza, que ha sabido contestar a posturas más peligrosas y obscenas, en sus Disquisiciones Bizantinas.

Ahora, alguno de Uds. podrá preguntar: ¿pero quienes son Uds.,  misia Torchiari, y un servidor que firma este post, para opinar sobre las empanadas?

¡Gran pregunta! Hay una base para que tanto @mtorchiari como yo, nos dediquemos al tema de las empanadas. Podría apelar a los derechos del hombre (o del ser humano, para no levantar problemas de género en la autora de EsEvidente), pero no, voy a explicar nuestro interés en un dato biográfico, circunstancial, pero que como tantas veces, explica la genealogía de tantas posturas y pensamientos, en preclaros pensadores.

Tanto @mtorchiari como quien suscribe, somos de Quilmes, una ciudad del conurbano de Buenos Aires (aunque en los últimos tiempos, mis cubiles están en la propia ciudad de Buenos Aires, y hace unos centenares de días que no piso mi ciudad natal). Y si Quilmes pasará a la historia y a la Wikipedia, no será por haber sido el lugar donde los ingleses desembarcaron, a principios del siglo XIX, para invadir Buenos Aires (cosa, que para fortuna de ellos, fracasaron), sino por haber sido la cuna del establecimiento "La Chacha", mítico lugar (creo que hoy desaparecido) donde se cocinaban las más deliciosas empanadas que un individuo del género Homo hubiera podido comer jamás.

Isaac Asimov describe, en "Preludio a la fundación", cómo su protagonista, Hari Seldon, encuentra en el planeta Trantor, el centro administrativo de la galaxia, un grupo humano, que producían una suerte de golosina redonda, cada una de las cuales tenía un sabor distinto, e inefable. Nada de eso se compara con las empanadas de "La chacha".

Hecha esa aclaración, permítaseme pasar a mi apología. Pero antes, demos un pantallazo sobre la filosofía de la empanada, que hunde sus raíces en lo profundo de la cultura humana.

Podría comenzar con los egipcios, que en su adoración del Sol, como huevo del mundo, sólo ocultaron a las gentes, la verdad: la adoración de la empanada, el huevo original, la carne condensada. Pero como esto me llevaría a los ritos órficos (donde se cocinaba la empanada primordial, que era probada por las vírgenes que participaban en esas orgías), prefiero, hoy, dejar de lado esa rama de la empanadología.

Puedo mencionar que ya Platón imaginaba, con sus ideas, que había una empanada ejemplar, La Empanada, una empanada ideal, sin repulgue, que tenía en sí la idea de todas las empanadas, pasadas, presentes y futuras. Aristóteles le criticó que entonces no entendía si había idea platónica de "empanada de carne", en lugar de simplemente "empanada". De ahí, que el estagirita derivó su idea de género ("empanada") y diferencia específica ("de carne"). Uds. objetarán: eso no es lo que nos han enseñado, no hay texto que lo mencione. Eso es consecuencia que todos los comentadores de Aristóteles, son anglosajones o árabes, gentes que tenían poca idea de la empanada. De ahí que Averroes, cuando trata de traducir del griego, al encontrase con el término "empanada", no puede encontrar una definición, y el fragmento se ha perdido.

Podría mencionar brevemente, que "empanada" también aparece en otros textos, aunque su presencia ha pasado desapercibida. Cuando en la Ilíada, un grupo de guerreros griegos visita a Agamenón, para tratar de conciliar su posición con Aquiles, éste, como buen anfitrión, les ofrece sus esclavas, una picada, y algunas empanadas (hay una noche, en la que las visitas van de un campamento a otro, así que me imagino a Ulises, que siempre se prendía en eso de las esclavas y las empanadas, empachado al final de la jornada, de tanto engullir  espécimes, de carne picante y esclavas).

La filosofía de la edad media negó la empanada, que como todo lo que estaba relacionado con la carne, era obra del demonio. En el mundo del más allá, no había empanadas. Así, sólo queda alguna frase de San Agustín, que alude al paralelismo de la existencia humana, y la empanada: "de carne somos".

Sólo alguien avispado en estas cuestiones, puede darse cuenta que las mónadas de Leibnitz, solamente son una metáfora de la empanada.

David Hume negó que pudiéramos alguna vez deducir qué hay adentro de la empanada, sin abrirla. Si le mostráramos al bueno de Hume que esta empanada tiene claramente el repulgue que la marca como "empanada de jamón y queso", el escocés nos respondería que no hay causalidad, entre repulgue y contenido, sino solamente el hábito.

Kant, influido grandemente por la lectura de Hume, llegó a acuñar el término "empanada en sí", para diferenciarla de la imagen que nuestros sentidos y entendimiento nos daba de lo que veíamos ahí afuera como "empanada" fenomenológica.

No me gustaría tratar aquí a Heidegger (los remito a buscar en la web los términos empanada-en-sí, empanda-para-sí, empanada-ante-la-muerte, y demás palabras trencito), ni tampoco explayarme sobre Hegel, donde la empanada era la síntesis de tesis (relleno) y antitesis (envoltorio).

Pero "I digress". Volvamos a la apología. Si bien hay que reconocer que misia Torchiari no alude directamente al castigo y la prohibición, veo en ese fragmento la semilla de la censura social a los que, como yo, cortamos la empanada. Ante tamaña amenaza, no puedo menos que recordar a John Stuart Mill, que tantas veces nos alertó sobre el poder de la sociedad sobre el individuo. No quisiera, que en este siglo tan característico de la libertad individual, viera crecer la sombra de la condena social, a quienes como yo, osamos cortar la empanada antes de comerla.

Primera defensa: yo corto la empanada, por que me piacce. No haría falta más argumento. Mientras que mis actos no provoquen sufrimiento en seres que puedan sufrir (leer de nuevo al esclarecedor Hume sobre el tema), yo puedo seguir cortando la empanada.

Pero también puedo aducir razones de tenor práctico. Creo que todos Uds. habrán encontrado alguna vez, un ejemplar de empanada neutrónica: aquella, que conteniendo el relleno en una especie de masa crítica, explota nada más al primer mordisco, provocando una escena donde todos los que están en unos metros a la redonda, quedan cubiertos de caliente relleno, napal culinario moderno.

Otras veces, nos hemos topado con la empanada sachet: la que al parecer, en vez de tener relleno sólido, contiene una sopa primordial líquida, que se escapa a chorros al intentar abrir un orificio con nuestra dentadura.

Más conocido, es el caso de la empanada que desafía la termodinámica: contiene en su interior, tanto sólido como líquido, pero a temperatura digna de la superficie de un agujero negro. Es inútil tratar de disminuir su temperatura, simplemente soplando: haría falta una nueva glaciación, o un mar completo (como en el caso Mariano Moreno), para apagar tanto fuego.

También está la empanada camaleon: la que por alguna razón cuántica, no tiene correspondencia entre su repulgue y su relleno. Así sucede, que en cuanto la mordemos, nos damos cuenta que en vez de contener carne, tiene, oh, el creador del universo no lo permita, carne con pasas!! (desconozco mayor desaguisado que esa tétrica combinación, digna creación de una mente criminal, de un Moriarti gastronómico).

Todos estos problemas (grandes problemas que aparecen a diario en nuestras vidas) se mitigan, y hasta arriesgaría, desaparecen, si apelamos a mi método: cortar la empanada, con cuchillo. No veo entonces verguenza en usar semejante camino para engullirme empanadas.

Espero que se haya entendido mi postura, y que, de alguna forma, haya servido para evitar la "bajada de línea" única que propone la, en todo lo demás esclarecida y moderada, Torchiari.

Pueden consultar otros posts de misia Torchiari, como

Problema alimentarios
Momentos difíciles

que también merecerían un comentario en este blog. Pero, baste por hoy.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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