Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 12 de Diciembre, 2009, 13:40

Ya escribí sobre Marco Aurelio, emperador romano y filósofo, en el post Marco Aurelio, la vida humana y la filosofía. Comenté ahí que en esta época actual, hay que rescatar al estoicismo. En un tiempo donde se busca el éxito, una felicidad basada más en tener que en otra cosa, en vivir cada uno su vida, olvidando que estamos en una sociedad, que esto no es un "sálvese quien pueda", dar un poco de publicidad al estoicismo lo veo saludable. Uno de los pilares del estoicismos es la formación del carácter. No veo que en la educación de hoy se haga especial énfasis en ese tema. Se prefiere la acumulación de conocimientos y prácticas, o las habilidades interpersonales, a la formación de un individuo que sea más firme ante lo que le espera en la vida. Veo que muchos de nosotros, somos marionetas de los hechos y las emociones, lo cual no está "mal" (todavía tengo que seguir escribiendo sobre ¿Qué es lo bueno?), pero puedo levantar la mano y anunciar que también hay otro camino: el del formar el carácter. También quiero destacar: el estoicismo no es sólo para formar el individuo. En la época de Marco Aurelio, el hombre se veía como parte de una sociedad, como también pasó en los griegos anteriores a los romanos de aquellos tiempos. Para un griego, sería inaudito vivir en un barrio privado, aislado del resto de su sociedad, sin preocuparse por ella (también recuerdo que muchos de los griegos de entonces se preocupaban de una "sociedad" elitista, donde no entraban los esclavos como miembros de ella).

Esas dos posturas: la formación del carácter, el ser humano realizado como parte de una sociedad, son, entonces, dos temas que han perdido su fuerza. Pero vuelvo al tema de este post.

En el primer libro de sus Meditaciones, Marco Aurelio recuerda y agradece, lo que aprendió de otros. Uno de los más largos párrafos de su libro, es el dedicado a su padre, donde enumera lo que le enseñó con el ejemplo:

De mi padre la gentileza, la firmeza sin oscilación en decisiones previamente analizadas; no vanagloriarse en lo que se considera motivo de honras; ser amigo del esfuerzo y perseverar; prestar oídos a quien tiene algo en bien del común que proponer; no dejarse pervertir al distribuir a cada uno según su valía; tener experiencia de cuándo se precisa tensión y cuándo relajación; hacer cesar los amoríos con adolescentes; la preocupación por el bien común; no desear por encima de todo que los amigos coman o viajen con uno a la fuerza, sino que los que se ausentaban por necesidades suyas se lo encontraban siempre igual; las averiguaciones en las reuniones de consejo rigurosas y detenidas; saber mantener a sus amigos, sin hartazgo repentino ni atolondramiento; ser autosuficiente en todo y radiante; prever con tiempo y regular por anticipado lo ínfimo sin dramatizar; frenar durante su mandato las aclamaciones y cualquier adulación; ser vigilante de las necesidades del imperio, ecónomo de los gastos públicos y capaz de encajar la crítica de algunos sobre tales actitudes; con relación a los dioses no ser supersticioso, con relación a los hombres no ser demagogo, obsequioso, ni buscar el favor de la turba, sino ser sobrio y seguro en cualquier ocasión, nunca vulgar ante la belleza ni deslumbrado ante la novedad; de las cosas que hacen la vida fácil y que con abundancia proporciona la fortuna, hacer uso sin delirio y sin buscar excusas, de forma que si estaban a mano las alcanzaba sin preocuparse, si estaban ausentes no las precisaba; que ninguno pudiera decir que era un sofista, un impostor o un pedante, sino que era un hombre cabal, completo, ajeno al halago, capaz de ponerse al frente de sus propios asuntos y de los ajenos; además de eso su aprecio a los que hacen filosofía de verdad, sin ser crítico en demasía frente al resto y sin dejarse arrastrar por ellos; además su buena compañía y donaire sin hartar; preocuparse de su propio cuerpo con mesura, no como si tuviera apego a la vida, sin llegar al maquillaje pero tampoco desde luego al abandono, de forma que por su propia diligencia precisaba poquísimo de la medicina, de sus medicamentos o ungüentos, de uso interno o externo; ceder terreno sin prejuicios a los que estaban en posesión de alguna capacidad como la de la elocuencia o la que proporciona la investigación de las leyes, costumbres u otros asuntos y colaborar con entusiasmo con ellos de forma que cada uno tuviese buena reputación en lo que era en concreto superior: todos sus actos los hacía de acuerdo con las tradiciones patrias sin aparentar que era justamente eso por lo que se esforzaba; también no cambiar con facilidad ni mariposear, sino frecuentar los mismos lugares y hechos; después de los ataques agudos de dolor de cabeza volver al punto con vigor y energía a las tareas habituales; no tener muchos secretos, sólo los mínimos, en muy rara ocasión y en bien del común; su prudencia y moderación en la realización de los espectáculos, obras públicas, repartos y cosas por el estilo, que sólo atendía a la propia necesidad de su realización, no a la fama una vez realizados; no bañarse a deshora, ni tener manía constructora, y no preocuparse de las comidas ni de los tejidos o colores de sus ropas ni de que sus esclavos estuvieran en sazón; la ropa que le llegaba desde Lorio desde su villa de abajo y muchas cosas de Lanuvio; cómo trató al recaudador de Túsculo que se excusaba y todo ese tema; en absoluto rudo ni desde luego inexorable, tampoco tan turbulento que uno pudiera llegar a decir »incluso sudó«, sino que todos sus comportamientos estaban diferenciados razonadamente con minucia, sin turbación, con orden, con fuerza y en concordancia mutua; se le podría aplicar la anécdota referida a Sócrates de que podía al tiempo abstenerse y disfrutar de aquello por lo que la mayoría en caso de abstinencia se siente débil y en caso de disfrute se dejan llevar; ser fuerte y resistente y en ambas cosas ser sobrio [es propio de un hombre que tiene un espíritu articulado e invencible], como en la enfermedad de Máximo.

El "no dejarse pervertir al distribuir a cada uno según su valía" es parte de la justicia estoica. Lo de "hacer cesar los amoríos con adolescentes" se refiere a la homosexualidad que se practicaba siguiendo el gusto griego, entre hombres adultos y muchachos adolescentes. No era rechazada la homosexualidad en Roma, pero no se veía bien que un ciudadano adulto, que tuviera que participar de la vida pública, fuera influido por esa práctica.

Se ve, varias partes de este texto, la búsqueda de esa firmeza ante la vida y las circunstancias, que buscaba alguien estoico, sin eludir los placeres, pero sin depender de ellos. Sin dejar de actuar, pero no dejándose llevar por el momento o la turbulencia. Hacer, no por la fama o la fortuna, sino porque es  lo que hay que hacer. La voluntad sobre el arrastre de las pasiones. La calma firme antes que el descontrol. La fuerza antes que la debilidad. Lo sobrio antes que lo desordenado. La aceptación antes que la desesperación.

Tal vez el estoicimo es excesivo. Pero en los tiempos que corren, está para rescatarlo.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com
http://twitter.com/ajlopez

Por ajlopez, en: Filosofía