Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 4 de Abril, 2010, 22:50

Pensaba que esto que voy a comentar ahora, ya lo había escrito en algún post anterior mío. Pero realmente no lo encuentro. Vaya pues, esta mención y comentario, sobre el párrafo 1 del capítulo 1 del excelente libro de Thomas Moro Simpson "Formas lógicas, realidad y significado", Editorial Eudeba. Leo ahí:

La distinción clara entre las palabras y las cosas es un producto tardío del espíritu humano. En la cosmovisión de la humanidad primitiva, el nombre forma parte del ser de los objetos, quizá del alma, y sólo una cuidadosa protección puede alejarlo del peligro acechante.

No puedo dejar de recordar, el pasaje del Génesis, donde Adan le da nombre a todos los animales (y supongo que a los vegetales también).

El fetichismo de la palabra logró sobrevivir en la época histórica: "La deidad guardiana de Roma tenía un nombre incomunicable; y en algunas zonas de Grecia antigua, los nombres sagrados de los dioses eran grabados en láminas de plomo que se arrojan al mar, con el fin de protegerlos contra la profanación".

Agregaría que los etruscos tenían un panteón de 12 dioses (subordinados a otro mayor), cuyos nombres eran secretos (y hasta donde sé, han quedado secretos, los historiadores no han encontrado referencia). También recordaría el nombre secreto del dios del antiguo testamento, que no podía ser pronunciado.

Observa un autor que los indios norteamircanos "consideran su nombre como una parte definida de su personalidad, a igual título que sus ojos y dientes,  y creen que el manejo malintencionado de su nombre puede causarles tanto daño como una herida en cualquier sitio del cuerpo".

Recuerdo a Helvio Botana, mencionando en su libro autobiográfico "Los dientes del perro" que su familia ocultaba a los demás su segundo nombre, para que no le hicieran algun trabajo brujo.

Se debe a esta creencia que muchos salvajes se esfuercen por ocultar sus nombres, para evitar las operaciones mágicas de sus enemigos.

Tengo entendido que Toro Sentado ganó ese nombre: antes tuvo otros. Pero había un nombre que solo sabía él y el brujo que se lo había dado. Simpson ahora menciona algo extraído de un libro clásico:

Los cafres nos han legado una ilustración pintoresca de esta concepción de esta concepción semántica primitiva. Creían que el carácter de un individuo es modificable mediante el uso mágico de su nombre. Para modificar el carácter de un ladrón y convertirlo en un hombre honesto, la receta es la siguiente: se grita el nombre sobre un puchero con agua hirviendo y con "medicina", se tapa el puchero y se deja el nombre macerándose durante siete días (J.G.Frazer, La rama dorada).

Sirva este post de introducción al problema de la relación entre las palabras, el lenguaje, las cosas y el mundo. Y como introducción a otras menciones del libro de Thomas Moro Simpson.

Curiosamente, encontré hace unos meses, citado a Simpson (como Tomas) en

Oscar Varsavsky y el cientificismo: Las voces múltiples de una tensión

Algunos posts anteriores, algo levemente relacionados a el tema palabras y cosas:

Sócrates y los nombres
El lenguaje y el mundo
El lenguaje y el mundo, de nuevo
Las cosas y la esencia
Comentarios sobre los conceptos

Agregado: encuentro un texto de Simpson:

A Note on Sense and Denotation

lo anoto aquí para no olvidarme.. ;-)

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía