Angel "Java" Lopez en Blog

21 de Abril, 2010


Publicado el 21 de Abril, 2010, 11:16

Ayer recordaba que la cosmología moderna nace en el siglo XX:

Cosmología y corrimiento al rojo

como parte de una exposición hacia una respuesta más personal mía a lo planteado en El Universo ¿piensa?

Pero recordemos que antes de ese avance, hubo otro hito en la historia de la ciencia, que fue el planteo de Copérnico: la Tierra no está inmóvil, sino que gira alrededor del Sol, los planetas también giran alrededor de éste. La propuesta de Copérnico no fue aceptada unánimemente por los astrónomos de su época (dejemos para otro momento la resistencia de parte de la religión, que terminó encarnando en el proceso a Galileo). Y no fue aceptada, no por ser contraria a las escrituras, sino porque se le encontraron objeciones. Eso es lo que quiero destacar: cómo ya había una actitud científica ante la propuesta de un modelo. Es algo que ya tenían los griegos, que fueron grandes creadores de modelos, desde explicar todo con el agua (Tales), con átomos (Demócrito y seguidores) hasta todos los modelos que crearon para explicar los cielos (esferas en el cielo, según Aristóteles, los epiciclos de Apolonio).

Las objeciones que encontró el modelo de Copérnico fueron, en principio, dos: los seres humanos no notamos que la Tierra se mueva, y las estrellas parecen fijas en el cielo: si la Tierra girara alrededor del Sol, deberían mostrarse en diferentes posiciones, vistas desde puntos opuestos de la órbita terrestre, es decir, deberían mostrar paralaje. La primera objeción fue tratada por Galileo, en sus investigaciones y discursos sobre la inercia y el movimiento uniforme. Quiero escribir cómo la segunda objeción fue examinada, con una actitud científica, por parte de Tycho Brahe, en el siglo XVI.

Brahe no dijo: "no es así". Siendo un astrónomo con observatorio propio (anterior al uso del telescopio), se tomó el trabajo de medir si las estrellas mostraban paralaje. No encontró ninguno detectable. Luego, no dijo "no hay paralaje", dijo "no lo pude detectar con mis instrumentos y medida". Y dedujo que esto le daba una cota mínima para las estrellas. El cálculo le dio que las estrellas, para no tener paralaje observable, deberían estar a por lo menos 700 veces la distancia de Saturno al Sol, unos siete millones de radios terrestres (todas las distancias entonces, eran relativas; se intentaba desde siglos medir la distancia concreta entre la Tierra y la Luna, apelando a un razonamiento simple, pero era difícil de llevar a cabo, porque el resultado tenía una gran influencia a los errores de partida).

Llegado a esta conclusión, Brahe razonó: "Las estrellas que veo tienden, ocupan un arco en el cielo, de un segundo de arco". Eso le daba el tamaño aparente, el diámetro angular. Sumado a su conocimiento de la distancia, llegó a la conclusión de que el tamaño de esas estrellas era por lo menos la distancia del Sol a la Tierra. Y eso le pareció absurdo. De ahí, que propuso su propio sistema: los planetas giraban alredor del Sol, pero éste y la Luna giraban alredor de una Tierra inmóvil.

¿Dónde se equivocó Tycho Brahe? Su medida del arco que ocupaba una estrella estaba errónea. Si hubiera llegado a usar el telescopio, podría haber calculado mejor el tamaño aparente de las estrellas, que a simple vista, en las más brillantes, aparece deformada por efectos ópticos: al ojo humano, parecen más grandes de lo que son.

Hubo muchas otras conclusiones erróneas en la historia de la ciencia, especialmente en el estudio de los cielos. Pero ejemplo de Tycho Brahe me sirve para mostrar algo a lo que quiero llegar sobre lógica y realidad: la lógica de Tycho era impecable, lo que estaban mal eran las premisas de las que partió: el tamaño aparente de las estrellas estaba exagerado (aunque Tycho hizo bien en no aceptar el tamaño real de las estrellas que le daba su razonamiento, curiosamente hoy conocemos estrellas que son tan o más grandes que la órbita terrestre).

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Ciencia