Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 23 de Abril, 2010, 11:29

Messier Ayer escribía que hay dos objetos visibles en el cielo, que llamaron la atención en la historia. Uno, la Vía Láctea, que describí en:

Descubriendo la Vía Láctea

Pero también estaban las nebulosas: algunas visibles a simple vista, otras sólo discernibles con la aparición del telescopio. Al observarlas con este instrumento, se veía que algunas eran acumulación de polvo con estrellas, pero otras seguían mostrando la apariencia de una nebulosa, una "pequeña nube". Primero, se pensó que eran sólo eso. Es curioso que no se les dió gran importancia al principio. A los astrónomos les parecía más interesante ver otros objetos, por ejemplo, descubrir y estudiar los cometas. Como éstos se presentan también difusos, Charles Messier, astrónomo francés (1730-1817) armó un catálogo de nebulosas, nombrándolas M1, M2..  y así, solo para que sus colegas NO las confundieran con cometas. Era interesante la M31, conocida desde la antigüedad, en la constelación de Andrómeda. Aparecía como alargada, en forma de elipse, más definida en el telescopio que a simple vista. Más información en List of Messier objects.

La primera vez que me topé con el nombre de Kant en mi vida, fue en un libro de divulgación sobre astronomía. Kant había publicado en 1755 su Historia general de la naturaleza y teoría del cielo. Ahí proponía que, al igual que nuestra Vía Láctea, las nebulosas eran grupos de estrellas, que aparecían como nebulosas solamente porque estaban muy lejos. Uno de sus argumentos era: las vemos elípticas, porque si bien son planos redondos, al estar distribuidas al azar, sólo las vemos de "perfil", dándo esa forma de elipse. De nuevo, vemos la formación de una hipótesis, para explicar un fenómeno. Algunos encontraron el modelo propuesto pausible. Pero otros no. Les parecía que era demasiado que hubiera tanto espacio profundo, tantas distancias.

En el siglo XIX, con mejores telescopios, se comenzaron a ver brazos espirales en algunas nebulosas, como la M31. Y notablemente, se observaron explosiones de estrellas en esas nebulosas. Esas explosiones de estrellas ya eran conocidas en nuestra galaxia, en nuestras cercanías. El mismo Tycho Brahe estudió la aparición de una nueva estrella en Cangrejo. Pero asombraba que hubiera explosiones visibles en esas nebulosas, porque se las veía demasiado alejadas para aparentar ser galaxias. Recordemos que aún con el uso del telescopio no se podía resolver su imagen en estrellas individuales.

Steven Weinberg, en su libro "Los tres primeros minutos" (referido a la creación del universo), cita a la historiadora inglesa de la astronomía Agnes Mary Clerke, quien escribió en 1893:

La conocida nebulosa de Andrómeda y la gran espiral de Canes Venatici se cuentan entre los más notables objetos que dan un espectro continuo; y por regla general, las emisiones de todas las nebulosas que presentan la apariencia de cúmulos estelares brumosos por la enorma distancia, son de la misma especie. Sin embargo, sería muy apresurado concluir que son realmente agregados de cuerpos similares al Sol. La improbabilidad de tal inferencia ha aumentado mucho por las explosiones estelares de dos de ellos, a un intervalo de un cuarto de siglo. Porque es prácticamente seguro que, por distantes que sean las nebulosas, las estrellas son igualmente remotas; luego, si las partes constituyentes de las primeras fuesen soles, los orbes incomparablemente mayores por los que su débil luz es obstruida casi totalmente deben ser, como ha argüido el Sr. Proctor, de una escala de magnitud que la imaginación no puede concebir.

Interesante la mención del espectro continuo: otro indicio de la formación multiestelar de una nebulosa: una sola estrella cae en espectros no continuos, manifestando rayas de absorción. Con muchas estrellas, ese fenómeno desaparece, se difumina el espectro en continuo.

Pero interesante también, la resistencia de Agnes: como escribí en Tycho Brahe y las estrellas, se rechaza una conclusión por no cuadrar en lo esperado. Mientras que Tycho se equivocó en las premisas, acá Clerke y sus contemporáneos necesitaron esperar a los mejores telescopios del siglo XX para comenzar a aceptar que las nebulosas eran galaxias como la nuestra. Y está bien: ante una gran afirmación, se necesita una gran prueba. Si bien Kant tenía razón, una actitud científica exige que haya una acumulación de pruebas para aceptar que las nebulosas eran conjuntos de estrellas, lejanas. En el siglo XX nacemos al realmente espacio y tiempo profundo.

Imagen tomada de la Wikipedia.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Ciencia