Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 16 de Mayo, 2010, 11:29

H.L.Mencken Hace algo más de un año, escribí sobre H.L.Mencken, el pensador y autor americano "maldito":

El lugar del hombre en la naturaleza, según Mencken

El sábado 8 de Mayo pasado, en una reunión (Wordcamp Argentina, excelentemente organizada), el bueno de @carlospirovano me comentó un texto de Mencken, y tuvo la amabilidad de pasarlo en su post:

Bajo los olmos

Excelente texto de Mencken, que lo representa muy bien. Llegamos al tema del suicidio, porque en la presentación de ese evento de @gallo1, sobre la comunicación en estos tiempos, la transmedia, y juegos en realidad alternativa, el bueno de Carlos preguntó sobre la mentira. De ahí, en el intervalo, pasamos al tema que motivó el recuerdo de Mecken.

Ese texto que publicó Carlos, lo encuentro en mi traducción al español de "A Mencken Chrestomathy", de Granica, llamada aquí "Prontuario de la estupidez y los prejuicios humanos". En 1920, Mencken escribe "Un punto ciego", donde comenta que él no tiene envidia de otros "competidores" que pueda tener en su profesión. Hacia el final, escribe uno de sus pocos elogios:

Lo que más admiro de un hombre es la serenidad de espíritu, la virtud inmutable de no caer en la indignación moral, y la tolerancia omnímoda; en síntesis, lo que se denomina vulgarmente magnanimidad. No debemos confundir semejante hombre con el que elude los porrazos de la vida. Por el contrario, a menudo es un ávido gladiador, que disfruta extraordinariamente de la presencia de adversarios. Pero cuando pelea lo hace a la manera del caballero que libra un duelo, no del estibador que voltea a los parroquianos de una taberna portuaria. O sea que defiende cuidadosamente su amor propio mediante la presunción de que su rival es un hombre tan decente como él, e igualmente honesto, y que quizásm después de todo, tiene razón.

Y aquí viene el toque Mencken:

Es obviamente imposible que un demócrata asuma semejante actitud. Su rasgo característico consiste en que siempre ataca a sus adversarios no solo con todas las armas, sino también con bufidos y reprimendas; en que siempre está lleno de indignación moral; en que es incapaz de imaginar la honorabilidad de ser honorable él mismo. Esos tipos no me gustan. No comparto sus emociones. No entiendo su indignación, su cólera. Sobre todo, no puedo escrutar su envidia. Y por eso me opongo a ellos.

Mencken habla de demócratas en general, no de un partido político, o de políticos. La pelea política de su tiempo, no basada en la discusión de ideas, lo indignaba. Cualquier parecido con el ambiente político actual en nuestros países.... hmmm.. ¿será coincidencia?

Muy buena la mención de Carlos, del comentario de Borges sobre Mencken, que me atrevo a copiar aquí:

"Suelo preguntar y preguntarme: ¿Sería concebible en este país un H. L. Mencken, un aclamado especialista en el arte de calumniar y de vituperar al país? Me parece que no. El patriotismo, el seudopatriotismo argentino es una pobre cosa que está a merced de un epigrama casual, de un puntapié montevideano o del puño izquierdo de Demsey. Una sonrisa, un inocente olvido nos duelen. La popularidad de Mencken es obra de su denigración pertinaz de Estados Unidos; un Mencken argentino -con éxito- es inimaginable".

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía