Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 24 de Junio, 2010, 0:03

En estas últimas semanas, he vuelto a leer mucho sobre física y cosmología, y sobre vida y biología, todo para ir delineando qué es lo que sabemos sobre "¿qué hace el Universo?", lanzado desde el post El Universo ¿piensa? . Son temas interesantes, que se cruzan con temas generales y particulares de ciencia, historia de la ciencia, epistemología, filosofía, filosofía de la ciencia, matemáticas, historia de las matemáticas, filosofía de las matemáticas, sistemas, etc...

Gracias a la consolidación de mis libros, este mes de Junio ha sido de reencuentro con varios libros. Uno es "Más rápido que la velocidad de la luz", de Joao Magueijo, que daría para comentar en varios posts: Magueijo plantea su "lucha" para difundir sus ideas sobre cosmologia, que no están alineadas con la "ortodoxia". Es un interesante tema para analizar. Pero no es el tema de este post.

Como en muchos otros libros de divulgación, el autor describe mucho de las historias de las ideas científicas (a veces eso es interesante, otras veces, dilata la explicación del quid del libro). En este libro, encuentro un texto que no conocía.

Einstein es el científico más conocido del siglo XX, y posiblemente, de la historia. Es todo un tema a investigar por qué ha sucedido así. Otros físicos teóricos, como Dirac, Pauli, Feinman, no consiguieron tanta fama. Recordemos que en su infancia y adolescencia no se destacó en los institutos a los que acudió, aunque se deba más a su rechazo a la formas de enseñanza, que a su falta de aptitudes. Pero luego de terminar los estudios, tampoco encajó en el mundo de la ciencia de Alemania. Gracias a una recomendación, consiguió un trabajo en la oficina de patentes de Berna, un puesto alejado de la "élite" de profesores de física, que era la forma entonces (fines del siglo XIX, principios del siglo XX) de sostenerse mientras se hacía investigación, teórica o experimental.

Llegados al año 1905, Einstein envía a publicar a la revista Annalen der Physics, tres artículos: en uno da una explicación del efecto fotoeléctrico, en otro trata el movimiento browniano, y dos más (creía que era uno solo) sobre la equivalencia de masa-energía y la electrodinámica de los cuerpos en movimientos. Este último fue la presentación de la teoría especial de la relatividad. Hasta ese momento, las ecuaciones de Maxwell no eran invariantes ante las transformaciones de Galileo/Newton. Notablemente, Einstein abandona esas transformaciones, mantiene las ecuaciones de Maxwell, y se atreve a cambia la teoría de Newton, camino que no se había encarado antes.

Uno podría esperar que semejante artículo despertaría un inmediato aplauso. Pero no. Einstein nunca fue partidario de notas autobiográficas personales. Gracias a su hermana Maja, que escribió años después sobre su hermano, hoy leo, este texto, citado en el libro de Magueijo:

El joven teórico se imaginó que la publicación del artículo en una revista científica de renombre, que además contaba con muchos lectores, llamaría la atención de inmediato. Pero se decepcionó; después de la publicación hubo un silencio mortal. La actitud general que adoptaron los círculos profesionales fue aguardar y ver qué sucedía. Luego de algún tiempo desde la publicación, Einstein recibió una carta de Berlin: la enviaba el célebre profesor Max Planck, quien le pedía que aclarara algunos puntos que le resultaban oscuros. Fue el primer indicio de que alguien había leído el artículo. El júbilo del joven científico fue enorme porque el reconocimiento de su trabajo provenía de uno de los físicos más eminentes de la época.

Tengo que confirmar si ese artículo era el tercero de 1905. Magueijo lo da a entender, pero no está explícitamente mencionado.

Gracias a esos trabajos, Einstein comenzó a ser reconocido por los físicos profesionales, y pudo, más tarde, conseguir puestos que le permitirían ir desarrollando más sus ideas.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com
http://twitter.com/ajlopez

Por ajlopez, en: Ciencia