Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 14 de Agosto, 2010, 0:04

Gracias a mi consolidación de libros, me reencuentro con un clásico de la divulgación científica, el excelente "La física, aventura del pensamiento", de Albert Einstein y Leopold Infeld. Tengo que investigar los orígenes de este libro, que parece que nació de un gesto generoso de Einstein para ayudar a Infeld a que tenga ingresos para que pueda conseguir viajar al continente americano, desde una Europa cercana a la segunda guerra mundial.

Al comienzo del libro, escriben:

Imaginemos una novela perfecta de aventuras misteriosas. Tal relato presenta todos los datos y pistas esenciales y nos impulsa a descifrar el misterio por nuestra cuenta. Siguiendo la trama cuidadosamente, podremos aclararlo nosotros mismos un momento antes de que el autor nos dé la solución al final de la obra. Esta solución, contrariamente a los finales de las novelas baratas, nos resulta perfectamente lógica; más aun, aparece en el preciso momento en que es esperada. ¿Podemos comparar al lector de semejante libro con los hombres de ciencia, quienes generación tras generación continúan buscando soluciones a los misterios del gran libro de la naturaleza?

Acá aclaran que la actividad científica se parece, pero es también diferente. Pero, en el fondo está el "gran misterio":

Sólo en parte y superficialmente. En realidad esta comparación no es válida y tendrá que abandonarse luego.

Aparece el "gran misterio", explicar desde la ciencia a la naturaleza:

El gran misterio permanece aún sin explicación. Ni siquiera podemos estar seguros de que tenga una solución final. La lectura nos ha hecho progresar mucho; nos ha enseñado los rudimentos del lenguaje de la naturaleza; nos ha capacitado para interpretar muchas claves y ha sido una fuente de gozo y satisfacción en el avance a menudo doloroso de la ciencia. No obstante el gran número de volúmenes leídos e interpretados, tenemos conciencia de estar lejos de haber alcanzado una solución completa, si en realidad existe.

Esa solución se va construyendo con la historia de la ciencia física (y en ciencia en general), siguiendo múltiples pistas, postulando nuevos modelos, nada es definitivo.

En cada etapa tratamos de encontrar una interpretación que tenga coherencia con las claves ya resueltas. Se han aceptado teorías que explicaron muchos hechos, pero no se ha desarrollado hasta el presente una solución general compatible con todas las claves conocidas. Muy a menudo una teoría que parecía perfecta resultó, más adelante, inadecuada a la luz de nuevos e inexplicables hechos. Cuanto más leemos, tanto más apreciamos la perfecta realización del libro, aun cuando la completa solución parece alejarse a medida que avanzamos hacia ella.

Einstein era un convencido de "la perfecta realización del libro": muchas de sus ideas fueron guiadas por su sentido, digamos, "estético" de explicación de la naturaleza.

En casi todas las novelas policiales, desde la aparición de Conan Doyle, existe un momento en el cual el investigador ha reunido todos los datos que cree necesarios para resolver al menos una fase de su problema. Estos datos parecen, a menudo, completamente extraños, incoherentes y sin relación alguna entre sí. Pero el gran detective se da cuenta, sin embargo, de que no necesita por el momento acumular más datos y de que llegará a su correlación con pensar, y sólo pensar, sobre la investigación que le preocupa.

Aunque se refiere a las novelas de misterio, casi podemos leer un guiño autobiográfico de Einstein y su trabajo, en el párrafo de arriba.  Es así cómo avanzó con sus teorías de la relatividad, especial y general.

Por lo tanto, se pone a tocar su violín o se recuesta en un sillón para gozar de una buena pipa: y repentinamente, "¡por Júpiter!", exclama: "¡ya está!". Es decir, que ahora ve claramente la relación entre los distintos hechos, antes incoherentes, y los ve vinculados además a otros que no conocía pero que deben de haberse producido necesariamente; tan seguro está nuestro investigador de su teoría del caso, que, cuando lo desee, saldrá a reunir los datos previstos, los cuales aparecerán como él los previó.

El hombre de ciencia, leyendo el libro de la naturaleza, si se nos permite repetir esta trillada frase, debe encontrar la solución él mismo, porque no puede, como lo hacen ciertos lectores impacientes, saltar hacia el final del libro. En nuestro caso, el lector es al mismo tiempo el investigador, que trata de explicar, por lo menos en parte, los numerosos hechos conocidos. Para tener tan sólo una solución parcial, el hombre de ciencia debe reunir los desordenados datos disponibles y hacerlos comprensibles y coherentes por medio del pensamiento creador. Nos proponemos, en las páginas siguientes, describir a grandes rasgos la labor de los físicos que corresponde a la meditación pura del investigador. Nos ocuparemos, principalmente, del papel de los pensamientos e ideas en la búsqueda aventurada del conocimiento del mundo físico.

Es excelente el contenido del libro: bien escrito, claro, desarrollando temas que siempre sorprenden, temas a veces simples que ocultan pistas grandes sobre la física (como la igualdad entre masa inercial y masa gravitatoria, o la aparición del concepto de campo, y las distintas teorías de la luz).

Un libro sin desperdicio.

Curiosamente, investigando para este post, encontré una fórmula desarrollada por Einstein, Infeld, y Banesh Hoffman. Hoffman es el autor de una biografía de Einstein, que estuve comentando en estos tiempos.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Ciencia