Angel "Java" Lopez en Blog

20 de Marzo, 2011


Publicado el 20 de Marzo, 2011, 12:10

En el anterior post de esta serie sobre ¿Qué es la realidad? comencé a tratar las causas como fuente de los cambios en las cosas (no la única fuente, tengo que comentar sobre el azar). Veamos un ejemplo de búsqueda de explicación causal. Podría tomar un ejemplo de ciencias naturales, pero adentrémonos en un caso de ciencias sociales, más precisamente, un caso de economía.

Es el caso de la ley de Say, que aún se discute. Jean-Baptiste Say (1767-1832) era un hombre de negocios que desde joven se dedicó a los seguros de vida, luego fue profesor y terminó su carrera en el College de France. Como autor francés ha sido menos considerado en la historia del pensamiento económico que los autores ingleses, como Smith y Ricardo. Pero en realidad, tuvo su influencia. Escribiendo Traité d'Economie Politique, pasó a forma más ordena las ideas expuestas por Adam Smith en La riquiza de las naciones. También ponderó la importancia del empresario en el desarrollo económico, siendo un precursor de Schumpeter. Pero es más conocido por su ley de Say. Para exponerla, leo hoy a John Kenneth Galbraith:

La ley de Say sostiene que la producción de bienes genera una demanda agregada efectiva (es decir, realmente gastada) suficiente para comprar todos los bienes ofrecidos. Ni más, ni menos. Por lo tanto, nunca puede originarse en el sistema económico una superproducción generalizada. En términos algo más modernos, esta ley viene a expresar que el precio de cada unidad de producto vendido genera unos ingresos bajo la forma de salarios, intereses, beneficios o rentas de la tierra, suficientes para comprar dicho producto. Alguien, en alguna parte, percibe todo este valor. Y una vez percibido, lo desembolsa, hasta igualar el precio de lo producid. En consecuencia, nunca puede ocurrir una insuficiencia de la demanda, que es la otra cara de la moneda de la superproducción. Es posible, eso sí, que algunas personas ahorren parte de los ingresos resultantes de la venta. Pero una vez realizado ese ahorro, habrán de invertirlo, asegurando así la continuidad del gasto. Incluso en el caso de que atesoren parte de dichos ingresos no se modificará la situación, pues entonces los precios bajarán, para adaptarse al menor flujo de ingresos. Una vez más, no habrá exceso general de bienes ni insuficiencia generalizada de capacidad adquisitiva.

No todos aceptaron la ley de Say, ya en su tiempo. Por ejemplo, Roberth Malthus tenía sus dudas. Ya luego de Say, hubo depresiones, donde lo que se producía no se vendía, contrario a lo que afirmaba Say. Pero los economistas arreglaron el asunto: los ciclos al final pasaban, y a un "largo plazo" la ley de Say sobrevivía.

Galbraith destaca:

Y no sólo sobrevivió [la ley de Say], sino que su aceptación llegó a convertirse en el índice de un adecuado nivel de refinamiento en materia de economía. Se trataba de la prueba de fuego mediante la cual se diferenciaba a los genuinos estudiosos de los farsantes y los maniáticos, o sea, de quienes por debilidad intelectual no podían o no querían ver cuán obviamente la oferta creaba su propia demanda. Era también una indispensable y aguerrida defensa contra aquellos que, mediante la monetarización de la plata, la impresión y puesta en circulación de papel moneda, y el endeudamiento y gasto gubernamental, se proponían aumentar el poder adquisitivo para superar lo que era falsamente percibido como una insuficiencia de la demanda. Se trataba de una defensa contra un  mal que no podía existir.

Vean cómo Galbraith también destaca el aspecto político de abrazar una explicación. Confieso que me cuesta entender del todo a la ley de Say. Tengo que revisar conceptos como demanda, oferta, pero principalmente, salario, interés, renta, su uso y distribución. Y el texto original de Say. A primera vista, no parece que la distribución sea la adecuada para que todo lo que se produzca genere de alguna forma su demanda.

Pero veamos: lo que Say y sus seguidores plantearon, fue un modelo para explicar el funcionamiento de la economía. Como siempre, lo que hay que ver en un modelo es si corresponde a lo que sucede en la realidad. Un golpe fuerte (para algunos, un golpe de gracia) vino en la depresión del 30 y la crítica de Keynes. Vean

Supply creates its own demand (donde se afirma que fue Keynes quien expuso de esta forma lo que decía Say: "la oferta crea su propia demanda")
Keynes vs Say

Es decir, como dice Bunge: "tú produce que alguien comprará, porque el mercado aborrece los desequilibrios". Justamente, Keynes arremete contra la ley de Say al vivir y analizar la Gran Depresión.

Pero entendiendo todo o no, es interesante centrarse en este tema, la ley de Say, como un modelo para explicar un proceso económico. Para Say, según Keynes, la flecha causal se ve así (así lo expone Bunge):

¿Será así el proceso causal? ¿La oferta genera su demanda? Es un modelo interesante, pero todo indica que es simplista. Pero siempre es interesante que alguien plantee un modelo: permite examinarlo, criticarlo, mejorarlo, modificarlo. ¿Cuál es un problema en este planteamiento? Que olvida que la demanda es consecuencia de las decisiones individuales. Lo que falta en el diagrama de arriba, es el tener en cuenta que estamos tratando con niveles de la realidad: en un nivel, está la sociedad y su economía y el mercado. Pero en otro nivel, están los individuos. Así como en química tenemos leyes (como el de la valencia), pero cuya explicación viene de los niveles físicos (electrones exteriores en un átomo, principio de exclusión de Pauli, etc..), así también tendremos que manejarnos en este caso, sin olvidar la existencia de niveles. Se puede proponer, como hace Keynes:

Es por todo esto que es importante el análisis de las causas. Vean cómo puede haber dos explicaciones, pero no pueden las dos tener el mismo valor explicativo. Puede que tampoco la formulación de Keynes sea la última palabra. Pero es notable cómo estos modelos tienen OPUESTAS flechas causales: señal de que el problema no es trivial. Yo diría que hay más para investigar de este punto, para comenzar a comprender el sistema económico (un tema pendiente en esta serie: sistemas, y mecanismos en sistemas).

Es interesante, para la historia del pensamiento económico, repasar lo que escribe Galbraith:

... al perder vigencia la ley de Say .... el valor y la distribución, los precios, los salarios y otros conceptos perdieron muchos puestos en la jerarquía del pensamiento económico, como lo indica la actual designación de su estudio bajo el nombre de microeconomía. En cambio, la gestión de la demanda se convirtió en el nuevo sector al que se dedica mayor atención y se reconoce mayor prestigio, bajo el nombre augusto de macroeconomía. La macroeconomía nació al liberarse la disciplina del largo reinado de Jean-Baptiste Say.

Sirva también este post para indicar la importancia del análisis crítico de causas, modelos y procesos. Es acá donde de nuevo, la filosofía puede ayudar al proceso de nuestro conocimiento, apuntando a revisar nuestras concepciones nacidas de la actividad científica. Y para mostrar que la discusión de una postura realista es importante para nosotros, no es sólo un "tema filosófico, una discusión bizantina": una postura no-realista podría decir que lo de Say y Keynes son "puntos de vista" ninguno mejor que el otro. Ver La importancia del realismo.

Fuentes consultadas:

Historia de la Economía, John Kenneth Galbraith

y la obra del beato:

A la caza de la realidad, La controversia sobre el realismo. Mario Bunge.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía