Angel "Java" Lopez en Blog

17 de Septiembre, 2011


Publicado el 17 de Septiembre, 2011, 12:17

Descubro en estos días la colección de poesías y relatos cortos "Historia de la noche" de Jorge Luis Borges. Hace un tiempo escribía Borges y los libros. Llegué tarde a la poesía de Borges, que es para consumir de a poco, un ejemplar por día, por semana o año. En su lenguaje simple Borges busca esa combinación de sonidos en las palabras y por abajo y arriba la idea que quiere desarrollar, en tan pocos renglones. Borges tiene ese arte de aprovechar lo escaso. Dejo para otros posts algún ejemplo, y comentar la dedicatoria inicial. Encuentro en el epílogo de este libro descubierto de nuevo la atracción por los libros en Borges, su conceptos sobre la poesía. Hasta el epílogo es un ejemplo de literatura borgeana, en estilo, contenido, desarrollo. Podría escribir un post de cada párrafo. Me empacho presentándolo completo, temo que interrumpo con comentarios míos, pero recomiendo saltearlos en la primera lectura:

Un hecho cualquiera -una observación, una despedida, un encuentro, uno de esos curiosos arabescos en que se complace el azar- puede suscitar la emoción estétitca. La suerte del poeta es proyectar esa emoción, que fue íntima, en una fábula o en una cadencia La materia de que dispone, el lenguaje, es, como afirma Stevenson, absurdamente inadecuada. ¿Qué hacer con las gastadas palabras -con los Idola Fori de Francis Bacon- y con algunos artificios retóricos que están en los manuales? A primera vista, nada o muy poco. Sin embargo, basta una página del propio Stevenson o una línea de Séneca para demostrar que la empresa no siempre es imposible. Para eludir la controversia he elegido ejemplos pretéritos; dejo al lector el vasto pasatiempo de buscar otras felicidades, quizás más inmediatas.

Vean como busca lo mínimo, y compara "una página del propio Stevenson" (nombrado en el anterior post, desde su infancia) con "una línea de Séneca".

Un volumen de versos no es otra cosa que una sucesión de ejercicios mágicos. El modeso hechicero hace lo que puede con sus modestos medios. Una connotación desdichada, un acento erróneo, un matiz, pueden quebrar el conjuro. Whitehead ha denunciado la falacia del diccionario perfecto: suponer que para cada cosa hay una palabra. Trabajamos a tientas. El universo es fluido y cambiante; el lenguaje, rígido.

No conocía esa falacia de Whitehead. Interesante. Sigue una confesión de Borges en la siguiente oración:

De cuantos libros he publicado, el más íntimo es éste.

Y los libros, siempre los libros:

Abunda en referencias librescas; también abundó en ellas Montaigne, inventor de la intimidad. Cabe decir lo mismo de Robert Burton, cuya inagotable Anatomy of Melancholy -una de las obras más personales de la literatura- es una suerte de centón que no se concibe sin largos anaqueles. Como ciertas ciudades, como ciertas personas, una parte muy grata de mi destino fueron los libros. ¿Me será permitido repetir que la biblioteca de mi padre ha sido el hecho capital de mi vida? La verdad es que nunca he salido de ella, como no salió nunca de la suya Alonso Quijano.

Un guiño al Quijote. Me gusta pensar que yo también llego a suscribir eso de "Como ciertas ciudaddes, como ciertas personas, una parte muy grata de mi destino fueron los libros".

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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