Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 9 de Septiembre, 2012, 14:08

No es un libro que visite frecuentemente, pero cada tanto vuelvo a "La Conquista de la Felicidad" de Bertrand Russell. Está dividido en dos partes: causas de la infelicidad, causas de la felicidad. Ya saben que para mí, la felicidad está sobrevaluada, muchas veces está centrada en el "yo", como escribía en otro post:

En estos tiempos modernos, está tan difundido el tema del "yo", "yo mejoro", "yo busco la felicidad", "yo vivo cada día plenamente", que nos olvidamos del "nosotros". Una vida centrada en el "yo" es una vida sin traza, un neutrino que atravesó el universo, sin afectar a nada.

Encuentro ayer, en mis lecturas de fin de semana, este párrafo de Russell, en ese libro, que quiero hoy destacar:

... Yo no nací. De niño, mi himno favorito era "Harto del mundo y agobiado por el peso de mis pecados". A los cinco años se me ocurrió pensar que, si vivía hasta los setenta, hasta entonces solo había soportado una catorceava parte de mi vida, y los largos años de aburrimiento que aún tenía por delante me parecieron casi insoportables...

Recordemos que Russell tenía una familia de posición holgada, sólo un caballero inglés de su posición podría tener "aburriemiento" en su vida.

... En la adolescencia, odiaba la vida y estaba continuamente al borde del suicidio, aunque me salvó el deseo de aprender más matemáticas. Ahora, por el contrario, disfruto de la vida; casi podría decir que cada año que pasa la disfruto más...

El libro fue publicado a sus cincuenta y ocho años.

... En parte, esto se debe a que he descubierto cuáles eran las cosas que más deseaba y, poco a poco, he ido adquiriendo muchas de esas cosas. En parte se debe a que he logrado prescindir de ciertos objetos de deseo - como la adquisición de conocimientos indudables sobre esto o lo otro -  que son absolutamente inalcanzables.

Russell se vuelva de joven hacia las matemáticas, por esa búsqueda personal de alguna verdad indiscutible. Y aquí viene el giro importante:

Pero principalmente se debe a que me preocupo menos por mí mismo. Como otros que han tenido una educación puritana, yo tenía la costumbre de meditar sobre mis pecados, mis fallos, mis defectos. Me consideraba a mí mismo - y seguro con razón - un ser miserable. Poco a poco aprendí a ser indiferente a mí mismo y a mis deficiencias; aprendí a centrar la atención, cada vez más, en objetos externos: el estado del mundo, diversas ramas del conocimiento, individuos por los que sentía afecto. Es cierto que los intereses externos acarrean siempre sus propias posibilidades de dolor: el mundo puede entrar en guerra, ciertos conocimientos pueden ser difíciles de adquirir, los amigos pueden morir. Pero los dolores de este tipo no destruyen la cualidad esencial de la vida, como hacen los que nacen del disgusto por uno mismo. Y todo interés externo inspira alguna actividad que, mientras el interés se mantenga vivo, es un preventivo completo del "ennui" [tedio]. En cambio, el interés por uno mismo no conduce a ninguna actividad de tipo progresivo. Puede impulsar a escribir un diario, a acudir a un psicoanalista, o tal vez a hacerse monje. Pero el monje no será feliz hasta que la rutina del monasterio le haga olvidar su propia alma. La felicidad que él atribuye a la religión podría haberla conseguido haciéndose barrendero, siempre que se viera oblicado a serlo para toda la vida. La disciplina externa es el único camino a la felicada para aquellos desdichados cuya absorción en sí mismos es tan profunda que no se puede curar de ningún otro modo.

Sostengo que hay que salir del "yo" y vivir teniendo en cuenta el "nosotros". Lo de arriba está en el primer capítulo. En el segundo leo:

... Se han dado en el mundo, en diversas épocas, varias filosofías de la soledad, algunas muy nobles y otras menos. Los estoicos y los primeros cristianos creían que el hombre podía experimentar el bien supremo que se puede experimentar en la vida humana mediante el simple ejercicio de su propia voluntad o, en cualquier caso, sin ayuda humana; otros han tenido como único objetivo de su vida el poder, y otros el mero placer personal. Todos estos son filósofos solitarios, en el sentido de suponer que el bien es algo realizable en cada persona por separado y no solo en una sociedad de personas más grande o más pequeña.

Este es un punto importante: vivimos con otras personas, formamos parte de sistemas sociales. La búsqueda de una felicidad personal se diluye y pierde sentido si no recordamos eso.

En mi opinión, todos estos puntos de vista son falsos, y no sólo en teoría ética, sino como expresiones de la mejor parte de nuestros instintos. El hombre depende de la cooperación, y la naturaleza le ha dotado, es cierto que no del todo bien, con el aparato instintivo del que puede surgir a cordialidad necesaria para la cooperación.

Les dejo pensando en estos textos.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía