Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 9 de Diciembre, 2012, 15:00

Ya comenté sobre el libro de Abraham Pais, Subtle is the Lord, en mi post

Niels Bohr por Abraham Pais

Es una excelente biografía, escrita por un físico que conoció personalmente a Einstein. Luego de ese texto que mencioné sobre Bohr, Pais escribe:

En septiembre de 1946 fui a Princeton. Lo primero que aprendí es que, en ese tiempo, Pauli se había hido a Zurich. Bohr también vino a Princeton en el mismo mes. Ambos asistimos a las reuniones del bicentenario de Princeton. Me perdí la primera oportunidad de tener un contacto con Einstein, pues él caminó junto al presidente Truman en el desfile de la academia. Sin embargo, poco después, Bohr me presentó a Einstein, quien me recibió amablemente, aún siendo sólo un joven. La conversación en ese primer encuentro pronto derivó hacia la teoría cuántica. Los escuché a los dos, a medida que exponían sus argumentos. No recuerdo detalles pero recuerdo mis primeras impresiones: ellos se agradaban y se respetaban uno al otro. Poco después, me encontré con Einstein en el frente del instituto y le dije que no había seguido su argumento con Bohr; le pregunté si podría ir a su oficina en algún momento. Me invitó a caminar hasta su casa. Así comenzaron una serie de discusiones que continuaron hasta poco antes de su muerte. Yo visitaría su oficina y lo acompañaría (muchas veces acompañados por Kurt Godel) en su camino a su casa en el almuerzo. Menos frecuente, también lo visitaría en su hogar. Con todo, yo lo veía una veces cada pocas semanas. Siempre hablábamos en alemán, el lenguaje más adaptado para captar tanto lo que él tenía en mente, y el carácter de su personalidad. Solo una vez él visitó mi departamente. Fue en ocasión de una reunión del instituto con el propóstio de redactar una primera versión de nuestra posición en el asunto Oppenheimer de 1954.

La compañía de Einstein fue agradable para todos los que lo conocieron. Por supuesto, él conocía bien que era una figura legendaria antes los ojos del mundo. El aceptaba esto como un hecho de la vida. No había nada en su personalidad que promoviera su estatura mítica; pero tampoco renegaba de ella. En privado, él expresaría su enojo si sentía que su posición habías sido mal manejada. Recuerdo el caso del profesor X, quien había sido citado por los diarios por haber encontrado soluciones a las ecuaciones de Einstein sobre la gravitación. Einstin me dijo, 'Der Mannist ein Narr', el sujeto es un toto, y me agregón que en su opinióm, X podría calcular pero no pensaba. X lo habí sitado una vez para discutir su trabajo, y Einstein, siempre cortés, le dijo que su resultado sería importante si fuera cierto. Esteint estaba cansado de ser citado en "papers" sin ser consultado, sin oportunidad de revisar lo que se escribía. Me dijo que guardaría silencio sobre el asunto pero que no recibiría a X de nuevo. Según Einstein, todo comenzó porque X, en su entusiasmo, había repetido la opinión de Einstein a otros colegas que vieron el valor de eso como publicidad para su universidad.

Para aquellos físico que pudieran seguir su pensamiento científico y para aquellos que lo conocían en persona, el aspecto legendario nunca estuvo presente como principal - aunque nunca estuvo completamente ausente. Recuerdo una ocasión en 1947 cuando yo estaba dando una charla en el instituto sobre los recientemente descubiertos mesones pi y mu. Einstein entró en la sala justo cuando había comenzado. Recuerdo haberme quedado sin palabras en el breve momento necesario para sacarme la sensación de vivir algo irreal. También recuerdo un momento similar durante un simposio dado en Princeton, el 19 de marzo de 1949, en ocasión del cumpleaños número setenta de Einstein. Muchos estábamos en nuestros asientos cuando Einstein entró en la sala. De nuevo, hubo un momento breve de asombro antes de levantarnos para saludarlo.

Y no crean que esas reacciones eran típicas solo para aquellos que éramos más jóvenes que él. Hubo unas pocas ocasiones en las que Pauli y yo estuvimos ambos con él. Pauli, no conocido por exceso de modestia, se comportaba levemente diferente en compañía de Einstein. Uno podía percibir algo de reverencia en él. Bohr, también, era afectado de una manera parecida, sin importar las diferencias científicas que mantuvieran.

Cuando me encontraba con Einstein, nuestras conversaciones eran amplias y variadas pero invariablemente la discusión terminaba en la física. Esas discusiones tocaría ocasionalmente temas de historia pasada. Conversábamos principalmente sobre el presente y el futuro. Cuando el tema era la relatividad, él frecuentemente hablaría de sus esfuerzos por unificar gravitación y electromagnetismo y de los próximos pasos en los que ponía su esperanza. Su fe raramente flaqueó en el camino que había tomado. Sólo una vez lo ví expresarme una reserva, cuando dijo, en esencia, "No estoy seguro que la geometría diferencial sea el marco de trabajo para el progreso, pero, si lo fuera, entonces creo que estoy en el buen camino' (Este comentario debe haber sido hecho en algún momento, en sus últimos años).

Sin embargo, el principal tópido de discusión era la física cuántica. Einstein nunca cesó de examinar el significado de la teoría cuántica. Una y otra vez, el argumento se volvía hacia la mecánica cuántica y su interpretación. El fue explícito en su opinión de que las más comunes de las interpretaciones sobre el tema no podía ser la última palabra, pero también tenía formas más sutiles de expresar su disenso. Por ejemplo, él nunca se refería a la función de onda como die Wellenfunktion sino que siempre usaba la terminología: die Psifunktion. Yo nunca pude despertar en él mucho interés sobre las nuevas partículas que habían aparecido en escena al final de los cuarenta, y en especial, a comienzo de los cincuenta. Era evidente que él sentía que el tiempo no estaba maduro para ocuparse de esas cosas, y que esas partículas eventualmente aparecerían como soluciones en las ecuaciones de una teoría unificada. En algún sentido, él bien podría haber estado en lo cierto.

La cosa más interesante que aprendí de él en esas conversaciones, fue cómo Einstein pensaba, y, de alguna manera, quién era él. Como nunca fui su colega, su colaborador, las discusiones no estaban confinadas a un problema en particular. No hablábamos mucho sobre física estadística, un área en la cual él tanto había contribuido pero que ya no era el centro de su interés. Si las teorías especial y general de la relatividad aparecían ocasionalmente, era porque en aquellos tiempos los principales problemas parecían haber sido resueltos. Recuerdo que hubo un renovado interés en la relatividad general justo luego de su muerte. Sin embargo, lo recuerdo hablando sobre Lorents, una de las figuras paternas de su vida, una vez en la que también hablamos de Poincare. Si hablábamos tan frecuentemente de la teoría cuántica, era más por una elección suya que por una mía. No fue mucho después que comencé a entender que la esencia del diálogo Einstein-Bohr residía en la complementaridad versus la realidad objetiva. De haberlos escuchado, me quedó claro que el arribo de la mecánica cuántica en 1925 representó un mayor quiebre con el pasado que el que había acontecido con la llegada de la relatividad especial en 1905 o con la relatividad general en 1915. Eso no me había sido obvio antes para mí, porque yo venía de una generación que había sido expuesta a una mecánica cuántica ya lista y armada. Llegué a entender cuán equivocado estaba cuando acepté como una creencia general que a Einstein simplemente ya no le interesaba la teoría cuántica. Por el contraria, él quería más que nada encontrar una teoría de campo unificada que no sólo pudiera juntar las fuerzas electromagnéticas y gravitaciones sino que también proveyera las bases para una nueva interpretación de los fenómenos cuánticos. Sobre relatividad él hablaba con cierto desapego, sobre la teoría cuántica, hablaba con pasión. El cuanto era su demonio. Aprendí sólo mucho más tarde que Einstein una vez había dicho a su amigo Otto Stern: "Yo he pensado cientos de veces más en los problemas cuáticos que en la teoría general de la relatividad". De mis propias experiencias, sólo puedo agregar que esa afirmación no me sorprende.

Hablamos de otros temas además de la física: de política, la bomba, el destino judío, y también de otros temas menos pesados. Un día le conté a Einstein una broma judía. Como la disfrutó, comencé a guardar las buenas bromas que encontraba para una próxima ocasión. A medida que contaba esas historias, su cara comenzó a cambiar. De pronto, se vió más joven, como un escolar travieso. Cuando el final de la broma llegaba, él se iba con una risa contenida, un recuerdo particular que aprecio.

Un desapego con el pasado es el privilegio de la juventud. En todos esos años que conocí a Einstein, yo nunca leí ninguno de sus "papers", basado en que como físico ya conocía lo que era importante en ellos y que no necesitaba conocer el resto. Ahora es obvio para mí que podría haber podido preguntarle muchas preguntas interesante si no hubiera sido bendecido con tanta ignorancia. Podría entonces haber aprendido algunos hechos interesante, pero a un precio. Mis discusiones con Einsteins nunca fueron entrevistas históricas. Se ocupaban de la física viva. Estoy agradecido de que hayan sido de esa forma.

No leí los "papers" de Einstein hasta que pasaron los años, y entonces mi interés en él como figura histórica creció. Aprendía a seguir su ciencia y su vida desde el fin hacia los principios. Grafualmente me dí cuenta de lo difícil que es estudiar la ciencia pasada olvidando temporariamente lo que sabemos que luego vendrá. El estudio de sus "papers", discusiones que mantuvo con otros que los conocían, acceso a los archivos Einsteins, recuerdos personales - todos estos ingredientes son los que me llevaron a este libro. Sin falta de respeto ni de gratitud, he encontrado el estudio de esos "papers" científicos más importantes que cualquier otra cosa.

Es muy bueno el libro de Pais, porque nos lleva por una biografía científica, exponiendo los pasos dados por Einstein, sus motivaciones, su influencia en los demás y cómo los temas de su época le interesaron. Hoy estudiamos su trabajo como "ya cocinado", listo y preparado en libros de texto. Pero es fascinante volver a recorrer el camino de la historia. Recomiendo a todos la lectura de los "papers" históricos, de Einstein y otros, para entender mejor cómo funciona la ciencia, y por qué es importante.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
http://www.ajlopez.com
http://twitter.com/ajlopez

Por ajlopez, en: Ciencia