Angel "Java" Lopez en Blog

Publicado el 23 de Febrero, 2013, 10:14

Quiero escribir sobre un recuerdo personal. Hoy caminé por un boulevard de la ciudad de Rosario, Santa Fé, Argentina, el boulevar Oroño. Y estuve viendo las palmeras que tiene. Hace como treinta y cinco años, yo estudiaba en la escuela secundaria (que sigue a la escuela primaria, acá en Argentina). Y en mi segundo año de escuela tenía una materia de Botánica.

Siempre me gustó leer, y para mí era una delicia empezar un nuevo año, con nuevos libros. Era como encontrarse con cosas nuevas. En mi casa no había lujos, pero mis padres siempre pudieron comprar libros nuevos al comienzo del año (la opción más barata hubiera sido comprar libros usados de otros estudiantes). Conservo vario de esos libros, pero no todos. Uno era el de botánica, para ese año. Era más detallado que lo que había leído, pero ya había tenido contacto con ese tema, en detalle, gracias a otro libro que me habían comprado mis padres. Era un libro de una serie española, que aún tengo en mi biblioteca. De esa misma serie tenía excelentes libros de matemáticas, zoología, astronomía (de Comas Solá, que merecería un post aparte). Lo que aprendía en mi infancia con esos libros realmente me marcó en la vida. No había biblioteca familiar, pero mis padres fueron comprando libros para mí, fomentando siempre mi interés por la lectura.

El libro de botánica no era el más ameno, pero era bastante detallado. Me introdujo en la clasificación de Linneo, y en las diferencias entre las ramas de esa clasificación. Mi casa (de la escuela primaria) tenía un fondo con plantas, flores, árboles, que yo iba tratando de estudiar y clasificar, a medida que aprendía. Me gustó mucho encontrar la disposición de las hojas, la forma de bifurcarse las ramas en distintos árboles, la estructura de una flora, y más. Así que cuando llegué a ese segundo año de escuela secundaria, el tema no me era ajeno.

Tenía un profesor asignado a esa materia, el profesor F. Sabía del tema, y daba bastantes detalles sobre botánica. Al principio del año, yo acostumbraba a leerme todos los libros nuevos, así que ya sabía cómo era el temario.

En una de las primeras semanas, una tarde, en el recreo, el profesor F. estaba parado, descansando, mirando al parque que tenía mi colegio. Había algunos árboles y unas palmeras, y había una en particular que tenía poca altura. No sé cómo me atreví, pero me acerqué y le dije: "Esa es una cicas revoluta". Justo en el libro español había un largo fragmento explicando la evolución (algo inusual) de esas palmeras. Nunca supe si yo estaba acertado o no (sospecho que no, la cicas es venenosa, pero la palmera que ví era muy parecida). Pero dió la casualidad que el profesor F. había escrito una tesis sobre ese tipo de palmera. Me hizo algunas preguntas, y se convenció que yo sabía del tema.

Cuando llegó el primer examen (creo recordar que había cuatro por año y materia) de botánica, el profesor F repartió los temas, y al final, se dirigió a mí delante de todos y dijo:

- Ud. no Lopez, no hace falta que haga el examen.

Y me llevó a sentarme a su escritorio, en frente de la clase. Lo que me pidió es que revisara algunas cuentas de interés compuesto, de unos pagos que tenía que  hacer. Y así pasé cada clase de examen: resolviendo algunas cuentas simples, y aprobé el año sin dar ningún examen :-)

Lo interés compuesto lo había aprendido ya hacía años, de los mismos libros españoles. El de matemáticas me había enseñado el binomio de Newton, y el límite de una expresión que daba el número e. Me fascinaban esos temas, y como saben, me siguen fascinando.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Ciencia