Angel "Java" Lopez en Blog

22 de Junio, 2013


Publicado el 22 de Junio, 2013, 15:10

Cada tanto vuelvo a leer a Ortega y Gasset. Ya lo mencioné en viejos posts:

Ortega y la claridad
San Agustín, el yo, el idealismo, según Ortega y Gasset
Ortega y Gasset y la ciencia
Ortega y Gasset y el surgimiento de la filosofía

En estos días me reencuentro con su libro "Una interpretación de la historia universal", donde comenta a Toynbee, pienso que como excusa para exponer más su propia postura. No quisiera olvidarme de un fragmento, lo transcribo y lo comparto justamente para eso, para no perderlo en la memoria:

... el acto de dedicar su vida a algo determinado es un privilegio de la condición jumana. La piedra, la planta, el animal cuando empiezan a ser son ya lo que pueden ser y, por lo tanto, lo que van a ser. El hombre, en cambio, cuando empieza a existir no trae prefijado o impuesto lo que va a ser, sino que, por el contrario, trae prefijada e impuesta la libertad para elegir lo que va a ser dentro de un amplio horizonte de posibilidades.

Ese "amplio horizonte" varía, y mucho, dependiendo de dónde haya nacido y crecido ese ser humano que tiene "impuesta la libertad".

Le es dado, pues, el poder elegir, pero no le es dado el poder no elegir. Quiera o no, está comprometido en cada momento a resolverse a hacer esto o aquello, a poner la vida en algo determinado. De donde resulta que esa libertad para elegir, que es su privilegio en el universo de los seres, tiene a la vez el carácter de condenación y trágico destino, pues al estar condenado a tener que elegir su propio ser está también condenado a hacerse responsable de ese su propio ser, responsable, por tanto, ante sí mismo, cosa que no acontece con la piedra, la planta ni el animal, que son lo que son incocentemente, con una envidiable irresponsabilidad.

Detecto coincidencias y diferencias con mi post El organismo humano: Ortega se juega más a que somos "tabula rasa". Yo veo que tenemos libertad, imaginación, voluntad, pero también tenemos toda la animalidad que nos viene de nuestra propia evolución. La principal coincidencia: nosotros somos los responsables, en gran medida (en una sociedad sana), de elegir qué hacer de nuestra vida.

Merced a esta condición resulta ser el hombre esa extraña criatura que va por el mundo llevando siempre dentro un reo y un juez, los cuales ambos son él mismo. De aquí que el acto más íntimo y a la vez más sustanciosamente solemne de nuetra vida es aquel por el cual nos dedicamos a algo, y no es mero azar que denominemos esa acción con ese vocablo "dedica", que es un término religioso de la lengua latina. La dicatio o dedicatio era el acto solemne en que la ciudad, representada por sus magistrados, declaraba destinar un edificio al culto de un dios; por tanto, a hacerle sagrado o consagrado. Y, en efecto, decimos indiferentemente de alguien que se dedicó o consagró su vida a tal o cual oficio y ocupación. Noten cómo ha bastado rozar este punto de la condición humana para que afluyan por sí mismos a nuestros labios y oídos los vocablos más religiosos: dedicación, consagración, destino. Noten al propio tiempo cómo esos vocablos han perdido en la lengua usual su resonancia patética, trascendente, y perpetúan, prolongan, ya trivializada, su existencia verbal. Esta coexistencia inmediata entre la trascendencia y la trivialidad va a sorprendernos una y otra vez al volver la esquina de todos los asuntos humanos.

Es interesante cómo Ortega navega con las palabras, y su imagen de "siempre dentro un reo y un juez". Pero ¿será que todos nosotros nos dedicamos a algo? ¿o será que muchos andan por ahí, sin "dedicar su vida", simplemente viviendo?

El texto de arriba lo encuentro en la primera lección del libro mencionado arriba.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Filosofía