Angel "Java" Lopez en Blog

11 de Junio, 2015


Publicado el 11 de Junio, 2015, 7:44

Desconozco el autor de la idea, no lo recuerdo. Nunca leí el cuento original, esto lo leí en una historia dibujada por Altuna, será ya hace dos décadas. En estos días, la pasé, como pude, en mis palabras:

Hacía frío al terminar la tarde. La lluvia caía, y hacía parecer todo más triste y desolado. El cuarto apenas era una buhardilla, lo que podían pagar.

Ella, trabajando de noche, de mesera. Y estudiando de día, cuando podía. El, trabajando de día, de cadete, y estudiando de noche. Ese día era su primer aniversario, desde que vivían juntos. El lugar era frío y húmedo, y era sólo eso, un cuarto, donde estaba el colchón, sus cosas, los libros, y alguna planta. El baño era compartido, no había cocina, sólo un calentador, que usaban para el desayuno, o para calentar una cena, siempre simple.

A él, le gustaba tocar la guitarra. Pero la que tenía, ya le faltaban cuerdas. Tenía que comprarlas, pero había otras prioridades. Ella, llegaba a su trabajo, en bicicleta. Por lo menos, eso era antes. Antes que se rompiera parte de la transmisión. El repuesto costaba bastante.

Pero en el final de esa tarde, nada importaba. Era el aniversario, y entre estudio y trabajo, tenían un tiempo de estar juntos.

Y se encontraron ahí, en la buhardilla, con sus regalos. Ella le había comprado un juego nuevo de cuerdas, el mejor que había conseguido. El, el repuesto de la bicicleta.

Desenvolvieron los regalos, y se quedaron quietos. Para comprar las cuerdas, ella había vendido lo que quedaba de su bicicleta vieja. Y él, había vendido su guitarra sin cuerdas. Se miraron, sin bicicleta, sin guitarra.
Y comprendieron, en ese momento, que no necesitaban ni de cuerdas, ni de guitarras, ni de cocina, ni de bicicleta, ni de nada. Estaban juntos. Apoyaron frente contra frente, y se sonrieron. Y el cuarto pareció más tibio en ese final de tarde.

Angel