Angel "Java" Lopez en Blog

26 de Abril, 2019


Publicado el 26 de Abril, 2019, 12:42

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Este fue el primer artículo que Einstein escribió para el diario La Prensa, en su visita a Argentina en 1925:

Pan-Europa, por Alberto Einstein
(especial para La Prensa)

Europa forma, no obstante sus disenciones políticas, desde la antigüedad, una unidad espiritual. El americano, sobre todo, a quien Europa se muestra en sus manifestaciones intelectuales y económicas, comprende que nuestro continente, a pesar de todos los individualismos y egoísmos nacionales, lleva una vida común e internacional, de modo que las complicaciones bélicas han de parecerle como algo insensato, como un suicidio. La historia del espíritu europeo muestra que las diferentes naciones del continente se han fecundado siempre mutuamente. Las grandes fuerzas espirituales que en los diferentes siglos influyen, en diversas formas, en la vida de la ciencia y del arte, no se preocupan de las fronteras políticas. La multiplicidad de las manifestaciones nacionales y de sus caracteres individuales culmina en cada época con la idea europea que se renueva constantemente.

Es por eso natural que desde hace siglos aquellos espíritus dirigentes de Europa que se percataron de la unión que existe entre la vida cultural de su país respectivo y la de los demás países del continente se hayan dado también cuenta de la insensatez de situaciones que amenazaron y destruyeron los más altos valores de esa parte del mundo y que fueron creados por un atavismo difícilmente comprensible para un no europeo. Que las grandes guerras europeas hayan sido causadas por egoísmos dinásticos o económicos, en todo caso tales guerras no afectaron la esencia de las naciones ni su valor, su misión espiritual verdadera, ni su peculiar individualidad dentro de la comunidad europea. Aunque independientes de una política pacifista especial, son por eso pacifistas casi todas las grandes personalidades de la historia intelectual de Europa; lo son por su naturaleza, por la lógica íntima de su labor; lo son porque tienen un concepto claro del espíritu
europeo y del deber que les incumben. Mas muchos de ellos no se contentaron con este pacifismo natural, sino que pasaron a la política práctica. Deseo recorder al abad francés de Saint Pierre, que hacia 1715 propuso que los estados europeos se unieran en una Liga de paz eterna. Kant, por su parte, formuló en el Segundo artículo de su obra sobre "La paz eterna", la siguiente proposición: "El derecho internacional debe tener por base el federalismo de los Estados Libres".

Considerada en su vida espiritual, Europa ofrece un cuadro muy distinto del que vemos cuando la contemplamos en la política de fuerza y de intereses de los diferentes estados. Precisamente en aquellos países en que la ambición sin responsabilidad de la dinastía o de algunas castas predominantes se desarrolla en la forma más potente, existía en la mayor parte de los casos un pronunciado contraste entre los que ejercían el poder y los hombres dirigentes de la vida científica y artística. Este contraste no se explica sólo por la diversidad de los intereses, sino que emana de aquella delicada raíz psicológica de la cual surgen las personalidades intelectuales que son "buenos europeos" (en el sentido de Goethe y de Nietzsche) y que se dan cuenta de la ridiculez de un patriotismo mezquino que desearía hacer cesar más allá de la frontera del Estado hasta la vida hiperpolítica.

En nuestra época, sobre todo, después de las terribles experiencias de la guerra mundial, la idea de la comunidad europea despertó a nueva vida, y probablemente con mayor intensidad en Alemania y en Francia, las dos naciones europeas que, acaso más que otras - y esto no obstante sus seculares diferencias políticas -, se han fecundado mutuamente en el terreno espiritual. Mas algo nuevo que permite cierto optimismo con respect al porvenir de Europa: es posible que la sicología y la mentalidad del "buen europeo" den origen a una nueva política. La Liga de las Naciones, por fragmentaria que sea hasta ahora por su forma y por la labor que tiene realizada, es la primera tentativa que en la historia de Europa se hace para poner en práctica la idea de la solidaridad europea. Pero la Liga no se ha librado aún de las antiguas relaciones de poder y agrupaciones de potencias de Europa. No podrá conjurar el peligro que una Europa dividida entraña para el mundo mientras no se le hayan incorporado Alemania y Rusia. No ha encontrado aún un método para unir el conjunto europeo por lo que es peculiar, y por eso no pudo colocar a Europa al nivel de los países no europeos. La idea de la Liga de las Naciones tuvo últimamente un complemento fecundo en el movimiento paneuropeo, creado por el conde Coudenbove-Kalergi. Dicho movimiento se inspira en la comunidad de los intereses y en la mentalidad del continente. Mas me parece que el programa y los métodos del joven fundador del movimiento son demasiado constructivos y simplifican con exceso. El fin que anhela el programa, da a menudo, cuando lo formulan políticos idealistas, como resueltos los problemas prácticos y teóricos. Una tarea de tantas dificultades como la de unión de Europa no se deja simplificar en una forma constructiva, sino que hay que aclarar y consolidar cada pormenor complicado.

Así y todo, la idea europea progresa. Ya no la manifiestan sólo pensadores idealistas, sino también hombres políticos, como por ejemplo, se puede ver por diferentes discursos del presidente del consejo francés. Esta idea tiene que dominar el porvenir de Europa, y lo dominará y prepará el camino para la Unión paneuropea, si el continente no quiere excavar su propia tumba.

A vosotros, los americanos, os parecerá extraño que hable siempre de Europa cuando se trata de un asunto que interesa al mundo entero. Más fácil es tender la mano sobre la base del derecho al compañero lejano; es difícil armonizar con el vecino que evoca el recuerdo de innumerables roces y conflictos que tuvieron por causa la vecindad. Acuerdos consolidadores entre los vecinos deben por eso preparar el régimen de la justiciar en el mundo entero.

Hay que agregar otra consideración. Sin la unión de Europa no habrá una Liga de las Naciones realmente universal. Pero la unidad política de Europa se obtendrá forzosamente cuando se hayan adherido a la Liga todas las naciones de América, las que no tropiezan con grandes dificultades para adherirse a la gran comunidad. El porvenir de la historia está, desde este punto de vista, en manos de América.

Era 1925. Luego de la "gran Guerra" se tenia la esperanza de llegar al fin a alguna paz u organización de los países. No había llegado la depression, y todavía no se caía en cuenta que la paz lograda en 1918 iba a ser solo un preludio a otro enfrentamiento "mundial". Siempre Einstein estuvo a favor de la paz, y en contra de la guerra. Y si bien lo de arriba es premonitorio, no deja de ser una esperanza en un tiempo donde las naciones europeas y algunas relacionadas no estaban todavía en camino hacia la paz. Un tema que Einstein no plantea, por ejemplo, es la cantidad de ocupaciones europeas en otros continentes, como Asia, a resolver solo luego de décadas y de otra guerra mundial.

Nos leemos!

Angel "Java" Lopez
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Por ajlopez, en: Ciencia